Con mayores categorías mentales no hay grieta

Mi mamá limpió casas desde los 13 hasta los 20 y mi papá se crió en un pueblo de 500 personas que se fundió. Fueron a escuela pública. Mi mamá no llegó a terminar el secundario y siempre nos inculcó que ser alguien era estudiando una carrera. Mi viejo emigró, trabajó y mi mamá nos crió y entre ambos construyeron nuestra primer casa en un barrio humilde pero honorable de zona sur. Los cimientos los hizo Don Isidoro un vecino y algunos amigos borrachos. La cocina la hicieron años más tarde así que al principio había que comer y dormir en el mismo lugar. Recuerdo vagamente ver pollos y gallinas. El bandoneón de mi abuelo sonar los domingos con gancia y martini en mano y jugar en la hamaca con mi hermana Nerina. Mi abuela retorciendo el cuello a escondidas a una gallina que compró en la calle. Mi viejo viniendo muy tarde y muy flaco. Puteando al colectivo que no venía, y diciendonos que si tardaba era porque en la estación lo mordía una vieja. Rezar porque arrancara el primer auto que compró. Mi viejo, como no podía pagar estudios superiores privados y la universidad pública le era imposible por la cantidad de horas que trabajaba, empezó a estudiar cursos que le pagaban en el laburo a fuerza de concursos que ganaba por mérito. Armó su propio emprendimiento y creció. En la dictadura desparecieron compañeros de trabajo y parientes. Pero de acuerdo a los brillantes análisis reduccionistas de este maravilloso país, gracias a las facultades cognitivas ganadas sobre todo en los últimos 20 años, ellos, mis viejos son oligarcas y pro militares por haber ido a una marcha pro democracia. Un valor que debería ser indiscutible. Si no cree en los paros se cagan en los derechos de los demás. 
Mi abuela en los 40 años de peronismo sigue viviendo en calle de tierra y sigue esperando el asfalto. Sigue pobre. Y seguramente morirá pobre. Dejó de matar gallinas y su barrio honorable de humilde pasó a ser inseguro. Cuando voy ahí siento que el tiempo nunca pasó. Los mismos sonidos, la misma gente estancada en el tiempo, los mismos deseos incumplidos, el tipo que pasa a vender torta frita en bicicleta se cruza con los pibes quemados por el paco.

A mi abuelo lo mataron a la salida de tocar en un show, y el bandoneón se perdió para siempre.

Cuando miro para atrás siempre caigo en lo mismo.

Lo que más deseo para este país es gente con capacidad de análisis. Con categorías mentales que le posibiliten analizar discursos. Que no tenga en su cabeza 2 variables 2 cuadrantes y ahí meta a la gente clasificando de acuerdo a lo que le enseñaron en la escuela pública o privada. Que no clasifique todo en etiquetas cómodas que sirven a unos pocos. Que votar a uno no es estar en contra de los pobres. Y que votar al que dice que le importan los pobres puede ser una trampa de la que no salimos hace… unos cuantos años.

Deseo escuela pública pluralista para todos con docentes capacitados y no solo en contenidos duros. En capacidades emocionales, en habilidades sociales, en maniobras de grupo anti bullying, en el modelo Kyva, capacitados en regulación emocional, en disciplina positiva. Tanto o más útiles en la vida que matemática. Y planificadores de contenidos acordes. Sabes qué? No va a pasar el año que viene y las paritarias necesarias para todos (los que no tenemos gremio también) no alcanzan.

Deseo que mis amigos no tengan miedo de opinar en una mesa o en facebook por la virulencia que hay. Deseo subsidios a la gente que realmente lo necesita. Yo misma los he reclamado. Deseo dirigentes que sirvan para lo que hacen. (Sufrí enormemente a misóginos trabajando en género y eso en ambos supuestos “lados”)

Y deseo gente que deje de creer en lados o veredas. Un discurso tan útilmente pobre. Que no haya grupos que se atribuyan el patrimonio de la integridad, la bondad, el altruísmo y el honor.

Gracias Luis mi profe de economía de la UBA que me enseñó mucho de lo que 15 años después vería pasar punto por punto, en una universidad pública que me enorgullece con cátedras pluralistas y donde todos pensamos distinto y eso lejos de llevar al odio o violencia, enriquece.

CG

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