Las edades de la jubilación

Al volver de comprar unas cosas me encuentro con una conocida. Se ha jubilado al cumplir los sesenta. Aunque lo dudó mucho. El trabajo le producía demasiada sujeción en un momento en que que tenía que atender a sus padres ya mayores; además la tarea no era demasiado ilusionante y empezó a creer que los compañeros más jóvenes la veían ya vieja y atrasada. Los cambios políticos, los recortes, los dimes y diretes sobre el sistema de pensiones, acabaron de inclinar la balanza. Así que se decidió. Ahora, como no le gusta la casa, se ha organizado, entre clases y otras labores, para ocupar el tiempo, sus hijos criados y autónomos.

Lo de detenerse a hablar en la calle se estila mucho en Cáceres. Aún recuerdo la vieja anécdota (real como la vida) que otras veces he contado: Dos cacereños “catovi” (hombre y mujer) se encuentran en la calle San Antón y se saludan. Se preguntan por la salud y por la familia, intercambian opiniones sobre el tiempo…Al cabo de siete u ocho minutos, la mujer (un tanto cohibida) le dice a su interlocutor:

- “Perdóneme usted, ¿me puede decir con quién estoy hablando? Es que soy muy despistada…” .

Y el otro contesta: 
- “Pues yo tampoco sé quién es usted”.

- “Buenas tardes, entonces”.
- “Tenga un buen día, buenas tardes”. Y se despidieron.

Pero volvamos al tema que nos ocupa, el de los jubilados. Por lo qué observo, los hay de varios tipos: los gozosos y los indiferentes. Podríamos hacer otras muchas clasificaciones: los abuelos a tiempo completo, los viajeros, los matriculados en nuevas disciplinas y estudios, los deportistas…Tienen en común su necesidad de llenar los días, colmado lo básico de ellos, su deseo de envejecer de la forma más sana posible. Cuando le explico a mis alumnos algunas de las razones por las que la escuela ha de fomentar destrezas y habilidades específicas para “navegar” por este mundo de hoy, me suelen mirar con un cierto asombro. La situación es tal que, de seguir así las cosas, cualquier trabajador, en estos tiempos, pasará posiblemente por varios trabajos distintos, a lo largo de su vida laboral. Se acabaron los trabajos únicos para todos. De ahí que el aprendizaje deba ser elaborado para adaptarse a distintas necesidades y vericuetos y poder sobrevivir profesionalmente.

En ocasiones he escuchado la teoría de que debieran existir más jubilaciones para dejar paso a gente joven y preparada. Y podemos entrar a discutirlo, si ello fuese de ese modo. Pero lo cierto es que el mercado intenta restringir los costes y casi lo único que resuelve es cambiar puestos de salarios dignos (más o menos) por otros mucho más precarios. La última reforma laboral lo permite.

Y como todo vuelve al principio, la edad de la jubilación hay que tomarla con naturalidad y dando gracias de poder hacerlo. Aunque, cuando la etapa llega de manera abrupta y rompedora (sin anestesia) el cuerpo y la mente tarden en adaptarse. Al fin y al cabo somos física y química, pequeñas máquinas que funcionan como tales. Y si no, que se lo pregunten a los físicos…

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