Kilómetros y kilómetros

Hace poco más de un año empecé a trotar de manera constante, el comienzo fue complicado como supongo que es para cualquier persona. Me dolían mucho los pies, no resistía ni quinientos metros, no corría continuamente, no sabía por dónde empezar y mi cuerpo me seguía dando vergüenza(a veces regresa esa sensación, cada vez menos), no me hidrataba, no corría con los tenis adecuados, no, no, no. Le debo esta afición a mi hermana y a un amigo que me enseñó el esfuerzo físico desde otra perspectiva. Él me forzó a ser consciente de que yo tenía un cuerpo que se me otorgó como un espacio soberano para moldearlo a dolor y placer. A la fecha no le he agradecido esas caminatas en la madrugada por el Venustiano o el ascenso nocturno por las escaleras de Santa María, si estás leyendo esto, te quiero y muchas gracias.

Yo odiaba correr, estirarme, sentirme viva. Y ese odio nació cuando yo cursaba la secundaria. Mi complexión siempre ha sido robusta, exceptuando mis primeros años de vida hasta los ocho o nueve; desde esa época a la fecha he escuchado tantas frases que van del consejo disimulado al odio descarado por ser gorda. En la primaria, “Si Carolina se queda en la escolta escolar, esta se va a ver bien marrana” ¨Te voy a encajar este alfiler a ver si así adelgazas y te desinflas”, en la secundaria, “Eres un pedazo de puerco humano” “A ningún chavo podrías gustarle” “Yo no sé por qué nos piden que entremos a la clase de educación física en short sólo para ver piernas gordas como las de Caro”, en la prepa “Tienes una dona alrededor de la panza” “Pareces señora así de gorda”, en la calle, en el trabajo, en la casa, “Deberías cuidarte más”, “esa ropa a ti no se te ve bien” “Hay que comer más verduras y hacer ejercicio” y la que me mató los últimos años “Eres una mujer muy completa, estás muy bonita, eres independiente, muy inteligente pero estás GORDA”.

Hice dietas, dejé de comer, ingerí pastillas muy duras, remedios caseros, he bajado mucho, subido mucho, llorado más… hasta que empecé a correr. Corrí, corrí, corrí y en volumen y peso no he cambiado demasiado, pero si observaran dentro mío se encontrarían con un corazón más sano, una mente que imagina y tiene muros contra toda esa gordofobia que no me dejaba ser lo que me diera en gana. Y si miraran más adentro estaría la Caro de la infancia y la adolescencia más tranquila, permitiéndose ser alegre, queriendo su cuerpo.

Las peleas con una misma se ganan moliéndote a palos y luego lamiéndote las heridas, tú solita. He pensado muchas veces que se corre para alejarse de la muerte, si los pies se están moviendo, los oídos escuchando y el corazón late y late, la vida te envuelve toda.

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