¿Macri es soberbio o convencido? Vale escuchar.
Para José de San Martín “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de Poder”. La soberbia u orgullo es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Otros sinónimos son: altivez, altanería, arrogancia, vanidad. Para Nicolás Maquiavelo “La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad”.
Rastreando en Wikipedia, la soberbia es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros. Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado e infravalorar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás.
Soberbia y orgullo son propiamente sinónimos aun cuando coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las diferencian. El principal matiz que las distingue está en que el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona soberbia jamás se rebajaría a pedir perdón o ayuda. Existen muchos tipos de soberbia, como la vanagloria o cenodoxia, la cenodoxia engendra además otros pecados, como la filargiria o amor al dinero (codicia) y la filargía o amor al poder.
Convencer es “incitar, mover con razones a alguien a hacer algo o a mudar de dictamen o de comportamiento”. En los discursos de Marcos Peña y de Macri es recurrente el término “convencidos”, lo que nos quieren transmitir son sus creencias, buscan afirmar su creencia, toda la parte de su discurso a la que antenceden con “nosotros estamos convencidos” habría que salteársela hasta que lleguen a una parte de uso de razón. Si gobiernan con creencias, estamos fritos. Cuando la prensa le pregunta a Marcos Peña, no es capaz de explicar con fundamentos económicos por qué no estamos ante un fracaso, nos responde que están convencidos de lo que están haciendo sin explicar qué modelo económico sigue, si es industrial, extractivista, proteccionista, concentrador, distribuidor, librecambista, financiero-especulador, derramista, endeudador serial, postergador, promercado, proconsumo o ajustador. Simplemente afirma que no estamos ante un fracaso económico. Sus palabras no alcanzan, se encuentra ante una realidad tan inabordable que solo afirma que no hay un fracaso sin explicar por qué.
Que difícil situación estar ante un círculo rojo de aduladores sin escuchar las opiniones de dirigentes de Unidad Ciudadana, del Frente Renovador o del Partido Justicialista. La ciudadanía a tres años de gestión le exige que no eche culpas hacia atrás, y si lo hace, debería exponer un racontto de causa-consecuencia. Por ejemplo, explique por qué no estaba bien el cepo al dólar y qué consecuencias trajo, explique qué medidas inflacionarias realizó el gobierno anterior, explique las consecuencias de los subsidios a la energía y al transporte. La consecuencia no es una desinversión por parte de las empresas, la decisión de inversión de la empresa es independiente si la rentabilidad proviene del bolsillo del consumidor o de un subsidio del Estado. Es una vergüenza que no reconozca que la exploración de fuentes no convencionales de energía es producto de una decisión soberana del gobierno anterior. El discurso del gobierno en su simpleza, oculta fundamentos racionales, “no estamos ante un fracaso económico porque estamos convencidos (…) nos preocupamos y nos ocupamos”.
La soberbia de Cambiemos se demuestra cada vez que echan culpas vagas, indeterminables y poco concretas económicamente con la sola palabra “cuadernos”. La soberbia de Cambiemos está en no tomar instrumentos necesarios de política económica porque los postularon otros, la soberbia de Cambiemos es no haber hecho partícipe al radicalismo en puestos estratégicos.
Se necesita mayor humildad en la adversidad, como dice Maquiavelo. Sea humilde presidente, escuche, no sea un convencido, porque eso implica no querer escuchar a otros. La filargía o amor al poder es el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. No nos intente convencer descalificando al adversario porque no puede explicar sus aciertos, es poco preciso en fundamentos económicos. En el 2015 se propuso metas muy soberbias, poco acordes a la realidad: “la inflación no va a ser un tema en mi gobierno”, “voy a sacar el impuesto a las ganancias”, “pobreza cero”. Un discurso realista hubiese sido reconocer que en 2015 partieron de un 15 % de inflación, con emisión monetaria pero sin endeudamiento externo y la llevaron a un 40 % con endeudamiento externo, menor consumo interno, recesión y especulación financiera.
Quisieron hacer todos los cambios en poco tiempo y a la vez. Empezaron beneficiando a los sectores más concentrados de la economía y quitaron la obligación de liquidar, es como si hubiese dado un chocolate grande al hermano mayor de una familia esperando que lo reparta entre todos sus hermanos. El hermano mayor se comió la mitad del chocolate y repartió la otra mitad entre tres, eso fue lo que metafóricamente implicó la devaluación del 2015, la quita del cepo y la baja de las retenciones.
La oposición acompañó la decisión de pagarles a los fondos buitre y endeudarse, lo acompañó en esa primera decisión de gobierno pero su equipo económico se envició con la plata prestada recurriendo al Fondo Monetario Internacional. Es contradictorio querer reducir el déficit fiscal pidiendo plata prestada y bajando impuestos a sectores concentrados de la economía, porque en vez de entrar más divisas entraron menos.
En este año de gobierno que le queda ya anunció que el crecimiento va a ser cero, que va a haber más pobreza, más inflación y más plata prestada. Reconozca que se equivocó presidente, la lección de nuestros dirigentes debería ser reconocer objetivamente alguna medida del plan económico anterior, reconocer y dejar alguna al menos. Será tarea de los intelectuales echar luz sobre los intereses concretos que se benefician con cada medida económica de cada gobierno.
