Manzanas en el techo

Cuando cursaba el bachillerato: el cine, la literatura y la música fueron las herramientas que me permitieron abrir otras puertas para acceder a mundos distintos que nunca nadie me refirió que existían. Al contrario de la creencia de mis papás que en repetidas ocasiones me decían “Tú y tus amigos viven en un mundo de drogas”, leer me posibilitaba más que meterme un ajo y soñar. Mis drogas duras eran otras, las sintéticas y naturales fueron secundarias claro está. En esa etapa me desdoblé. Cambié muchísimo, me encontré a mi misma siendo yo misma. Fui a ver la continuación de la película Trainspotting ( T2) y la nostalgia me empapó todita, recordé tanto ese momento en el que la noche otorgaba otros espacios, otras caricias, otras sonrisas. Serenamente, las calles esperaban a todos los personajes, dispersos seres que deambulan como si nada. La noche era de valientes, yo y mis amigas éramos valientes. Música sepia, húmeda, etil fosforescente. ¡Viva la fiesta! Gritaban mil voces y llegaban las sustancias a nuestras manos, subían hasta el cerebro, colapsaban los sentidos. Destruímos “moralmente” la noción del tiempo, eran las dos de la mañana y el mundo apenas se construía. Reír durante horas, escupirle a los preceptos sociales, hacer los nuestros o mejor no, porque las normas jodían (joden) todo, atan todo. La visión se distorsionaba, un cosquilleo liberando cada célula, ventanas y puertas abiertas y el techo repleto de manzanas. Deseos volátiles, complacer cada impulso, discernir sobre el sentido de la vida. Ser libres, carajo. Divertirse, que para eso ha nacido uno. La banda quería after, que la vida fuera una fiesta y se curaba la resaca con un maratón de películas que nos enseñaron más que la escuela y la casa: Requiem, El espejo, Fando y Lis, Reservoir Dogs, Pulp Fiction, Dogville, El arco, Noviembre, Ciudad de Dios, Camina sin mí, El violín; muchas más, una tras otra, una tras otra. Eran momentos llenos de todo había amor, compañerismo, libertad, lealtad, expresión, delirio, besos, vida. Eran momentos gloriosos o así me lo parece justo ahora que le doy una ojeada al pasado, o así me lo parece cuando extraño a un amigo entrañable, o así me lo parece cuando recuerdo las sonrisas al bailar, o así me lo parece cuando hoy somos otras con esas experiencias que de no haberlas vivido yo no andaría hoy escribiendo esto.

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