EREscándalo

Carlos Santana

A la maltrecha cúpula socialista se le ha abierto un nuevo frente. Días atrás los dirigentes del PSOE se metieron ellos solos en un problema del que aún no han salido y que va a dar mucho que hablar: la destitución a dedazo de Tomás Gómez, al más puro estilo Moreno Bonilla. Pero seguramente sin esperarlo, por la retaguardia ha vuelto a resurgir el volcán más grande. El EREscándalo ha regresado y la dirección socialista no se aclara. Sí, no, sí, no… bueno sí… o mejor no. Como los novios cuando quieren colgar, igual de indecisos se hayan, sin atreverse a que los ya imputados abandonen su escaño. A pesar de que han sido llamados a declarar como imputados, Pedro Sánchez esperará a que sean imputados. ¿Se enteran? Yo tampoco.

Parece que el mayor escándalo de corrupción de nuestra historia no es suficiente para que los responsables abandonen cualquier cargo público y el partido al que pertenecen. Desde luego, en el país de las tarjetas Black, los Gürtel y Bárcenas, hacerle una campaña mediática a un pobre profesor universitario que ganó 425.000 euros de la dictadura venezolana y no los declaró a Hacienda no es del todo justo. Pero que se guarde silencio ante los 855 millones que la Junta de Andalucía tan felizmente repartió a familiares y amigos tampoco es del todo justo. Millones que se sabe de dónde salieron, cómo y con qué motivos fueron sacados de las arcas públicas, pero no a dónde fueron a parar.

Son cómplices además de todo esto aquellos que rehuyen de dar explicaciones sobre el escándalo y que esquivan la posibilidad de echar del partido que dirigen a los que comandaron el EREscándalo, gracias al cual se guardaron en sus bolsillos 855 millones de euros públicos. Tan solo 855 millones. Y es imposible pensar que los presidentes y consejeros del gobierno desde el cual se dirigía la operación sigan aún resguardados en su aforamiento y escondidos en su escaño. No cabe en ninguna cabeza humana. Pero para Sánchez aún no es el momento. Hay que esperar más y creer en la presunción de inocencia. Sin embargo, pedimos la expulsión de los del partido contrario, porque somos así de incongruentes.

Probablemente Susana Díaz no contara cuando adelantó los comicios con que sus antecesores iban a ser imputados durante la campaña electoral. Aunque poco importa. Por un lado, porque la aspirante a presidenta de la Junta de Andalucía y presidenta del Gobierno ha conseguido algo fantástico: desvincular al gobierno andaluz con los ERE estando ella en el gobierno. Prometió que acabaría con la corrupción y que devolvería todo lo defraudado. Ha creado un PSA nuevo, desligado de aquel partido de Griñán y Chávez. Aunque para nada es un partido nuevo. Es el mismo. Y en su seno acoge a los impostores. Tendría que plantearse si el socialismo andaluz le ha dado más de lo que le ha quitado a la comunidad con más paro de Europa, en la única donde no hay crecimiento y donde los millones vuelan.

Pero sobre todo no afectará a la campaña porque en frente no existe oposición. Nadie ha sido capaz de abrir la boca y decirles ¡ladrones! a todos los que se repartieron el dinero público. Nadie quiere hablar y denunciar el desgobierno existente en Andalucía. Y es que estando Moreno Bonilla al frente, ya se pueden llevar la Giralda que no nos enteraremos.

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