Acoso escolar: rompiendo el silencio

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En los últimos años hemos vivido varios sucesos dramáticos causados por el acoso escolar. El suicidio de Diego, de 11 años, en Leganés, el de Arancha, de 16 años, en Usera, el de Lucía, de 13 años, en Murcia y otros. En 2016 el teléfono de la fundación ANAR recibió 52.966 llamadas relacionadas con el acoso escolar. Un 32% de los niños afirma que en su clase existe bullying, según un estudio elaborado por la Fundación ANAR con la Fundación Mutua Madrileña.

La UNESCO también se ha pronunciado sobre el grave problema del acoso escolar. En un informe titulado Poniendo fin al tormento: abordando el acoso escolar, desde el patio del colegio al ciberespacio (2016), este organismo señala que dos de cada diez alumnos sufren acoso escolar. Esto significa que unos 246 millones de niños y niñas padecen bullying en el mundo.

El acoso escolar o bullying es el maltrato físico y/o psicológico deliberado y sistemático, que sufre un niño/a en la escuela o a través de redes sociales, por parte de sus compañeros. Se trata de una forma de violencia escolar. Las consecuencias para la víctima pueden ser serias: trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, bajo rendimiento escolar, trastorno por estrés postraumático, autolesiones, ideación o conductas suicidas.

El acoso escolar tiene también consecuencias para los agresores. Las conductas de acoso pueden ser una señal de problemas psicológicos, emocionales, relacionales, de conducta, de autoestima o hallarse cercanos a cometer conductas delictivas, por lo que la falta de intervención puede también dejarle expuesto a problemas futuros.

Las consecuencias para los llamados “testigos mudos”, aquellos compañeros que presencian las agresiones y no intervienen, también son negativas: la sensación de que es mejor ponerse del lado del más fuerte aunque lo que esté haciendo sea algo malo, la idea de que no hay que luchar contra las injusticias sino mejor callarse “por si acaso”, o aprender conductas basadas en el menosprecio, la burla, la deshumanización de las personas más débiles, la falta de empatía o la indiferencia ante el sufrimiento de los demás.

El bullying afecta a todos los niños y niñas que lo viven o presencian en las aulas, perjudica la educación en valores, la convivencia, y causa daños severos en las personas que lo sufren.

Iñaki Piñuel y Araceli Oñate han descrito 9 modalidades de acoso escolar:

  • Bloqueo social: Conductas que buscan aislar socialmente y marginar a la víctima.
  • Hostigamiento: Actitudes de desprecio, falta de respeto y humillaciones.
  • Manipulación: Pretenden distorsionar la imagen de la víctima, estigmatizarle, generar rechazo hacia él o ella.
  • Coacciones: Presionar a la víctima para realizar acciones contra su voluntad.
  • Exclusión social: Tratarlo como si no existiera, aislarlo, impedir su participación.
  • Intimidación: Buscan amilanar, amedrentar o inducir miedo al niño.
  • Agresiones: Golpes, patadas, acciones físicas, agresiones sexuales.
  • Amenazas : Advertencias contra la integridad física del niño o de su familia o conductas de extorsión.
  • Ciberacoso: Uso de medios digitales para acosar (ataques personales, amenazas, manipulación, divulgación de información, etc).

Un factor de riesgo: la intolerancia hacia la diversidad
Cualquier niño o niña puede sufrir acoso escolar. Ninguna característica personal ni social motiva, ni mucho menos justifica, el acoso. Partiendo de esta base, algunos estudios han preguntado a acosadores y a víctimas cuales creen que son las razones que les han llevado a esta situación, con el fin de buscar factores de riesgo, y poder trabajar en la prevención.

El informe Fundación ANAR-Fundación Mutua Madrileña consultó a las víctimas. Entre las respuestas, nos encontramos con que creían que habían sido atacados por: sus características físicas (peso, gafas…), agresividad de los acosadores, porque les tienen manía, por ser diferente, por una discusión, por venganza, por envidia, por color de piel, cultura o religión o por su orientación sexual.

Un estudio de Avilés (2006) preguntó a los agresores sobre las razones por las que cometieron el acoso. Las respuestas más habituales fueron: no he intimidado a nadie, me provocaron, porque a mí me lo hacen otros, porque son diferentes (gitanos, con discapacidad, de otra raza, de otra religión), porque eran más débiles, por molestar o por gastar una broma.

Estas respuestas y algunos estudios muestran que algunos niños y niñas tienen un riesgo aumentado de sufrir acoso escolar. Los niños que son percibidos como “diferentes”, niños con discapacidades, niños de etnias o razas minoritarias, niños migrantes, de otras religiones, niños con alguna diferencia física o psíquica o alumnado LGTBI sufren agresiones y acoso con más frecuencia que el promedio. Algunas entidades han denunciado esta situación, como la Confederación Autismo España, Unicef y la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

Numerosos artículos y noticias han alertado de la gravedad de la situación, como este: Casi la mitad de los niños con Trastorno del Espectro del Autismo sufre bullying, o este otro: El acoso escolar hacia menores LGTB sigue siendo el principal en España.

