Pasemos del «¿Qué?» al «¿Cómo?»

Sed sinceros, ¿cuántas veces habéis leído o escuchado decir?: «Esta película me parece buena porque el tema y su argumento me parecen muy interesantes». Sin vacilar ni un instante puedo afirmar que, como mínimo, lo habré escuchado diez veces en poco tiempo; en personas de a pie que salen del cine y también en críticas «profesionales». Esto no sólo está pasando en el cine, sino que se puede extrapolar también a la literatura, pintura y demás disciplinas artísticas.

Personalmente creo que estamos centrándonos en el “qué”, y dejamos de lado el “¿cómo?”. Es decir, si partimos de la base de que toda obra artística tiene como intención transmitir algo, ¿no sería más importante fijarnos “cómo” se transmite la intención del artista?, ¿sus ideas?, ¿sus sentimientos? No me sirve de nada un tema interesante que está mal ejecutado.

Moviéndonos por el ámbito cinematográfico, me voy a remitir a la ganadora de este año (2016) al Óscar a la “Mejor película” otorgado por la Academia, Spotlight. Esta película me parece magnífica, pero no porque trate un tema de denuncia social muy candente, o de una lección de periodismo (esto lo leí tal cual), más bien me parece magnífica por CÓMO transmite ese TEMA.

La excusa del “tema” se está granjeado una serie de seguidores para los que cualquier obra artística sólo está compuesta de tema y argumento. Si tomásemos esto como valor absoluto, tendríamos obras artísticas realmente reivindicativas e interesantes con un contenido más bien ínfimo, pero que haría las delicias de más de uno. Incluso el tema se puede dejar de lado, colocándose en segundo plano o, directamente careciendo de él, y aún así tener algo realmente maravillo. Por que me reitero, el arte está en el CÓMO.

El problema de quedarnos en el tema es que todo se vuelve un concepto cerrado. Concepto que tiene que ser explicado por dicho artista y que no es capaz de mostrarlo al público mediante la disciplina en la que él se mueve. Eso a mi no me sirve de nada, bueno sí, para decir: “Ostras, esto últimamente pasa mucho en nuestra sociedad”, y quedar como el más intelectual del lugar. ¡Ojo! Ni mucho menos quiero quitarle importancia a lo que se cuenta. Es cierto que el arte sirve para remover conciencias y hacernos pensar, pero que lo haga bien, que no se conforme con decir lo que pretende expresar de forma superficial. El arte se debe transmitir, además de con palabras, con actos.

Pensemos por un momento en cualquier cuadro de Antonio López, para mi uno de los mejores pintores vivos que hay ahora mismo (sólo sé de pintura lo que di en historia del arte). Este hombre pinta lavabos, repito, ¡pinta lavabos! Y lo mejor de todo es que está pintado de una manera magistral, de nuevo el “cómo“ se impone al “qué”.

Finalmente, después de haber leído esta parrafada, muchos os preguntaréis el por qué de esta obsesión. La cuestión es que me molesta mucho que el mundo del arte esté sufriendo un momento un tanto extraño. Un momento en el que un vaso de agua se vende a 20.000 euros en una galería de arte moderno, porque es un «autor», porque puede y quiere, y lo peor es que la agente lo admira. Al fin y al cabo esta es mi humilde opinión, habría que encontrar el punto de inflexión exacto en el que el “Qué” y el “Cómo” pueden coexistir en armonía, y así conseguir obras excelentes que nos emocionen de verdad. Mientras tanto yo seguiré esperando a que cada vez más gente se de cuenta de que el arte, ya sea a través de una película, un libro o una pintura, es más que un simple “tema

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