A propósito de: “Uber, el Capitalismo y los asalariados”

Juan Grompone ha puesto el dedo en la llaga. Hace tiempo que lo escucho en “La Mesa” de “En Perspectiva”, compartiendo sus opiniones, y sobre todo el método de análisis. Ahora nos sorprende con una aproximación al fenómeno “Uber” que lleva a otro nivel el debate que se ha desatado en la sociedad uruguaya a raíz del desembarco de la aplicación.

Con tan suculenta provocación, no puedo evitar desde mi perspectiva de economista y cubano nacionalizado uruguayo, la tentación de aportar mis dos centavos.

Como los seres humanos funcionamos sobre la base de paradigmas, pienso que es importante definir uno que de cierta forma está en las entrañas de este debate y que conviene dejar en claro.

El Socialismo Real no fue un modo de producción post capitalista

El derrumbe del sistema de Europa del Este, la evolución de China hacia la economía de mercado y el fenómeno cubano parecieran evidencia empírica suficiente para fundamentar esta expresión.

¿Por qué sucedió esto?

Al considerar (como nos recuerda Grompone) a la propiedad privada como el elemento distintivo del Capitalismo, el Socialismo Real la elimina, instaurando como única la propiedad estatal, de esta forma:

  1. Convierte de golpe y porrazo a toda la sociedad en asalariada, y por tanto, la enajena de los medios de producción. El Socialismo, que debía convertirlos a todos en dueños los convirtió en empleados.
  2. Descarta la iniciativa privada, la competencia y con ellas una mejor asignación de recursos que en los modos de producción precedentes (esclavismo o feudalismo). En lugar de haber cientos de miles de propietarios (decisores), los medios de producción (supuestamente sociales) están controlados por quienes detentan el poder a través del Estado, que terminan siendo una casta minoritaria conformada por razones ideológicas.

Las sociedades en las que se instauró el Socialismo Real se convirtieron en “Ideocracias”, en las que una casta de “sacerdotes ideológicos” (jerarcas de los partidos en el poder) rigen los destinos de un pueblo (la “masa”) totalmente enajenado de los medios de producción y en una condición de “minoría de edad” que lo hace dependiente del Estado; una suerte de mezcla entre el Egipto de los faraones (teocracias a las que Marx denominó “Modo de Producción Asiático”) y un Capitalismo de Estado.

El experimento fue repetido en las más diversas latitudes y culturas, pero el resultado fue siempre el mismo, lo que parece indicar que como modo de producción, el Socialismo Real (por más buenas intenciones que tuviera) constituyó un retroceso artificial con respecto al Capitalismo y que la sociedad post capitalista será una sociedad de sujetos económicos activos, “mayores de edad” y no de hombres-masa dependientes, “menores de edad”.

Hacia una sociedad post capitalista

El propio Marx establece que el modo de producción post capitalista sería aquel en el que el individuo trabajador ostentara la propiedad sobre los medios de producción: el non plus ultra del sujeto económico.

Analizando los distintos modos de producción a partir de la disolución de la Comunidad Primitiva, se puede encontrar un patrón evolutivo.

Por un lado, la clase trabajadora va incrementando su grado de independencia como sujeto económico. Así se pasa del esclavo, al siervo de la gleba y finalmente al obrero asalariado en el Capitalismo.

La tendencia va, de ser considerado literalmente un objeto, a un sujeto con plenas facultades y derechos. Esta tendencia nos lleva a pensar que en cualquiera que fuera el modo de producción que suceda al capitalismo, la que ha sido hasta el momento “clase trabajadora” continurá empoderándose hasta alcanzar finalmente el control sobre los medios con los cuales produce y terminar el camino de unificación de clases. Por esto lleva tanta razón Grompone cuando afirma que mientras exista trabajo asalariado existirán relaciones de producción capitalistas.

Después del fracaso del Socialismo Real, y con la tibia presencia de los proyectos de cooperativas, parecía que Marx se había equivocado en sus análisis. Aparentemente la socialización de los medios de producción era anti natura.

No obstante, en los últimos años, con la aparición de nuevas tecnologías y plataformas que permiten poner en contacto a clientes y proveedores surge la llamada sharing economy o economía colaborativa con implicaciones extraordinarias. El Capitalismo, que como modo de producción trajo a la humanidad el mayor crecimiento material jamás conocido, está abriendo paso a nuevas relaciones de producción no capitalistas y por tanto no condicionadas al trabajo asalariado.

Dos características que se avizoran de este nuevo modo de producción, al que pudiera llamarse “Colaborativismo” son:

  • Desde el punto de vista de los recursos, la “activación” de casi todo: Casi cualquier objeto que se posea se convierte en un medio de producción. Hoy, a través de Uber, cada auto (que hasta el momento era un costo familiar) se convierte en un medio de producción, con Air bnb cada casa se vuelve un hotel (medio de producción también) y como esos, múltiples ejemplos que siguen surgiendo cada día inundan el panorama empresarial.
  • Desde el punto de vista de las personas la crisis del trabajo asalariado: que traerá inevitablemente la reducción de la conflictividad laboral. Convengamos que en un modo de producción en el que una parte de la sociedad (los trabajadores asalariados) considera que está siendo explotada por otra parte (los empleadores) las razones para el conflicto disfuncional son muchas. Estos conflictos terminan paralizando el funcionamiento social y de ellos se sale con grandes pérdidas para las partes en antagónicas, para terceros y no siempre con las mejores soluciones pues las contrapartes se miran con recelo. El “Colaborativismo” termina siendo en este sentido, también más eficiente.

Por supuesto que esta nueva economía implica varios retos:

  • Para los individuos que antes fueron empleados y se convierten en “colaboradores”, pues con sus propios medios de producción (ya sean tangibles o intangibles) ahora se enfrentan al mercado (que sigue y seguirá existiendo) y por tanto asumen retos y riesgos que no asumían mientras eran trabajadores “dependientes”.
  • Para los empresarios empleadores, que tendrán que adaptarse ante una competencia creciente que echa por tierra las barreras de entrada de varios mercados (tal es el ejemplo de la situación generada por la llegada de Uber a Uruguay).
  • Para las autoridades, que tendrán que lidiar con el enojo de los que se verán afectados por el cambio del status quo, el reajuste de la reducción de oferta de empleo (que deberá ser sustituida con otras formas de ingreso), la adaptación del entorno regulatorio, entre otros otros factores.

Es importante aclarar que la aparición del “Colaborativismo” no implica (como románticamente se aclamaba con el Socialismo Real) el fin del Capitalismo, ni que se haya llegado al pináculo del desarrollo humano y este sea un sistema perfecto. Tal como hoy subsisten la Comunidad Primitiva, el Esclavismo y el Feudalismo como modos de producción, el Capitalismo, que aún es muy joven, seguirá siendo por algún tiempo el modo de producción preponderante, pero dentro de él ya estará creciendo por resultado natural una forma superior de producir.

En el plano teórico, se marca el fin de un debate: durante siglo y medio el Marx de la lucha de clases (pasional y revolucionario) se disputó el futuro con el Marx economista (analítico y evolutivo). Hoy, en el siglo XXI, queda claro que el mejor Marx ha vencido y por paliza.

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