NECROLÓGICA HALLADA EN UN DIARIO DE CLAREMONT, CALIFORNIA

Antes de que Foster Wallace fuera Foster Wallace (quiero decir, el verdadero autor, el ser humano sosteniendo un lápiz, no una de esas abstractas personas narrativas), fue: tenista semiprofesional, conductor de autobús, vigilante y recepcionista. Se creía muy listo y, en efecto, lo era. Antes de que Foster Wallace fuera, sus papás solían leerse el uno al otro el Ulises sobre la cama, tomados de la mano, y a menudo él citaba esa novela de memoria, pero en su biblioteca había muchísima basura new age y de sus estantes brotaban los libros de superación personal. Anotados. Antes de que Foster Wallace fuera Foster Wallace, o tal vez cuando ya comenzaba a serlo, solía contar un chiste en el que un pez viejo le preguntaba a un par de peces jóvenes cómo estaba el agua ese día, y los peces jóvenes se preguntaban qué era el agua. Nosotros somos los peces que no saben qué es el agua. Cuando Foster Wallace ya era Foster Wallace (quiero decir, el verdadero autor, etcétera), creía saber qué era el agua. Escribió algunos libros en los que dijo muchas cosas, pero sobre todo dijo: Esto es agua. Se creía muy listo, y tal vez lo era, pero una vez trató de matarse vaciando un frasco de pastillas en su garganta y fracasó, otra vez lo intentó amarrando — con su emblemático paliacate — una manguera al escape de su auto, tampoco lo logró; aunque más adelante, después de despedirse de Werner y Bella, que le ladraron largamente mientras se hacía de noche, como en el final de una película, se quedó suspendido en el aire para siempre, levitando con el cuello roto. Quiero decir que lo logró. ¿Quiero decir que lo logró?

Herson Barona