Día 7 — Múnich

Don’t panic

No te va a pasar a ti porque tú eres inmortal y a ti no te pasa nada. Pero, a pesar de que confío plenamente en tu imperturbable capa de protección perenne, voy a aprovechar esta oportunidad para contarte sobre el terrorismo. Creo que en algún momento podría tocar tu puerta, de manera indebida, como sólo él sabe hacerlo, y quisiera que estés al menos informado al respecto (nunca estarás completamente preparado).

No te voy a aburrir con una definición formal. Solo puedo decirte esto: el terrorismo es tristemente célebre, posee una mayor visibilidad cuando sucede en países con mayores ingresos en donde -irónicamente- la frecuencia y el número de afectados son menores a los de sus contrapartes más pobres y no tiene restricciones de situación o ubicación. Si te busca te encuentra.

Para ti sonará como algo lejano que solo sirve de relleno de canal de noticias, destructor de puentes en películas americanas o anécdota de tiempos peores que nunca viviste. Pero te acordarás de mí si es que llega el momento en que estás fuera de casa en un tren que para en una estación para no moverse más. Muy al estilo Dementors llegando al expreso de Hogwarts, el terrorismo ha llegado a tu ubicación y alrededores, paralizando el transporte público hasta que detengan a quien o quienes lo orquestan.

Cuando el tren pare y alguien lance la palabra “atentado” te darás cuenta que tu viaje solo puede ser el producto de tu más completa ingenuidad. No te podía pasar a ti porque ya ocurrieron dos (¿o tres?) situaciones de terrorismo a 100 Km. en las últimas dos semanas. No, al estilo de los terremotos, no existe una tabla de equivalencias que explique que por cada x sucesos, se reduce la frecuencia de ocurrencia futura.

Entonces, nadie podrá defenderte. Ni siquiera los pines de Pinterest que acumulaste anticipadamente para conocer tu ahora ciudad del terror (“45 infaltables de la ciudad en menos de 24 horas”). El sentido común es tu mejor aliado. A continuación, un manual sencillo para alertar esos sentidos.

i. Tacto. Agarra bien tu celular y larga vida al Google Maps.

Siempre es una buena idea identificar dónde diablos estás. Ni la más profunda clase de geografía te puede enseñar la denominación política de un ¿pueblo? como Pasing en Alemania. Si bien el H&M dicta la civilización, tu posible limitado manejo del idioma te puede traer problemas para preguntar por una ubicación exacta.

ii. Vista. Busca lo que está (realmente) pasando con tu celular cargadísimo de datos.

Basta con poner el nombre de la ciudad afectada en Google para identificar qué está pasando. Confía en la prensa internacional. No van a responder todas tus preguntas, pero las que respondan serán certeras. A diferencia de tus compañeros de tren, estos medios no caen en chismes ni se arriesgan a amplificar lo sucedido. Dile no a la histeria colectiva. Será difícil, especialmente si te evacúan de una estación, pero creo que tú podrás hacerlo bien. Informa a tus stakeholders que estás bien.

iii. Olfato. Cálmate y podrás definir el mejor camino. Puntos (i) y (ii) deberían ayudar para armar un plan de acción. Recuerda: aléjate de epicentros y de grupos grandes de gente.

iv. Audición. Escucha la recomendación de los locales con los que compartas algún idioma.

Si encuentras en la calle a un nativo de la zona, saca a relucir tu mejor léxico anglosajón y pregunta qué está ocurriendo y si se puede regresar a la ciudad. Alguien sabrá inglés.

v. Gusto. Elige tu(s) vicios.

El despliegue de los puntos (i) a (iv) te deberían llevar a un albergue seguro fuera del epicentro del terror. Recuerda que estás vivo y cómete uno (o seis) pedazos de pizza. Y un muffin de chocolate. Si dejas que el terror te quite el hambre, pierdes.