El alma no tiene color. Vivir en Cañada Real

Imagen: Madridiario

A tan solo 14 km de la Puerta del Sol de Madrid en dirección sureste, hay una antigua vía pecuaria que antaño sirvió para el tránsito de ganado. Durante los años 60 y 70 se autorizó el establecimiento de huertas y pequeñas casetas para material de labranza y descanso de pastores trashumantes. Hoy más de 8.600 habitantes viven en un asentamiento irregular de 16 km de largo, que cada vez se ha hecho más grande y complejo.

En la Cañada Real, se amontonan chalets ilegales con infraviviendas, cuadras y corrales con chabolas, barrizales con escombreras. La regulación jurídica de la vía pecuaria, la pertenencia de los terrenos a tres municipios diferentes (Coslada, Rivas-Vaciamadrid y Madrid), y el desarrollo de sectores en los que se concentran serios problemas sociales y urbanísticos, hacen complicada una solución en la Cañada.

En 2017 los tres municipios afectados alcanzaron un acuerdo. El sector 1, que pertenece a Coslada, será totalmente regularizado. En los sectores del 2 al 5, que pertenecen a los municipios de Madrid y Rivas, unos equipos técnicos estudiarán la solución más adecuada. El sector 6 será desmantelado en su totalidad, debido a los problemas insalvables que padece: chabolismo, infravivienda, insalubridad y ausencia de unas condiciones mínimas de habitabilidad. Tras el desmantelamiento, será preciso realojar a más de 3.000 personas, de las que más de un millar son niños.

Estas familias del Sector 6 viven en chabolas rodeadas de barrizales. Son los excluidos de los excluidos. La pobreza extrema a 14 km de Sol. El informe-diagnóstico elaborado por Accem y Fundación Secretariado Gitano refleja toada una serie de problemáticas en materia sanitaria, de vivienda, de escolarización, de dotaciones y de transporte. Sus habitantes no tienen acceso a agua potable, accediendo con “enganches” irregulares, y apenas hay alcantarillado. El alumbrado público no funciona. La falta de drenaje del terreno convierte las vías en barrizales. Muchas viviendas son chabolas e infraviviendas, en estado precario, con goteras o sin cristales. En estas infraviviendas habitan niños, adultos, ancianos y enfermos. Acudir a la escuela no es fácil. Los niños acuden al colegio en Vallecas y Getafe, trasladados por varias rutas escolares, que no coinciden con los horarios de los centros educativos. Los alumnos de los institutos llegan a clase con una hora de retraso, y la ruta regresa dos horas después de finalizar las clases. Algunos niños regresan caminando seis o siete kilómetros. Acudir a trabajar es igualmente complicado, por la escasez de transporte público que pase por el Sector 6. Entrar y salir de La Cañada Real es difícil sin un coche. En el Sector 6 no hay supermercados, farmacias o centros de salud, por lo que hacer la compra o acudir al ambulatorio no es tarea sencilla. Algunas personas viven de alquiler en casetas de obra. Cada noche, las hogueras señalan los puntos de venta de droga.

La Cañada ha sido durante años un conocido punto de venta y tráfico de drogas. Las cundas trasladan a los drogodependientes desde Madrid a adquirir la mercancía. Pero a pesar del estigma de la droga, los profesionales de las organizaciones que trabajan en La Cañada suelen coincidir en señalar que los que se dedican al tráfico y venta de droga son una minoría. Muchos de los traficantes han ido saliendo de La Cañada ante la previsión de desmantelamiento del Sector 6. Además, tras los recientes golpes policiales a los clanes de la droga, se han demolido muchas de las edificaciones que servían de punto de venta, con lo que la actividad ha decrecido. La mayoría de los vecinos son familias comunes que no realizan actividades delictivas. Sin embargo los prejuicios y estereotipos han perseguido a los niños de La Cañada hasta las escuelas y el estigma puede perseguir a las familias en sus nuevos barrios. Varias iniciativas vecinales publicadas en diferentes webs pidiendo que se frene el realojo de los vecinos en uno u otro barrio da una idea del recibimiento que pueden esperar.

El realojo de las 3000 personas del Sector 6 ha sido recibido por los vecinos de La Cañada con reacciones encontradas, ilusión y alegría, pero también miedo. Miedo al cambio, a la incertidumbre, al rechazo de los vecinos de sus nuevos barrios. Las que se dedican a la venta de chatarra no saben a qué se dedicarán si tienen que vivir en un piso. Otras familias están deseando tener una vivienda con grifos y luz eléctrica. El acuerdo entre la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, prevé que el 60% de las viviendas de realojo se distribuirá entre los 21 distritos de la capital, y el 40% restante en los diferentes municipios de la región. Por el momento la Comunidad y el Ayuntamiento han firmado el primer convenio para el realojo de las primeras 150 familias.

Algunos habitantes de La Cañada han contado en diferentes medios de comunicación su percepción de su vida en el asentamiento. Hemos recopilado algunas de estas opiniones vertidas por sus protagonistas.

