11 de julio del 2016
Mi relación con los lunes parece una montaña rusa, ha tenido muy buenos momentos y otros muy malos.
De chiquito (como a los 6–8 años) me dormía los domingos emocionado porque ya quería ir a la escuela. Cómo quisiera volver a esa etapa de no tener responsabilidades y que mi única obligación fuera divertirme.
Adelantándome unos 15 años a mi época universitaria… me tocaba entrenamiento físico a las 6 de la mañana en lunes después de haberme relajado (cine) y divertido (bares) todo el fin de semana. Desde entonces desarrollé un pavor por este día que creo muchas otras personas también tienen. El tener que cambiar de neutral a quinta en un lapso de medio día es muy complicado.
Poco a poco se me ha ido quitando la angustia de iniciar una nueva semana y creo que hoy fue el vivo ejemplo de ello. Fui productivo en el trabajo, platiqué a gusto con mi familia, hice ejercicio, me relajé en la alberca y termine la noche tomándome una cerveza muy fría con mi novia.
Mi truco es trabajar poquito los fines de semana y también encontrar el tiempo para divertirme de lunes a jueves. La clave está en tener un balance.