
Madurar
¿En qué momento se me olvidó quién soy?, ¿en qué momento dejé de ser yo misma para ser alguien que simplemente no conozco, que no me cae mal, que no me desagrada, que me agrada, cierto, pero me parece tan ajena a tantas cosas que creí que fui? ¿En qué momento dejó de preocuparme ser alguien, afirmarme?
No lo sé y tampoco sé si me molesta, es más, creo que es natural que haya dejado de preocuparme tanto por mí misma. No sé si fue la independencia, la boda o mi bebita, pero simplemente dejé de ser yo misma y hoy puedo decir que si me miro hacia atrás me soy ajena. Me da ternura, sí, pero ya no me siento con ganas de ser esa que fui. Me siento liberada y a la vez siento una tremenda nostalgia de mí misma. Recuerdo lo mucho que siempre busqué autoafirmarme.
Me pasa por estos días que las cosas me son insípidas. No logro conectarme, saborear lo que estoy viviendo. Además de mi preciosa hija que literalmente quisiera consumirme a besos, pocas cosas, casi nada, me emociona verdaderamente. No logro conectarme con esas cosas que creí que me gustaban, como escribir, como intentar llegar a algo con las palabras por el simple placer de descubrirlas al usarlas. No puedo pasar de 4 hojas en el libro que estoy leyendo. Mi celular, mi iPad o mi ordenador se interponen entre yo y esas ganas de desconectarme y todo lo que hago es refrescar una y otra vez el timeline para ver cosas idiotas, tan idiotas como siempre. Estoy en el trabajo pero siento que no estoy dando todo de mí, que no estoy allí, que estoy sin estar y que los días empiezan a acumularse cada vez más y más unos sobre otros, grises.
¿Qué me pasa? Me lo pregunto todos los días y no logro dar con la respuesta. Si miro hacia atrás, indudablemente sé que estoy mejor que nunca: independiente, con capacidad financiera, sana, en forma, con una pareja y siendo madre y aún así me siento gris, con unas ganas inmensas de encontrarme, de platicar conmigo y recordar quién soy. ¿Acaso será que al madurar se me olvidó lo mucho que también me gustaba hablar conmigo? ¿Será que así como he cambiado de hábitos, también cambié de oídos? ¿Será que al “madurar”, dejé de ser yo misma?
Creo que no, creo que madurar es más bien ir con lo que uno es sin necesitar gritarlo a los demás. Pero sobre todo, madurar verdaderamente significa que uno tiene que vivir peleando por permanecer siendo quién es a pesar de lo que sea, de lo bueno y de lo malo. Eso y no otra cosa es lo que me falta: ser yo misma siendo madre, siendo esposa… ser yo misma para sentirme enamorada de mí, otra vez apasionada.