Durante muchos años he vivido en una chabola, a veces sin luz durante tres o cuatro días, pero nunca lo he pasado peor como cuando me insultaban en el colegio de Vallecas y me juzgaban por vivir en la Cañada”, (Andrea, 20 años, para El Mundo)
“Antes hacíamos toda la vida en esta habitación. Ahora tenemos un cuarto para mis niños, lo que pasa es que no duermen del agua que les cae, mira que le pusimos tela asfáltica y dos lonas…”. (Angel, 28 años, para El Mundo)
“Estoy harta de vivir llorando. Queremos vivir como las personas, no como los bichos. Vivir aquí es estar condenado. Sufres una anulación total. Estamos olvidados de la mano de Dios, y así es imposible conseguir un trabajo y salir adelante. Yo no voy a robar, ni a vender droga ni a por chatarra, lo que quiero es un trabajo y pagar mi luz y mi agua y tener una casa, una casita, me da igual si son dos habitaciones, pero no esto”. (Vanessa, 37 años, para El Mundo)
No sabemos qué va a ser de nosotros. No me creo nada. Llevan un montón de años diciendo que van a arreglar esto y aquí seguimos» (Samara, 18 años, para ABC)
“Yo digo que vivo en Rivas. Es un estigma vivir en la Cañada”. (Lidia para BBC Mundo)
“Aquí padeces mucho, sufres mucho, sin agua, sin luz, con lo justo para vivir y muchas veces en condiciones que se hacen muy duras” (Vanessa, 20 minutos).
Están aisladas. La luz les llega al final de una cadena de enganches, cada vez con menos potencia, y también reciben el agua con poca fuerza. Lo cotidiano se termina convirtiendo en algo heroico”. (Agustín Rodríguez, párroco de la iglesia de Santo Domingo de la Calzada de Cañada Real, para La Vanguardia)
“Se dice que es un barrio malo, lleno de yonquis y gente mala. Pero somos muy abiertos, nos interesa saber de los demás y que nos cuenten cómo nos ven. Además, si alguien necesita algo, tenemos las puertas abiertas (…). Nunca sabíamos bien qué hay en determinados sitios hasta que crecemos y te avisan de que no vayas por allí. Aunque en realidad yo solo he ido del colegio al centro de actividades extraescolares y a casa. Y los fines de semana a jugar al fútbol”. (Said, 18 años, para Vice)

En La Cañada Real trabajan 14 ONG para contribuir a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Entre ellas se encuentran Accem, Fundación Secretariado Gitano, Cruz Roja,Asociación Barró, Asociación Las Alamedillas, Cáritas, El Fanal, Avanza, Fundación Voces, Adoratrices, olVIDAdos, Red Deporte y Cooperación, Asociación Betel o Asociación Sonrisas. En un centro comunitario se organizan actividades y cursos, el carnaval y diversas actividades socioeducativas para los niños. En la cañada conviven 17 nacionalidades y varias etnias. Entre las actividades que se realizan nos encontramos con programas para fomentar la convivencia intercultural e interétnica y la cohesión social.

El Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) de Accem y Fundación Secretariado Gitano, el programa Participación y Desarrollo de El Fanal, son buenos ejemplos. Por su parte, Fundación Secretariado Gitano lleva a cabo un programa con el fin de romper la transmisión de la exclusión y la pobreza en las familias gitanas del asentamiento. La Asociación de Educadores Las Alamedillas desarrolla proyectos de mejora de habilidades sociales y alfabetización para adultos; de apoyo escolar y ocio saludable para niño/as y preadolescentes. La Fundación Voces realiza un Festival de Cine educativo con el fin de romper estereotipos sobre las diferentes comunidades étnicas y mejorar la convivencia, así como proporcionar otros referentes y otras perspectivas para modificar conductas de riesgo. Cruz Roja realiza actividades relacionadas con la educación, salud, inclusión social, y apoyo a la población drogodependiente.

Por su parte, el colectivo urbano Boa Mistura ha pintado varios murales coloridos en los muros del Sector 6, con letras de canciones como El alma no tiene color, con el objetivo de dignificar y embellecer el entorno. El Colegio de Odontólogos de Madrid ha creado un proyecto solidario y ha abierto una clínica dental en una pequeña sala de la parroquia. El Dispositivo Radar de la Agencia Antidroga cuenta con unidades móviles que reparten jeringuillas limpias y metadona para las personas que consumen drogas inyectables.

La Iglesia de Santo Domingo de la Calzada, ubicada en pleno asentamiento, hace también las veces de banco de alimentos 2 jueves al mes, de comedor social, ofrece clases de alfabetización y ducha para los toxicómanos, y los miércoles ofrece un pequeño dispensario médico, ya que muchas personas no tienen tarjeta sanitaria ni forma de salir del asentamiento sin coche. El párroco de esta iglesia es Agustín Rodríguez, que lleva en La Cañada desde 2007 y conoce muy bien los problemas del poblado. En unas palabras pronunciadas ante el diario El Mundo, Agustín Rodríguez afirmó: «Todos somos hijos de Dios, pero algunos a veces dejan de vivir como tales”.