Cara Delevingne: La princesa rebelde

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La rubia alza su iphone, se pone bizca con la lengua afuera y la cámara hace click. No parece importarle, pero todavía tiene la boca llena de panceta, su comida favorita, tanto es ese fanatismo que lleva la palabra en su inglés natal, bacon, tatuada en el pie.

El resto de los presentes se miran entre sí, un poco risueños y otro poco acostumbrados. Es que la joven de 23 años lleva una vida dándoles que hablar: Rebelde desde la cuna, esta joven flaquísima y de cejas pobladas no quiso seguir los pasos de su mamá, la personal shopper Pandora Anne Stevens y mejor amiga de la Duquesa de York o su abuela, la dama de compañía de la Princesa Margarita, habituadas a la pretenciosa elite aristocrática londinense, sino que decidió abandonar sus estudios y comenzar a trabajar a los 15 años.

Con su característica mirada felina y ojos azules, Cara Delevingne inició su carrera en el modelaje por la puerta grande: La madre de una compañera suya la vio a la salida del exclusivo y bohemio colegio Bedales y le ofreció unirse a Storm Model Management, la misma agencia que trabaja con Kate Moss o Carla Bruni.

Dueña de una belleza natural y 1,78 metros de altura, Cara se convirtió en un ícono de culto entre las generaciones más jóvenes. La instantánea recién capturada será vista por sus más de 20 millones de seguidores en Instagram y en cuestión de segundos, se reproducirá por todos los portales de Internet.

La muchacha de postura desgarbada y look masculino saltó a la fama recién en 2011, después de que el fotógrafo Mario Testino la retratara en una campaña de indumentaria para Burberry y convirtiéndose el rostro de preferencia de la marca inglesa hasta agosto de este año, cuándo decidió retirarse de las tablas por problemas de imagen y un estrés que le provocó psoriasis.

“Estaba en el límite constantemente. Te odias a ti misma: tu cuerpo y la forma en que te ves. Sólo se vuelve peor. Desfilar no me permitía crecer en absoluto como ser humano” declaró al anunciar el lanzamiento de su carrera como actriz al diario británico The Times.

A pesar de encontrarse entre las mejores 10 modelos del mundo, ser nombrada “Rostro estrella” por la revista Vogue y haber participado de las pasarelas más importantes del mundo fashion, como Givenchy, Moschino, Oscar de la Renta o Victoria’s Secret, “Monstruo”, como suelen llamarla en su entorno más íntimo por sus comportamientos alocados, no pierde ocasión para remarcar que la música y la actuación son sus verdaderas dos pasiones: Delevigne canta, compone y toca instrumentos desde que era una niña. Comenzó a tomar lecciones de batería a los 10 años, para manejar sus niveles de energía arrolladora acompañados de picos de depresión y ansiedad: “Suelo escribir cuando me siento triste o enojada, no es algo que haga cuando me siento bien”, le confesó al periódico estadounidense Wall Street Journal al poco tiempo de haberse subido a las pasarelas de Chanel para cantar con el artista Pharrell Williams.

Los dos jóvenes ya habían trabajado bajo las órdenes del creativo de la marca, Karl Lagerfeld, en un corto el año pasado. Es que desde 2012, después de participar en un cameo en la película Anna Karenina, la celebridad no paró de intentar ganarse su lugar en la industria del cine hollywoodense. Deseo que parece haberse cumplido este año, al filmar sus primeros dos protagónicos: la adaptación cinematográfica del best-seller de John Green, “Ciudades de Papel” y el largometraje de los antihéroes de DC Comics “Escuadrón Suicida”.

La súper modelo y amiga de esta fanática del beatbox y los videojuegos, Karlie Kloss parece resumir perfectamente el secreto de la “caramanía” desatada alrededor del globo: “Puede hacer que todos la amen porque se mantiene auténtica bajo la mirada pública, eso es algo difícil de lograr”.

Mientras tanto, la novia de la cantante indie St. Vincent vive del momento más pleno de su trayectoria disfrutando de esa forma tan irreverente a los que nos tiene acostumbrados.