elfindelmundodelfín

…porque es jueves, y es verano, y todos los errores que hemos cometido para llegar hasta aquí son finalmente nuestros…

“Bucólico en plural por momentos mayestático”, Daniel Saldaña París

Llegaste al Fin del Mundo con la esperanza de recuperar algo que perdiste en el camino. Arribaste con la certeza de la sanación grabada en tus pupilas — bajo unos lentes de sol — donde la intensidad de la luz se refractaba dócil. El mar te recibió en silencio; el viento rozó tus mejillas enrojecidas; el olor de la sal inundó tus fosas nasales para refrescarlas una vez más; el agua te dijo: Bienvenida a casa.

Comprendiste que todo viaje parte de una ausencia y que toda travesía comienza con la pérdida de algo invaluable; que solo saben irse quienes lo han perdido todo, los que ya no tienen nada qué perder; que el amor y el dolor son torrentes continuos y, en ocasiones, te orillan a atravesar océanos, continentes, países, para poder reencontrarte contigo misma; que la mirada/ que es más órgano que el ojo/ suele a veces regresar a los sitios y los rostros en donde fuiste más feliz, sí, pero también a las coordenadas de la catástrofe, a las equis en el mapa que marcan todas las batallas perdidas: las cicatrices de los quebrantos permanentes; que tu voz y tu rostro y tu cuerpo siguen siendo bellos a pesar de la tristeza, por encima de todo lo que pudo ser y no fue; que lo importante de ciertas fotografías reside en lo que está detrás, lo anterior, en los fantasmas que habitan la imagen sin aparecer dentro de ella; que también es posible vivir a pesar de ser animales llenos de agujeros; que los recuerdos son lo único que nos pertenece; que el pasado vuelve, tarde o temprano, porque algunos encuentros solo se desplazan: no se pueden, no se deben evitar; que lo que buscas se encuentra dentro de ti, bajo la forma de una canción que no conoces pero tarareas, en los rostros de tus amigos y animales favoritos, en tus fotografías y tus sitios secretos: en todo aquello que te vuelve irremplazable; que somos supervivientes porque siempre es posible comenzar desde cero, aunque no sepamos cómo, cuándo, ni de dónde; que tu casa es tu memoria; que el mar, el desierto, el Fin del Mundo, siempre estarán dispuestos a recibirte cuando persigas el silencio necesario para volver a escuchar tu verdadero nombre.

Y entraste en el agua.

Dunas de Concón. Valparaíso, Chile. La fotografía es de @andregodn