La gestión premeditada de los “escándalos”

A mí no me escandaliza que una diputada lleve a su hijo de 5/6 meses al Congreso (¡faltaría más que tan bajo tuviésemos el nivel del escándalo!) pero no me parece oportuno que lo mantenga en la Sala de Plenos, durante cinco horas, compartiendo protagonismo con la mamá. Que es distinto.

No lo veo necesario. Tanto y tanto tiempo reivindicando que la mujer puede y debe trabajar en los espacios públicos, de igual a igual con los hombres, para que ahora la imagen que se transmita de todo ello es que nada se ha conseguido pues debe hacerse ruido con la reivindicación en día señalado y que desde luego la mujer es, antes que cualquier otra cosa, madre y se encuentra sola con su bebé.

Yo que quieren que les diga. De la dificultad de atender todos los aspectos, podemos muchas y muchos hablar un rato. De la mala conciencia que tienes durante la jornada laboral si has debido dejar a tu hijo con un poco de fiebre en la guardería para salir “pitando” a tu trabajo, también.

Cuando en el año 96 se me eligió para ir al Congreso como número 2 por la provincia de Cáceres a mi hijo no le gustó. No era un bebé, era un adolescente. Y me lo dijo. No quería que estuviese toda la semana en Madrid y alejada de mi familia durante ese tiempo. Nunca olvidaré sus palabras.

Después lo hablamos mucho, su padre y yo con él, y lo entendió. Entendió esa faceta de las personas que las lleva a otros quehaceres, con otras metas, sin desmerecer su parte afectiva, sin devaluarla. Sin dejarlos de querer y atender con profundidad.

Vivir siempre de cara al público hace que ocurran momentos como los que ayer se contemplaron en el Congreso: debatibles, claro, propagandísticos. Los derechos personales y colectivos, como bandera. Pero los derechos de los niños también son importantes en este “pregón”. Todos hemos creído en algún momento de nuestras vidas que nunca antes nadie ha hecho lo que
nosotros en una circunstancia determinada. No es verdad. Puede que muchas reivindicaciones sean viejas aunque siempre existieran las acciones que intentaron paliarlas, los heroísmos individuales de tantos y tantas. Sin ruido, pero como apisonadoras. Sin marcha atrás.

Si la mujer quiere ser respetada como igual en cualquier trabajo no debe intentar siempre explotar sus posibles condicionantes biológicos como bandera para eximirse o rendir menos porque eso le dará resultados inmediatos y particulares, pero no ayudará al conjunto. Así lo creo yo. Otra cosa es que determinados momentos de la vida de la mujer (también propios) deban ser tenidos en cuenta en la legislación. Si el Estado quiere hijos, debe proteger a la madres.

Todas las que no tenemos ya 20 años hemos superado las circunstancias de atender seriamente un trabajo fuera de la casa destinado (en el ayer) mayoritariamente a los hombres y lo hemos hecho porque ellos (los próximos a nosotras) estaban ahí y nos ayudaron. No desvirtuemos los
logros. Tanta actitud en positivo por unas cuántas fotos y unos cuantos focos de televisión que mañana serán historia pasada. Se debe cumplir (si se quiere, si se puede), en lo público y en lo privado, en igualdad de condiciones. Se debe seguir peleando para que las personas no tengan
que estar eligiendo continuamente, para que puedan optar a lo qué quieran, a lo que se merezcan, en igualdad de condiciones. Pero se debe ser muy serio en el rendimiento en cada uno de los campos, porque si no todo sería un engaño manifiesto. Sobre todo cuando hay soluciones para sortear el “problema” (guardería en el propio Congreso, despacho particular para dar el pecho, persona que cuide al niño y que siempre acompaña a la diputada cuando va a las televisiones, etc).

Si no es así, se está haciendo un flaco favor al derecho que se pretende generalizar.

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