Día 1 — Barcelona
Invirte en tu aseo personal

Soy una persona ahorradora -de las que sonríe orgullosa cuando al pagar en un establecimiento me informan que me ahorré tres nuevos soles, a pesar de entender que es una jugada maligna de las grandes corporaciones para que piense que me están haciendo el favor- así que cuando entré al supermercado Mercadona de Plaza España para comprar una escobilla de dientes y champú, me vino una ilusión increíble, como de esas cuando te encuentras veinte soles en una cartera vieja, al encontrar una botella de plástico transparente llena de líquido rosado que prometía champú con olor a granada por la módica suma de un euro (4 soles). Tomé rápidamente esta pequeña galonera, ilusionada de poder pagar un producto clave de mi higiene personal con una sola moneda. La emoción de una nueva vida llena de frugalidad fue más breve que el olor a granada en mi pelo post-baño. Debí haber sabido que nada bueno podía nacer de un producto elaborado por un laboratorio llamado Maverick ubicado en Tarragona. Hoy, cuatro días después, mi pelo se encuentra más pegado a Hagrid que a Hermione en la escala de pelos de choza literarios. Desde ahora mi vida de expatriada será un poco más derrochadora y tendré dos euros menos cada dos semanas. Larga vida al champú importado.