La vida cambia en un segundo — Día 3: Martes 16 al Viernes 19 de agosto de 2016.

Bien dice el dicho “martes no te cases ni te embarques”. Amanece el martes y por algún momento canté victoria porque amanecí bien, sin ningún aparente dolor o malestar y pues empieza la rutina diaria antes de desplazarnos a la oficina.

Todo bien hasta la obligada sentada matutina en el baño…

No recuerdo en mi vida haber tenido un dolor de cabeza tan fuerte y punzante como el de ese martes esa mañana antes de bañarme luego de haber estornudado. Creo que grité o debo haber dicho algo porque mi esposa de inmediato se acercó a preguntarme como me sentía y la verdad fue como que me hubieran partido un bate en el cráneo.

Decisión tomada en pareja: si el dolor persiste nos vamos a un doctor.

Luego de terminar de cambiarnos, desayunar, cerrar la casa e ir a dejar a mi esposa a su trabajo, llego a mi chamba, enciendo el iMac, luego mi computadora y empieza a molestarme absolutamente todo. Agradezco a Jahaziel, mi compañero en la agencia por haber puesto música adecuada ese día a cómo andaba, porque si no hubiera sido así, creo que ahí me habría dado algo.

Empezó una intolerancia al brillo, lo que hizo que ajustara la pantalla de mis computadoras y prácticamente sentir pulsaciones en la cabeza cada vez que miraba algo brillante.

Luego del almuerzo ya el dolor si fue para mi incapacitante. Hablé con Toño, el director creativo, luego con la gente de administración, permiso concedido y tome vehículo para llegar apenas y sudando al trabajo de mi esposa. Ella tuvo que llevar el vehículo desde ese lugar hasta una clínica que visitamos para que me pudieran evaluar porqué el constante dolor de cabeza.

Cuando les menciono que mi esposa es una campeona es porque dentro de todas las cosas que ha hecho por mí y en las cuales no ha perdido la calma; sabiendo manejar poco, ese día tomo el volante de ese vehículo como si tuviera 20 años conduciendo, fue maravilloso.

Llegamos a la clínica, donde nos atiende muy atentamente una enfermera y luego el doctor de turno. Empieza el interrogatorio de rigor, ¿que dolor padece? ¿que si soy hipertenso? ¿que si soy cardiópata? ¿que si soy alérgico a algún medicamento? ¿que en que parte de la cabeza es el dolor? etc… y luego la pregunta que aclaró todo: ¿han ido a alguna piscina en los días anteriores?

Teníamos como tres o cuatro semanas de haber visitado la piscina del Club del Banco Central con la familia, donde pasamos una agradable tarde de domingo.

De inmediato el doctor toma su instrumento, observa dentro de mi oído izquierdo y me descubre una otitis muy avanzada. Casi la mitad del canal auditivo lo tenía invadido con una infección blanquecina y obviamente inflamado también, esto último es la supuesta causa de los dolores de cabeza.

Luego de recibir varias medicinas en inyección y quedar con un tratamiento incluyendo un medicamento para la migraña que debía ser tomado cada seis horas, abandonamos la consulta con un poco más de alivio por al fin saber la supuesta causa de mis dolores de cabeza.

Regresando a casa damos mi esposa y yo gracias a Dios y que el tratamiento me ayude.

Así transcurre el resto de la semana, con tres días seguidos de inyecciones con muchas medicinas antes de llegar al trabajo y esa fuerte dosis de pastillas para controlar el dolor de cabeza constante producto de la inflamación que me ocasiona la otitis que padezco.

La tranquilidad luego es interrumpida. Duermo el viernes bien pero el sábado me tenía preparado algo. Algo que inicia ese momento “cambiador” de vida del que les hablé al inicio de mis relatos.

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