Deshumanizando la tragedia griega

A veces sorprende la poca humanidad que demostramos. Llevamos meses escuchando un discurso repulsivo que prioriza el pago de una deuda impagable sobre el bienestar de la ciudadanía griega. Cada revés que recibe el pueblo griego se celebra en toda Europa con vítores. “¡Viva la estabilidad presupuestaria!”, gritarán algunos. Hace ya un mes de las elecciones en Grecia, y en un mes Syriza ya ha hecho algo más que PASOK y Nueva Democracia durante años: negociar. Hasta ahora lo único que habían hecho los Gobiernos helenos había sido arrodillarse ante la Troika, dejando de lado los intereses de una ciudadanía que en teoría representaban.

Eso, por tanto, no era una negociación. Tampoco sería una negociación que la Troika aceptase las condiciones que exigía Syriza, evidentemente. Negociar consiste en hacer concesiones hasta que se alcance un acuerdo, y eso es justamente lo que ha hecho el Gobierno de Tsipras: no tenía más remedio. Sin embargo, cada pequeña concesión que hace el recién elegido Gobierno repercute en la reconstrucción de un Estado del Bienestar del que hace tiempo que los griegos no tienen noticias. Mientras, son muchos los que desde España aplauden con las orejas.

El propio De Guindos demostró ser más merkelista que Merkel increpando a Varoufakis el pasado viernes por hacer lo que él no hace: defender el bienestar de su ciudadanía. No nos dejemos engañar con la mentira de que “Grecia no quiere pagar los 26.000 millones que nos debe”. Grecia estaría encantada de poder pagar, el problema es que ahora mismo es imposible. La propuesta de Syriza de posponer su pago sería incluso más beneficiosa para España, ya que en una conferencia europea sobre la deuda tenemos más que ganar que que perder. Sin embargo, nos encontramos con el problema de siempre: nuestro Gobierno no ejerce como tal. En vez de defender los intereses de los españoles defiende los intereses de su partido. Prefiere hacer naufragar a Syriza para poder usar ese fracaso como arma arrojadiza frente a las elecciones, en vez de luchar por la construcción de una Unión Europea más justa. Tenemos un Gobierno que prefiere destruir a construir.