Carolina

Hola Carolina, soy tú con algunos años de más

Cuando eras una niña tenías la firme convicción de que todas las personas que conocías eran tus mejores amigos. No eran pocas las horas de juego en las que corrías de un lado a otro, riendo y gritando mientras veías como todos se alegraban con eso, todos tus amigos. Qué infantilmente ingenua eras. Mírate ahora, ya entiendes todo el proceso y el concepto de una amistad. Desde empezar conociendo a una persona y dejar que se esmere, como tendrías que hacer tú, para generar un lazo de confianza más fuerte que un hilito de nylón. Qué aburrido es y que complicado suena. Qué fácil era pensar lo de antes.Tanta prisa por crecer que ahora te arrepientes por haber ido tan rápido.

Pasan los años y ya no juegas. Has dejado de pedir o de comprar los juguetes que tanto te gustaban. Has aceptado que eres demasiado “mayor” para andar jugando con barbies extremadamente flacas. Ahora sólo te dedicas a criticar a las flacas que son el estereotipo de lo que es una barbie y lo sientes tan inútil que prefieres no sumarte a ese montón de mujeres plásticas. Tienes razón, claro, pero todo era mucho más fácil antes: Si no te gustaba tu muñeca la pintabas y listo, le ponías la ropa que querías y ya.

Te ha tocado aprender todo con demasiada velocidad y lo has hecho de la peor forma en la que se puede aprender: haciéndote daño. Yo estoy orgullosa de ti por ello, porque tú nunca te rindes…al menos no de la forma en que pensamos. Eres fuerte. Siempre lo has sido. También tienes sueños. Estás tan loca como para querer ser alguien importante algún día. Qué ironía ¿no? Tú que siempre dijiste que no te gustaba llamar la atención, que eso se lo dejabas para las personas sin afecto.

Ya no ries tanto como antes, debería darte un poco, por no decir mucha, vergüenza. Si hay algo que has tenido que aprender de todos estos años es que no debes dejar de reir nunca. Deja las malas caras para las personas que odias. Si, todos tenemos nuestros “días”, pero no seas imbécil. La risa es contagiosa, acaso ¿no querías hacer del mundo un lugar mejor? Empieza por aquí. Empieza por mamá, por papá, por tu hermano. Ayuda a tu sobrino. Tiene un año y ya sabe reír más que tú con veintiuno.

A veces eres demasiado sincera y directa. Eso está muy bien, pero hay maneras. Nadie más que tú sabe lo jodido que es que te hieran cuando te dicen las cosas que nadie quisiera escuchar. Cuida eso, pequeña, cuida a las personas y no devuelvas las monedas que te tiraron. Quiere más a tu amigos. Son lo mejor que te vas a encontrar ahí afuera. Sé que has perdido mucho en el camino pero no puedes dejar a quienes han tratado de estar más contigo cuando le diste la espalda al mundo y decidiste encerrarte en ti misma. Sabemos que no te gusta tener amigos en abundancia y por esa misma razón debes darlo todo por ellos cuando lo necesiten, cuando te necesiten.

¿Dónde ha quedado todo ese amor en el cual creías? Hablabas de promesas, de sueños y se te llenaba la boca con ello. Te estas haciendo de una vida que bien sabes no va contigo. Tu siempre dijiste que el amor que tenías para dar era lo mejor de ti. Y sí, tienes razón. Para cualquier persona es difícil encontrar a alguien como tú. Tienes mil defectos y qué. Él también los tiene. Ya sabes, de eso se trata, de compartirlos y amarlos.

No deseo extenderme más con esto. Creo que te va a venir muy bien leer esta carta. Antes de despedirme, quiero recordarte una cosa de la que, tal vez, ya no recuerdes. Te hiciste una promesa a ti misma: no pasar la vida huyendo, dejar de encerrarte en un mundo al que no perteneces, andar lento y mirar el paisaje, ya sea negro, gris o rosa. No pienses tanto las cosas; eso solo te va a traer dolores de cabeza. Mejor disfrútalas, esa es la mejor forma de amarte a ti misma. Dándote una oportunidad.
No me defraudes.

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