Coincido en que la pena de carcel es excesiva.
No coincido en nada más. Veamos cada punto.
En el primero, me parece casi más grave, socialmente hablando, las circunstancias dentro del teatro en que se dio la famosa pancartita de lo que creía. Si hubiera sido que unos titiriteros locos lanzaban vivas a ETA, malo sería, pero los niños estarían mucho más a salvo por vivir en una sociedad que condena muy gravemente esas actitudes. Pero tal como dices que es, me parece mucho más infame, porque enseña una actitud enfermiza hacia la autoridad de la policía que muchos niños no ven negada en su casa; una actitud con gran acogida en ciertos sectores que según las estadísticas alcanzan nada menos que al 20% de la población; una actitud inadmisible.
En el segundo, este espectáculo fue contratado por el ayuntamiento, por tanto, con el dinero de todos, policías incluidos. Hace ya un año, más o menos, los sindicatos expulsaron a Juan Ramón Rallo de la Televisión Pública, pagada con el dinero de todos. Ahora, entre todos pagamos algo que insulta la forma de ver el mundo de muchos (no diré mayoría porque no creo que lo sea, pero está cerca) y eso no está bien se mire por donde se mire.
La ofensa no está tanto en lo que expresan, sino en que lo expresen con dinero público cuando explícitamente impidieron que con ese mismo dinero (que entonces era de todos y tal) que otra parte distinta de la población se expresara, dicho sea de paso, con mucho mejor gusto y profundidad.