Mis hijos se han quedado sin abuelos, de repente, sin esperarlo. Tercer verano consecutivo que, con el calor, se nos va uno de ellos. Tercer verano consecutivo de calor en el tanatorio y en los cementerios.

A los abuelos, en la ciudad, no le gustaba el calor, ellos que tanto lo habían soportado mientras labraban la tierra, trillando, segando, recolectando. El calor en la ciudad les encerraba en casa, les impedía el paseo diario, la charla con los conocidos, vivir la calle. …


Querida compañera,

Te escribo estas líneas después de un día duro. Para nosotras no hay aplausos, somos las que intentamos hacer la cuarentena más llevadera a las personas sin hogar, cómo va a aplaudir la sociedad a las que ayudan a los más repudiados, a los considerados parásitos del sistema, a los pobres, a los “moros”, a los “locos” y a los “yonkis”. A todo ellos en esta cuarentena se les ha dado una cama a cambio de que no estén en la calle y puedan contagiar al resto. En toda España se han creado estos albergues de emergencia, no…


Te busco en cada bici que pasa ante mí. Entorno los ojos para saber si eres tú, si tienes el pelo largo o corto, si sonríes o estás triste. Pero agudizo la mirada y veo que no eres tú sino otro. Y mi corazón se parte un poquito.

Pienso si pensarás en mí. En las excursiones y las bromas, en las horas y horas juntos sentados en sillas de madera verdes, en las peleas a tortazo limpio y los partidos de voleibol con un globo en el patio. En la quinta temporada de Doctor Who y la trilogía de Piratas…


Valladolid, 21 de abril de 2020

Hola, papá:

Espero que al recibo de esta estés bien, aunque sepa que eso no ocurrirá, que nunca leerás esta carta. Pero espero. Como sólo quienes no tenemos fe esperamos los milagros.

Te escribo ahora porque he leído sobre un proyecto llamado Cartas de interior e inmediatamente he querido enviar una y he pensado en ti. En usar las palabras que no diré para decirte lo que de todas maneras daría igual que te dijera.

Soy tu hija Carmen, papá. Tu hija cardo, tu hija mayor, a veces demasiado, tu hija errada.

Soy Carmen…


En estos días de confinamiento creo que todos tenemos esa parte de nostalgia que nos hace recordar. Y que en ocasiones, ya sea inconscientemente o por la súbita necesidad de verlos, abrimos los viejos álbumes de fotos que teníamos casi olvidados en la estantería y nos dejamos llevar por ese mar de recuerdos.

Ese mar de recuerdos que, al volver cierta hoja, da la sensación de desaparecer, pero no. Torna en un mar de lágrimas que, a pesar de que ya sabías que iban a salir si abrías esas páginas, has decidido liberar.

Has descubierto fotos de vacaciones pasadas, de…


Os pusieron ese nombre por vuestra resistencia. Porque a pesar de que os corten de cuajo de vuestras raíces, mantenéis el color y el brillo como si estuvierais siempre vivas. Siemprevivas. Ahora que paso tanto tiempo entre estas cuatro paredes os miro y me pregunto cuánto tiempo lleváis ahí, yo ya lo he olvidado. Pero seguro que habéis sido testigos de mis tristezas y alegrías, de días de sol y lluvia a través de las ventanas, de horas y horas de trabajo frente al ordenador, tecleo rápido, vertiginoso, en busca de literatura. Estáis ahí calladas, pero coloridas, vivas, siempre vivas…


La primera acción involuntaria de mi cuerpo al despertarse no ha sido despertarse: ha sido pensar en tu muerte.

Si mi cuerpo fuese tolerante al desangro, me estaría desangrando, lo prometo.

Llevamos más de una cuarentena en cuarentena y pienso, como pensamos todos, y se me agolpan al galope imágenes de la niñez. Imágenes que he recreado con ayuda de la tecnología más mentirosa: el recuerdo de mi madre, el recuerdo del recuerdo de mi padre, las palabras cada vez más alejadas, en otra lengua diferente, de quien ha construido lo que pensaba que era mi niñez.

Me acuerdo de…


Abril 29 del 2020, en el que la cima de montaña hoy se siente abismo.

Sí, hay días y días. Llevo tres en que no puedo ni mirar largo, tampoco muy adentro. No hay preguntas que esperen respuesta, ya ni una sola. Me cansé de preguntarme cosas.

Reniego de ti, también, a veces. Y me digo lo absurdo de esculpir tu existencia. Otras, te espero como espero que llueva. Ese milagro.

Ha dejado de llover, arreció el calor y sólo quiero dormir largo, pero tampoco lo consigo. Los sueños se han vuelto retorcidos, trenzan a todo tipo de gente: la…


Querida yo del futuro. Me pregunto quién serás. Cómo serás. ¿Seguirás llorando por las tardes como yo, o habrás entendido por fin que abrirse es mucho más valiente que cerrarse? Tú tendrás que ser valiente, y arrastrarme a mí, a la otra y a la niña cuando salgas a las calles desiertas y hambrientas de pisadas, armada con la mascarilla de rayas que te hizo mamá y unos guantes de látex. Lo siento, yo del futuro, pero te necesitamos. Tienes que hacer lo que nosotros no hemos podido o no hemos querido hacer. No pudimos y no quisimos porque tuvimos…


Hola, no sé tu nombre ni tu edad y mucho menos dónde vives, pero lo que si sé es que eres una persona luchadora que va a vencer a este virus y dentro de poco podrás salir a abrazar a tu familia y ver a tus seres queridos. Tengo 16 años y, si te soy sincero, yo no sabría vivir con el virus, pero seguro tiene que ser muy duro y lo peor de todo es no saber cuándo vas a poder ver a tu familia, pero el mundo no se acaba aquí, porque un montón de cosas te esperan…

Cartas de interior

Ahora que nuestros cuerpos pertenecen a unos espacios concretos y delimitados, la palabra puede servirnos de refugio y ventana.

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