Calopsia


Se preparaban para la cena a la que habían sido invitados. Se trataba de la fiesta de aniversario de unos grandes amigos suyos; no podían ir de cualquier manera. El evento les dejaba contentos, excitados, nerviosos. Las mejores, más elegantes prendas que tenían yacían dispersas sobre la cama de matrimonio. Él no tenía claro qué vestir, pero el tema no le preocupaba demasiado; ella sabía perfectamente lo que vestir, pero le preocupaba que quedase fuera de contexto.

Después de un tiempo, terminaron de arreglarse y juntos bajaron al garaje para coger el coche, aquel Mazda que siempre había sido el coche de sus sueños. Ya era bien de noche cuando salieron de casa.

—¡Es increíble que ya estén juntos hace tanto tiempo! Todo pasa volando, ¿no te parece? — dijo ella.

—Cuando somos felices y todo nos sale bien, el tiempo parece ir más rápido de lo que nos gustaría.

Silencio y sonrisas.

—¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? No hace tanto tiempo, ¿verdad? — ella.

—Claro que me acuerdo. ¿Cómo olvidarme? Aquel pub se convirtió en uno de mis preferidos; tan bien decorado, tan buen servicio, la bebida… Y lo mejor eran las personas que lo frecuentaban, ¿no? Mujeres guapas, simpáticas, inteligentes…

Sonrisas y besos.

—Todavía hoy, de lo que más me acuerdo fue de la manera que tuviste de acercarte a mí, caminando tan decidido hacia mí, mirándome con esos ojos tan impetuosos, tan masculinos… hacia mí.

—No podía ser de otra manera; una mujer, una persona tan maravillosa no suscita sino lo mejor que hay en mi ser. En cuanto te vi allí, sentada con tus amigas, bebiendo tan encantadoramente, supe que te quería a mi lado. Amor a primera vista, lo llaman.

Besos y miradas.

Sonó el móvil, y ella contestó inmediatamente:

—Sí, ya estamos a camino. Nos hemos retrasado un poco, perdona… Ah… ¿Por qué?… Pero ya estamos casi llegando… Sí, te entiendo… Vaya, qué lástima… Te llamo mañana. Un beso.

Guardó el móvil y se miró al espejo.

—¿Qué ha pasado? ¿Ya no hay fiesta?

—No… Parece que los dos han tenido un problema y, como el ambiente no está muy bueno, han decidido posponerla.

Mirada.

—¡Vaya, qué chasco! Para una vez que tenemos planos para salir… ¿Y qué hacemos? ¿Damos media vuelta?

–Pues creo que sí, ¿no? No hay nada que tengamos que hacer en la ciudad ahora — se lamentó ella — . Es una pena que le pase eso, verdaderamente. ¡Es mi mejor amiga! Para nosotros ella es súper importante porque, de hecho, fue ella quien me envalentonó para que saliese contigo aquel día.

—Sí, ya me lo dijeron. Yo también estaba un poco indeciso. Creo que lo que me impulsó más fue aquel pub lleno de humo de tabaco; quería salir lo más rápido posible de allí. Pero valió la pena, ¿no?

Beso.

—Realmente, no me acuerdo quién eligió el pub, pero no fue una buena elección. Cuando empezaste a hablar conmigo, sobre tu trabajo, no entendí nada; me pareció que estabas alardeando de tu cargo — completó ella — . Y mi amiga haciéndome caras para que te diese una oportunidad.

—Las cosas son así… Después de un tiempo sin saber qué hacer, mi amigo también me empujó a que fuese a hablar contigo; y él fue específico sobre la manera de caminar.

Sonrisa.

—Me acuerdo de esa manera de caminar tuya. Cuando empezaste a venir, tuve ganas de levantarme y fingir que iba al baño o algo así, pero mi amiga me sujetó por el muslo. Ella quería que me enrollara con cualquiera aquella noche… No tuve opción, la verdad. Y aquel cóctel… No sé por qué pedí aquella basura.

—Se notaba que no te gustaba; las caras que ponías cuando bebías te delataban. Yo ya estaba con mi cuarta cerveza. Todos mis amigos estaban de besitos con alguna chica; yo tenía que hacer algo. Tú eras la única libre.

Silencio.

Río de Janeiro, 5 de julio de 2014
Show your support

Clapping shows how much you appreciated Carlos del Río’s story.