Mi primera vez

Carla Tugues

Esta es mi primera vez escribiendo como invitada en la ventana de información de alguien más. Es un honor.

Me da algo de miedo y eso, es precisamente lo que me motiva hacerlo.

Antes dejaba de hacer las cosas por miedo, ahora las hago porque me dan miedo. Así, he cambiado mi vida de manera radical.

Los últimos meses han estado llenos de primeras veces.

Antes, era una mujer presa del miedo:

  • Del miedo a no ser la persona valiosa que creía que debía ser.
  • Del miedo a ser demasiado particular.
  • Del miedo a fallar.
  • Del miedo a quedarme sola.
  • Del miedo a depender siempre de los demás.

El miedo es una reacción natural a un peligro, real o imaginado.

Para nuestros antepasados, sentir miedo era una cuestión de vida o muerte. Para nosotros, no tanto.

Ante el miedo, hay dos respuestas, paralizarse o huir. Cualquiera de los dos casos, es contraproducente ante la mayoría de los “peligros” a los que nos enfrentamos en nuestros tiempos.

Hoy, paralizarse implica quedarse atrás, cuando tenemos todas las posibilidades para avanzar. Y huir, significa llevarte los problemas a otro lugar.

¿Cómo el miedo me mantenía estancada en una vida que me alejaba de mi felicidad?

Nunca he sido de las personas que le tienen miedo a empezar. De hecho, era especialista en empezar muchas cosas.

Soy de las que le tienen miedo a continuar. La lista de cosas que tengo sin completar, es mucho más larga que la lista de las que he completado.

Al menos es mejor intentarlo que no hacer nada. No soy perfecta (ni quiero serlo). Hoy, sé que esa es mi mayor debilidad, no tener suficiente paciencia para continuar.

Cuando decidí hacer un cambio radical de rumbo profesional, sentí mucho miedo. A ratos, aun hoy lo siento.

Soy diseñadora y siempre me gustó serlo, me casé con una imagen de la profesional perfecta que debía ser y luchaba para abrirme paso trabajando por mi cuenta. Estaba frustrada porque no conseguía mi nicho, eso que me apasionara lo suficiente como para disfrutar de mi trabajo.

Odiaba sentarme a trabajar, pero amaba diseñar. Es complicado de explicar, pero después de mucho buscar, conseguí la respuesta:

Odio trabajar para los sueños de los demás.

Ese fue el punto de partida. En un principio lo confundí con “odio diseñar”, pero pronto me di cuenta de que me encantaba diseñar para mi y, precisé milimétricamente la raíz de mi problema, usar mi creatividad para darle forma a las ideas de otras personas mientras desconocía las mías.

Empecé a enfrentar mis miedos

Siempre me gustó escribir, para mi.

Cuando decidí escribir y auto publicar mi primer libro, El Precio de Ser Perfecto: una guía para ser extraordinario sin pagar con tu felicidad, sentí mucho miedo.

Imagina todas las cosas que pasaron por mi mente (algunas pasan de vez en cuando). ¿Seré suficientemente buena?, ¿podré lograrlo?, ¿mis palabras le gustarán a las personas?, ¿me entenderán?, ¿tendré paciencia suficiente?, ¿fallaré (de nuevo)? y un largo etcétera que ahora no recuerdo.

Pero como ahora mis miedos me motivan a hacer las cosas, me comprometí en no parar hasta lograrlo.

Así:

  • Escribí un libro que valía la pena ser publicado (no fue el primero que escribí, fue el tercero).
  • Hice toda mi página web, la conecté con todo lo necesario y estoy orgullosa del resultado (aprendo con regularidad para mejorarla).
  • Invertí cientos de horas en aprender (lo sigo haciendo), para hacer el mejor trabajo posible.
  • Publiqué el libro (a tiempo).
  • Hice la campaña de lanzamiento: estuvo gratis cinco días desde el 25 de diciembre porque fue mi regalo de navidad.
  • Terminó en las manos de 225 personas (en esos primeros cinco días), que sé que lo disfrutarán.
  • Trabajo cada día para que su valor, llegue a todos los que pueda alcanzar.
  • Me enamoré con locura y pasión de lo que decidí hacer y, conseguí mi misión:

Dar y dar más, para que juntos evolucionemos y le dejemos una herencia compasiva y visionaria a las próximas generaciones.

Enfrentar un solo miedo, por grande que parecía, me llevó a descubrir que soy capaz de hacer muchas más cosas de las que creía.

Eso reafirmó mi nueva manera de vivir.

Si algo me da miedo, es la señal para hacerlo.

Y lo hago.

Aunque todo no sean flores y colores, solo poder hacerlo me demuestra mi potencial. Es mejor fallar mil veces, que no intentarlo nunca.

La cereza del helado

Lo mejor de vivir cada día poniéndole el pecho a cualquier miedo, es que he llenado mi vida de primeras veces. Y la he hecho apasionante.

Una vida que merece ser vivida. No como hacía antes que prefería mi seguridad sobre mi felicidad.

Todos los días son el mejor día de mi vida y no dejo de sorprenderme.

Y de agradecerlo.

Nuestros miedos son el camino de migas que nos pueden llevar hacia una vida extraordinaria.

Si quieres saber más sobre mi, visita mi blog.

Con amor siempre, Carla.

Carla Tugues

Written by

Writer | Designer | Eco-artist | Brain lover | Sushi hater | Life is the most precious gift. Why do we wait for our deaths if we can enjoy every second we have?

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