Cuando los usuarios aterrizan por primera vez en un sistema digital, tratan de probar las interacciones que conocen, bien por haber visitado anteriormente el sistema o por ser usuarios de sistemas similares. Sus cerebros esperan que las respuestas a esas interacciones sean coherentes para fijar su aprendizaje, de lo contrario será necesario cierto tiempo de práctica para dominar los nuevos patrones. Si el nuevo sistema es excesivamente innovador y plantea interacciones muy novedosas, existirá una cierta frustración inicial como resultado del incumplimiento de la expectativa, esta frustración puede derivar en un éxito susceptible de ser replicado (interacciones me gusta /no me gusta en Tinder) o en un rotundo fracaso.