Gracias, Juan Gabriel, por enseñarnos que nunca debe importar el qué dirán.

¿Por qué Juan Gabriel fue un emprendedor?

El ‘divo’ de Juárez tiene más en común con Elon Musk o Walter Disney de lo que parece a simple vista.

No, no me estoy mofando de Juanga. Al contrario, esto intenta ser un homenaje a un hombre valiente, quizá sin proponérselo, que retó a los machistas y homofóbicos mexicanos, se plantó en sus radios y tocadiscos, y de paso les dejó claro que “lo que se ve, no se pregunta”.

A diferencia de muchos, que suelen negar de dónde vienen o cómo han llegado hasta donde están, Juan Gabriel nunca se avergonzó de nada, ni de Parácuaro Michoacán, ni del Noa Noa de Juárez (al que hasta le dedicó una de las canciones que más me gustan de él).

Demasiado tuvo con una madre que no supo amarlo, con un padre que murió en el delirio y hermanos que lo denostaron por ser diferente.

Alberto Aguilera, como fue bautizado en un pequeño pueblito de Michoacán, es sin duda la mejor representación de la melancolía mexicana, esa que vive sufriendo de desamor entre tequilas y aguardientes. Sin embargo, a diferencia de los estereotipos (bien ganados, algunos) que tenemos los mexicanos, Juanga consiguió su sueño: vivir haciendo música.

Quizá muchos digan que sus composiciones no son espectaculares, que no pasan de ser música populachera y barrial, pero me gustaría preguntarles qué han logrado ellos y de qué se sienten orgullosos, además de criticar a los que luchan por sus sueños. Sí, quizá haya mejores y más refinados compositores, pero pocos con la pasión y el empuje de Aguilera.

Eso es lo que define a los emprendedores que más admiro… aquéllos que de chiquitos sufrieron bullying, que supieron levantarse de la adversidad y que por más que los llamaron locos, consiguieron sus sueños.

Elon Musk, por ejemplo, era severamente bulleado por sus compañeros de la escuela… hoy tiene un emporio de varias empresas en sectores innovadores como los autos eléctricos o los viajes espaciales.

A Walt Disney le dijeron que su trabajo era una basura y pretendían pagarle una miseria, no sin antes robarle la idea de Oswald el conejo, que se transformó en Mickey Mouse.

¿Qué tienen en común? Sueños ambiciosos y metas que muchos consideran inalcanzables.

“Todos los días conozco personas con un sueño. Tal vez eres mesero y fantaseas con abrir tu propia cafetería; tal vez decidiste no ir a la universidad y anhelas empezar tu propia línea de diseño; quizá estás sentado en tu cubículo haciendo una lluvia de ideas sobre cómo mejorar tu empresa. Tienes un sueño pero no sabes cómo hacerlo realidad. O quizá ya has puesto en marcha tu sueño pero no sabes cómo llevarlo al siguiente nivel”, dice Linda Rottenberg, cofundadora de Endeavor y autora del libro Loco por emprender.

Juan Gabriel estaba estúpidamente loco, y qué bueno… Retó a su familia, que no creía en él, retó a los dueños de los bares de Juárez que lo veían como un chamaquito, a las disqueras y al mundo que cantó sus canciones en muchos países.

Al mero estilo de la teoría de “El viaje del héroe”, de Joseph Campbell, Disney, Musk y Juanga eran hombres comunes, con la capacidad de hacer cosas extraordinarias. Todos ellos enfrentaron sus propios fantasmas, abusos y situaciones adversas.

En el camino encontraron mentores y/o aliados. Musk dice que fue la retroalimentación, especialmente la negativa, la que mejor lo formó. Lo cierto es que es innegable la influencia de la llamada “PayPal Mafia” es innegable en su legado. Lo mismo que para Disney Ubbe Iwwerks. Así como para Alberto Aguilera lo fueron Lucha Villa o Juanito, a quien debe su nombre artístico.

Algunos miembros de la “PayPal Mafia”.

Muchos lo tiraron de loco, igual que a los grandes emprendedores. Ambos aprendieron que ser auténticos es la clave para lograr cualquier cosa, así sea retando los estándares de la moral en turno… porque Juanga, en el país del machismo, hizo lo que le dio la gana. Era un mito popularizado que en sus shows se sentaba en las piernas de los machirrines progre de la época, que iban acompañados por sus esposas.

Gracias, Juanga… seguiremos escuchando tu música entre tequilas, cervezas, melancolía, pero también mucha felicidad.

Nota: empecé este post cuando comenzó la serie “Hasta que te conocí”… Quién diría que la terminaría a su muerte :(