La situación de las mujeres migrantes latinas en España

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En el CSS nuestras usuarias son en su mayoría mujeres latinoamericanas, con cargas familiares no compartidas, y en situación vulnerable. Muchas de ellas se hallan desempleadas o con empleos precarios, irregulares, sin contrato o con contratos que vulneran la legalidad. Por ejemplo, tenemos el caso de usuarias que han firmado un contrato laboral para no perder la autorización de residencia y trabajo, pero a cambio de ese “beneficio”, el contrato no se cumple, ni en el horario ni en el sueldo, lo cual condena a las trabajadoras a jornadas interminables por un salario irrisorio, y sin una vía para defender legalmente sus derechos, ya que de ese contrato fraudulento depende su autorización de residencia. Esta situación es un caldo de cultivo para todo tipo de abusos laborales, y para la impunidad total de quien los comete, y la indefensión de las trabajadoras.

Muchas de ellas son además familias monomarentales, con varios hijos a cargo, y con ingresos muy inferiores a los 684 euros que el informe AROPE 2017 marca como umbral de la pobreza. Algunas de las demandas más habituales suelen ser la ayuda de comedor escolar y la RMI, seguida por la ayuda para alimentos (derivación a entidades mediante informe social) y derivación al equipo de educación social por dificultades con los menores.

Según el informe de Save the Children Más solas que nunca (2015), las familias monomarentales poseen un mayor riesgo de pobreza y exclusión social, no solo por su reducido nivel de ingresos, sino por su problemática en materia de empleo, vivienda, salud y red de apoyo. La tasa de pobreza infantil de estos hogares es de un 52%, incluso aunque la madre trabaje. Las dificultades económicas hacen que cuatro de cada diez familias monomarentales no puedan pagar gastos de la casa, tres de cada diez haya dejado de comprar medicinas, siete de cada diez hayan reducido gastos en alimentación y que cuatro de cada diez no puedan calentar su vivienda en invierno. Cuando el núcleo familiar está encabezado por una mujer inmigrante, la precariedad laboral y los bajos ingresos agravan la situación.

Estas mujeres se hallan expuestas a una situación de discriminación múltiple, por género, por migración, por clase social, y por condiciones laborales y jurídico-administrativas. Casi todas ellas trabajan en el servicio doméstico.

Un informe de Intermón Oxfam Mujeres migrantes andinas: contexto, políticas y gestión migratoria. Abriendo mundos (2010) recoge una serie de análisis y de testimonios de mujeres afectadas. Recogemos aquí algunos de los testimonios.

“Yo por los papeles, hablando la verdad… mi marido me decía: aguántate por los papeles; pero claro, yo quería salirme porque hacía cinco horas donde la madre, cinco horas donde la hija, son diez horas por trescientos euros. Sí, pero yo por mis papeles, porque ellas me dijeron que me iban a dar los papeles. Al final me ayudaron con los papeles, ¿pero usted sabe lo que son diez horas y por trescientos euros?” (Daisy, Ecuador).

“El solo hecho que te lleven de empleada del servicio para allá… ¡eso es discriminación! ¿Por qué no lo hacen las de allí?, ¿por qué tienen que entrenar gente que sea latina, de bajos recursos, necesitada, para irse para allá? A mi prima, una española por ser latina le pegó, estuvo hospitalizada. Entonces yo creo que sí hay discriminación. De todas, en el trabajo, en el trato; los hombres las ven y “ah, latina, prostituta”, lo he oído de mujeres que han estado allá, creen que todas van allá a eso”. (Carolina, Colombia).

“A los latinos y a los colombianos nos tratan tremendamente mal. Golpes, groserías, nos toca muy duro”. (Olga, Ecuador).

“Muchas veces tratan mal a los migrantes peruanos, te lo digo por experiencia de mi propia familia que me dice que son duros, son toscos para hablar, fríos”. (Carmen, Perú).

“Sí, he escuchado que ellos son bien racistas, he visto en el noticiero, a veces sale que maltratan a los extranjeros que llegan a trabajar ahí”. (Maritza, Perú)

Muchas de ellas mencionan el mal trato, las humillaciones y el racismo, la demanda de más trabajo del pactado y en condiciones físicamente duras, la desconfianza de las empleadoras, la falta de prestaciones por desempleo y/o jubilación, la desprotección laboral en caso de accidente derivada de la irregularidad administrativa, así como la percepción de que el trato afectivo no es tan real como utilitarista por parte de las personas empleadoras.

Hay una serie de factores que influyen en la situación de precariedad de las empleadas domésticas: la mayoría son migrantes, casi todas mujeres, trabajan en el hogar (ámbito privado) donde no es fácil la intervención de la Inspección de Trabajo. Además, España no ha ratificado el Convenio 189 de la OIT que protege a estas trabajadoras. El Gobierno se opone, ya que su ratificación implicaría un aumento del gasto al reconocerles el derecho a la prestación por desempleo.

Según estimaciones de la OIT, en España más de 630.000 personas están ocupadas en servicio doméstico. Nueve de cada diez son mujeres. Muchos de estos contratos son verbales, y muchas trabajadoras no se hallan dadas de alta en la Seguridad Social. Estas trabajadoras carecen de derechos laborales básicos, como el derecho a la prestación por desempleo o a la protección del FOGASA. Su situación de vulnerabilidad jurídica, laboral, administrativa, económica y social, las deja sometidas a todo tipo de abusos.

