Luis María Pescetti: entonces y siempre.

“Pará edúcar a los niñós débemos póner el acentó tó tó tó en áquello que seá fundaméntal”
 — Luis María Pescetti, “Acentó”, Unidos contra Drácula.

La literatura infantil es quizás el género comercial por excelencia. A pocas personas les importaría realmente crear textos de calidad para unos mozalbetes que apenas pueden distinguir la a de la e. El propósito es vender a los padres libros que entretengan a sus hijos. De estos textos efímeros en su mayoría, hay algunos que pasan a formar parte de filas de colección en algún estante de madera, seguramente barnizado. En el contexto latinoamericano me interesa la obra de Luis María Pescetti, relativamente conocido. Primeramente famoso por aquellas profundamente ontológicas canciones “El moco”, “Bua já já já” o incluso su reputadísimo cuento “La caca, historia de amor y amistad”, Pescetti se ha ganado el corazón de muchos infantes y el mío.

Para probar que lo único que le falta es un poco de publicidad y que por sí mismo Luisma es un producto con potencial para venderse como pan caliente, probé los efectos de la canción “Ay, Lilí” en mi mejor amiga. Ella tiene veintidós años, estudia Negocios internacionales, lee exclusivamente libros detectivescos, y repitió la canción hasta que me harté yo. El punto de esto era intentar comprobar si era algo exclusivo en mí o si el autor logra tocar algo que afecta a más personas y que por lo tanto está más relacionado con alguna característica básica, intrínseca al ser humano. Hay ciertos libros que se venden para niños o pre-pubertos porque en realidad se busca que los lean los adultos que alguna vez fueron niños. O para no ponernos tan cursis, quizás lo que llamamos literatura infantil sea en realidad una literatura dirigida a los adultos desde la perspectiva del niño, y que se ofrece entonces como espacio para que ambos convivan.

En el libro Unidos contra Drácula, publicado por Alfaguara en 2013, alcanzo a distinguir recursos de des-automatización del mundo cotidiano a partir del lenguaje. Ya que hay cierto humor que solo puede operar en la mente automatizada por el paso y uso de las costumbres lingüísticas. Un adulto espera que al decir “por favor, dejen su ropa en el sillón de entrada” los invitados dejen el abrigo. Sin embargo, puesto que ya Juan Villoro había calificado la lógica infantil de “barroca” y de “una gran exigencia de lógica”, cabe el no sorprenderse de que los invitados dejen su ropa en la entrada.

Es un libro sin género. Cartas, diálogos, poemas, incluso quizás ensayos, dirigidos aparentemente a un grupo de lectores infantiles pero siempre desde el adulto-autor que quiere re-visitar su infancia. El título del libro es el mismo de un poema que aparece aproximadamente a la mitad y que, a mi parecer, marca el hilo conductor que atraviesa todos los textos: el poema dice “lo mejor es no estar solo entonces y siempre”. Las historias se cuentan para crear comunidad. Unidos contra Drácula se propone entonces a sí mismo como poemas, cartas, anécdotas para no estar solo, y Luis María Pescetti queda como un potencial abuelo cuenta-cuentos de varias generaciones.

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