P.D: Yo también quiero ser una vagabunda

Hablar a distancia con alguien entrañable siempre es un ejercicio para fomentar la nostalgia. El tiempo y las palabras nunca bastan ya que los recuerdos se suceden a la par de ponerse al día; al final la conversación es un ir al pasado para describir el presente. Ir y venir. Ir y venir.

Cuando hablamos por teléfono tu voz a cientos de kilómetros que es sólo sonido, luego imagen en mi cabeza, se dispersa a mi alrededor como un abrazo; los murmullos y las risas que enuncias me envuelven. Y te escucho, escucho cómo el soliloquio se sucede, luego va mi turno, mi monólogo,mi ruido, mi desorden. Tú me escuchas y el caos es menos, sin llegar al orden absoluto. No queremos eso. No queremos orden, ser estáticas, conformarnos. No queremos paciencia disfrazada de misericordia, no queremos dicha prolongada con afiches estables de papel. No sabemos lo que queremos pero sabemos qué no queremos.

¿Dónde ha quedado el júbilo que nos ofrecían para el futuro?

Y pasada la media hora llega la despedida. Ocultos en los espacios de los dientes se me quedan varios enunciados. Pienso que es importante recalcar que te quiero y te lo digo antes del adiós. Y al colgar siempre caigo en la cuenta que olvido decirte que si te cansas de pagar un espacio, de trabajar por comida, de decirle a tus pies, a tus ojos, a tus manos, a tu cuerpo: ¡vivan!, como a mi me ha pasado (cada vez más seguido, casi paso a paso) que si te frustra todo y todo es mediocre, que si quieres andar en pijama, vivir en una plaza y sólo observar unos patos en la fuente, y sólo dibujar, o escribir, cultivar plantitas, platicar con extraños, besar el sol en cada atardecer al observarlo, reír de la nada, hablar en voz alta, estar medio loca, que si lo quieres lo hagas. Porque yo estoy dispuesta a llevarte cada tercer día un cambio de pijama, limpiar la banca que te sirva de cama, ser una extraña que te haga platica, reír de la nada y enloquecer contigo, que el mundo ruede ruede y ruede porque al final estamos viviendo la única vida en la que nos tocó coincidir como hermanas.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.