¿Dónde quedó la racionalidad detrás de las opiniones?

Hablemos de la racionalidad. Hoy en día parece una moda que la gente opine acerca de todo lo que acontece en el mundo, no está mal, sin embargo esta moda no siempre viene acompañada de una postura mínimamente racional. ¿Por qué deberíamos preocuparnos por saber si nuestras opiniones son racionales? En términos epistemológicos, hay ciertas propiedades que deseamos que tengan nuestras opiniones: queremos que sean verdaderas y que sean racionales porque las opiniones falsas e irracionales son sinónimo de ignorancia, y a nadie le gusta que le digan ignorante. Por lo tanto, el tipo de racionalidad que nos interesa es la epistémica, es decir, aquella racionalidad que está proyectada hacia las creencias verdaderas.

Detrás de nuestras opiniones hay creencias. Damos forma a nuestras opiniones gracias a que en nuestro background knowledge tenemos creencias que son correctas. Pero también hay creencias que son equivocadas. La razón por la cual queremos que nuestras creencias sean verdaderas y racionales, es porque ellas, aparte de tener el valor instrumental, nos permiten encontrar mejores procedimientos para hacer opiniones, sobretodo en aquellos casos no triviales donde la opinión tiene consecuencias importantes. A continuación, algunos patrones de inferencia que debemos dejar de usar para ser mínimamente racional.

La inferencia milagrosa

Llamaré inferencia milagrosa al razonamiento hipotético que le atribuye una causa mágica o sobrenatural a una determinada situación, y que al tratar de justificarla utiliza como criterio el hecho de que mucha gente crea en esa causa. En nuestra cultura moderna sobreviven muchos patrones inferenciales de este tipo, pensemos por ejemplo en los mitos relacionados con la mala fortuna. Se dice que pasar por debajo de una escalera, que romper un espejo, que tirar la sal sobre la mesa, o que se te atraviese un gato negro es de mala suerte. De hecho, los epistemólogos aseguran las creencias supersticiosas son irracionales. Incluso, si las anteriores situaciones fueran verdaderas (i.e., Gato negro → Mala suerte), la justificación de la inferencia sería irracional dado que no habría una razón para sostener dicha creencia, a menos que existiera una especie de mecanismo o principio físico en la naturaleza, una causam felis catus maleficus.

Algunos ejemplos modernos:

“el universo conspira para que algo suceda”
“si haces algo bueno o malo la ley del karma te lo regresará”
“el poder del decreto mental ayuda a la superación personal”

Opinión sin justificación no es racional

Las creencias se justifican sobre la base de la información que tenemos en nuestro background knowledge, es decir, justificamos nuestras creencias con otras creencias. Aunque hay excepciones a la norma, usualmente una persona adquiere una creencia racionalmente cuando la adquisición está basada o es guiada por un procedimiento cuidadoso que sirve para obtener información confiable que justifica la creencia. Sin embargo hay muchas opiniones que son producto de inferencias que carecen de justificación racional. Con frecuencia la gente llega a conclusiones que no están justificadas correctamente por la información que tienen.

Ejemplo:

“el universo no tiene limites, los limites te los creas tú mismo”

La mala analogía

Usualmente utilizamos el razonamiento analógico para formular nuestras opiniones. Buena parte del éxito de nuestro aprendizaje, y de las normas que dirigen nuestras conductas en la vida cotidiana, fue elaborado mediante patrones de inferencia analógica. La comparación entre dos objetos o situaciones nos permite saber qué cualidades similares poseen, y a partir de ellas inferir una posible similitud en sus consecuencias. Por ejemplo, cuando de niños aprendimos que la estructura atómica de las moléculas era similar a la estructura del Sistema Solar. Sin embargo, la analogía no siempre tiene éxito cuando sometemos nuestras creencias a escrutinio más minucioso (i.e., en un principio algunos científicos creyeron que las órbitas de los electrones podrían ser elípticas como las órbitas de los planetas, pero ahora sabemos que la estructura molecular es diferente al sistema solar). Una de las razones por la cual nuestras creencias basadas en la inferencia analógica no puede ser consideradas como determinantes verdades es porque la analogía rara vez es probable, o simplemente porque los criterios de comparación no son buenos criterios.
Ejemplo:
“Donald Trump es igual que Hitler”

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