Burbuja

Nunca ví nada de malo en llorar, puedo decir que lo hecho muchas veces, en diferentes momentos de mi vida, cada uno con gran significado. Pero hay algo que caracteriza casi todas aquellas lágrimas que derrame en lo largo de mis veintiocho años, es que lo he hecho a solas, por lo general, llorando para mí, por mi, por otros, para adentro. Al fin y al cabo cumplia su cometido, liberar aquella gran tristeza o felicidad desmedida.

No me gusta que me vean llorar, a pesar que aveces me gusta llamar la atención, pero cuando lloro, la historia es distinta. Una especie de vergüenza y pudor a la vez se mezclan con mis lagrimas que no permiten ser vistas, ahogan mi llanto si hay alguien alredor, no deja que sean nadie más que yo las seque. Entro en un mundo distinto, donde solo existo yo, yo soy mi consuelo, yo tengo mis respuesta — a las que no hago caso — yo me doy animos o me termino por hundir. Una barrera inquebrantable aparece, nada sale, nada entra, el huracan nace y muere allí.

Y aveces puedo llorar por la escritura, como ahora.