Entre los perfiles de los agresores, podemos encontrar la necesidad de poder y dominio (Olweus, 2005), la visión positiva de la violencia (Ortega, 2008), la percepción de popularidad entre sus iguales (Buelga et al, 2008), y la tendencia a minimizar los hechos (Avilés, 2006). Sienten cierta indiferencia y falta de empatía hacia sus víctimas. Muchos han vivido situaciones de violencia intrafamiliar (Coyne & Monks, 2011), rechazo o aversión paterna y falta de afecto (León del Barco et al, 2015), y dificultades emocionales.

Algunos métodos de intervención con el acoso escolar

  • El método KiVa: Fue creado y desarrollado en Finlandia, donde se aplica en el 90% de las escuelas. Los resultados fueron excelentes, con una reducción inicial del 40% de los casos, que aumentó luego hasta el 79%. El 98% de los colegios señalaron que la convivencia escolar había mejorado con la aplicación del programa. El método abarca varios aspectos: una educación en valores como la empatía y el respeto, sensibilización sobre el bullying, un buzón virtual para denunciar casos, y actuar sobre los testigos que aplauden al acosador para que dejen de reforzar esa conducta.
  • El Programa Olweus de Prevención del Bullying: Se desarrolla en 1983 tras el suicidio de tres adolescentes noruegos por acoso escolar. En las escuelas donde se aplica, se realiza un evento público para sensibilizar al alumnado sobre el bullying y sus consecuencias. En este evento participan alumnos, familias y maestros/as. En la escuela se establecen 4 reglas: 1) no acosar a otros, 2) ayudar a los estudiantes que son acosados, 3) integrar a los compañeros que están fuera del grupo, 4) Si conocemos un caso de acoso, comunicarlo a un adulto. El programa recoge reuniones periódicas en el aula para debatir y comentar sobre el acoso y los posibles casos de riesgo en la escuela. Asimismo, se nombra un comité que supervisa y controla el desarrollo del programa.
  • Prácticas restaurativas: Están basadas en la justicia restaurativa, que trata de reconciliar a agresores y víctimas en el medio judicial a partir de prácticas de mediación, reconocimiento del daño causado, asunción de responsabilidad, petición de perdón y reparación de daños. También ha mostrado eficacia en la reducción del acoso escolar. Algunas voces críticas señalan la falta de objetividad y de estudios sobre su eficacia y la inviabilidad en entornos escolares muy violentos.
  • Talleres y charlas de especialistas: Muchos profesores consideran que los talleres de concienciación y las charlas de especialistas son las intervenciones más efectivas para luchar contra el acoso. La Policía Nacional imparte charlas en los centros educativos para concienciar sobre la gravedad de las conductas de acoso y sus consecuencias. También los psicólogos/as escolares imparten talleres y charlas sobre bullying en las aulas. La educación en valores como la diversidad, el respeto, la convivencia y el buen trato es esencial en la lucha contra el acoso.

Las Comunidades Autónomas disponen de protocolos específicos de actuación, por lo que con independencia de la aplicación de técnicas de intervención, se debe aplicar el protocolo cuando se detecten casos de acoso escolar. No obstante, estos protocolos autonómicos no son preventivos sino más bien reactivos a situaciones ya desencadenadas.

La intervención social, la gran ausente en el sistema educativo
Al igual que existen Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica (EOEP) distribuidos por áreas territoriales y teniendo en cuenta la enorme importancia que los problemas y condicionantes sociales tienen en la educación, resulta importante valorar la creación de Equipos de Intervención Psicosocial en el sistema educativo. Actualmente existen trabajadores sociales en los EOEP, pero en una cifra muy reducida y claramente insuficiente para poder realizar una auténtica intervención social en los centros educativos. Esta falta de intervención está condenando a muchos menores al fracaso escolar por causas sociales, y dejando sin intervención social los casos de bullying. También se está depositando en el profesorado la responsabilidad exclusiva de la intervención con estos casos de bullying, sin que puedan contar con apoyo de profesionales especializados en intervención social o mediación.

La escuela es un pilar fundamental del Estado, y es la vía de acceso a un derecho fundamental. Es de suma importancia la intervención social en las escuelas, como apoyo especializado al profesorado y a la dirección, para prevenir situaciones de absentismo y abandono escolar, como apoyo a los menores en riesgo de exclusión social, para facilitar la convivencia intercultural, para prevenir y abordar los casos de bullying y otros conflictos o para facilitar la participación de las familias cuando existen factores sociales que lo dificultan. Los equipos podrían estar integrados por trabajadores/as sociales, educadores/as sociales, psicólogos/as e integradores/as sociales.

Un dato esperanzador

El informe de las Fundaciones ANAR y Mutua Madrileña señala que las reacciones de amigos y compañeros ante el bullying ha variado con el tiempo. Antes de 2016 sólo el 22% de los compañeros reaccionaban ante el acoso. Ahora, el 51,8% reaccionan oponiéndose a estas acciones. El informe afirma que es pronto para determinar la causa de esta evolución, si bien podría deberse a una progresiva toma de conciencia sobre la gravedad del acoso escolar o a las campañas de concienciación realizadas. También está evolucionando progresivamente la reacción de los centros educativos (antes más tendentes a negar o minimizar y ahora más activos e implicados) y la propia reacción de las víctimas, con un aumento de reacciones de respuesta activa, defensa de sus derechos y denuncia. La evolución es lenta, pero muestra que algo se está moviendo.

Si sufres bullying, no te calles