La asociación Servicio Doméstico Activo (Sedoac) denuncia la situación de este colectivo, y reivindican el derecho a la prestación por desempleo, derecho a la protección del FOGASA, la equiparación de sus derechos ante la Seguridad Social con el resto de trabajadores, inspecciones de trabajo más eficaces, ejercicio real del derecho a la sindicación y a la negociación colectiva, protección efectiva frente a toda forma de acoso, abuso y violencia en el trabajo, el fin de los descuentos abusivos en el salario por manutención y alojamiento (salario en especie), cumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, y la protección frente a los abusos de agencias de colocación e intermediación laboral. Hay otra serie de entidades y asociaciones de mujeres latinoamericanas que luchan por los derechos de estas trabajadoras, como la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España, la Asociación Amalgama y la Asociación Rumiñahui.

La mayoría de nuestras usuarias emigraron a España buscando una vida mejor. Muchas veces me pregunto si les habrá merecido la pena emigrar. Me resulta difícil imaginar que esto sea lo que esperaban. Encontrarse lejos de su país y de su familia, viviendo bajo el umbral de la pobreza, en una vivienda húmeda y gélida, sin calefacción. Sin red familiar que las apoye ante la enfermedad mental de un hijo, ante un proceso de divorcio, ante una situación de violencia de género o ante un desahucio.

Según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, 5.297 personas en Madrid han recibido la ayuda para el retorno voluntario a sus países de origen entre 2009 y 2016. La mayoría fueron ecuatorianos, peruanos y colombianos, según datos de la ONG Aculco.

García Ballesteros cita como causa el fracaso del proyecto migratorio, ya que uno de los requisitos para acogerse a la ayuda para retorno es la vulnerabilidad económica y social (García Ballesteros et al, 2013). En este estudio podemos encontrar algunos testimonios de personas migrantes, que realizan una valoración de su experiencia migratoria.

“Vine a España para superarme y abrir fronteras. La imagen que teníamos allí de España era la imagen de la gran Europa, de un país más superado, una economía mucho mejor, sin la delincuencia que sufrimos en Sudamérica. Una vez llegué aquí no era como imaginaba. Pensé encontrar un país más cosmopolita. Definitivamente no me veo en España. Ahorita lo que me retiene es mi hijo, que aún es pequeño y aquí tiene una educación muy buena, un lujo que en Perú tal vez sería muy costoso. La tranquilidad de acá no tiene precio, pero tampoco lo tiene mi familia, mis raíces”. (Yessica, de Perú)

“Yo pensaba que España era una cosa grandiosa, que había trabajo, que la vida estaba muy buena… Cuando llegué fue un giro demasiado grande, la cosa estaba jodida, malísima”, (Osiris, dominicano).

En otro estudio realizado por Gabriela Montero Cespla, de título Las representaciones sociales de los emigrantes ecuatorianos en España sobre el proceso migratorio (2006), podemos encontrar más testimonios de personas migrantes.

“Me fui a vivir donde mis primos pero cuando yo llegué era impactante, como todo el mundo viene aquí y se encuentra con el cuadro de un montón de personas con poco espacio, de que no conoces a nadie ni sus costumbres”. (Emigrante ecuatoriana en Madrid)

“Cuando llegué a España me di cuenta de que la realidad era otra, el día que no trabajas padeces, pasas hambre. Vine pensando en un futuro mejor, uno llegando acá se da cuenta de que es todo lo contrario”. (Emigrante ecuatoriano en Murcia)

“Mi hermana no me dijo cómo son las cosas aquí en realidad, ni las posibilidades que tenia. Ella me dijo que iba a estar muy bien aquí. Yo trabajaba de auxiliar de contabilidad allá y entonces ella me decía que iba a ganar bien aquí, pero nunca me dijo que iba a trabajar de interna”. (Emigrante ecuatoriana en Madrid).

El diario La Prensa de Honduras en su artículo El drama de los inmigrantes latinos en España (15.08.2013) recoge una visión descarnada, alejada del “sueño europeo”. Habla de las largas colas en comedores sociales u albergues, y de las esperanzas rotas de muchos migrantes. Un entrevistado, al preguntarle por qué oculta sus apellidos en la entrevista, responde:

“Por vergüenza, después puede leerlo algún amigo en Colombia, y se pondría a criticar a los que vinimos con grandes expectativas, y al final hemos terminado pidiendo”. (Ángel, para la Prensa de Honduras, 2013).

Para quienes deciden retornar a su país de origen, el retorno es duro también, ya que los países de origen no siempre tienen programas de ayuda o integración para sus retornados, y es aún mas difícil para los menores que se han criado en España, según la ONG Aculco.

Creo que España como país y como sociedad ha sido injusta con estas personas. Las hemos recibido para que realicen su actividad en sectores muy concretos, como el servicio doméstico o el cuidado de mayores. España se ha servido de esta mano de obra, pero no ha puesto los medios necesarios para favorecer una integración real, en plano de igualdad con cualquier ciudadano. Por decirlo claramente, y pido perdón de antemano por la crudeza: queremos que nos limpien la casa, pero no permitimos que sean nuestro médico, abogado, profesor, o nuestro jefe. Se nos llena la boca con grandes principios, pero aún nos queda mucho camino por recorrer para eliminar (incluso de nuestro subconsciente) el racismo.