Odio llorar.
Pero más odio no poder llorar.
No es que mi conciencia me impidiera soltar el nudo en mi garganta y largar toda esa angustia en forma de lagrimas. Es que había algo que no me permitía hacerlo, como cuando queres parar de llorar y no podes, esa misma “cosa” no me permitía darme el lujo de soltar mi tristeza, bueno, ¿tristeza?, realmente no sabia que era lo que sentía, hace un día era la persona más feliz del mundo y hoy soy esto, un ser lleno de preocupaciones. Aveces me gustaría ser cualquier otro animal salvaje, no sé, una tortuga, serpiente, sapo, que sé yo; simplemente quería dejar de sentir un poco. Quería dejar de pensar en la inflación, en mi futuro, en mis estudios, en no decepcionar a nadie, en dar el ejemplo.
Realmente estoy perdida, confundida, rota; ósea, ¿quién llega al punto de desesperación de querer ser una aburrida y fría tortuga?
