Un bipolar abandonado

Esta es la última vez que te escribo y sólo es para desahogarme, no pretendo nada más, no pretendo lastimarte ni conmoverte. Quiero que sepas que estoy devastado y comienza a corroerme un rencor hacia ti. Estoy profundamente lastimado y sabes lo que eso significa en mi condición, no me puedo ni levantar. Por un lado agradezco tu sinceridad; por otro, condeno que haya sido hasta ahora y justo cuando pasó lo de Wash. Si tenías claro todo esto, no debiste hablarme desde el primer momento en que te busqué, tus cortesías terminaron siendo una condena. ¿Por qué entonces pediste y aceptaste mi ayuda con lo del proyecto de investigación o por qué me citaste para que te ayudara con lo de tu trabajo y por qué tantas veces aceptaste mi ayuda para irte a tu casa? ¿Por qué nuevamente tomaste algo de mí si al final me ibas a desechar? No lo concibo como tampoco concibo que abandones a Wash, nadie que sea buena persona podría hacer eso. Era tu perro. Tú lo abandonaste y el universo te lo cobrará, no yo.

¿Sabes por qué la primera vez que te busqué volví a desaparecer? Hubo un día en que te molestaste porque no te apoyé con el taxi, un día en que salimos tarde de las oficinas de una ONG a la que íbamos a apoyar. Me comunicaste tu molestia, me disculpé y para la siguiente ocasión te pagué el taxi. Te pedí que me mandaras un mensaje de que habías llegado bien. No lo hiciste ni agradeciste y tardaste días en comunicarte. Por eso desaparecí, siempre has sido así. Sé que no lo reconocerás porque todo lo buena que eres para interpretar los defectos de personalidad de los otros no lo aplicas en ti. Careces de autocrítica. Pero así eres, mal agradecida.

Parece como si inconscientemente creyeras que el mundo tiene la obligación de ayudarte y tú no tienes ninguna responsabilidad en agradecer la ayuda. Es por eso que todo lo que te di, que fue mucho, muchísimo, ni siquiera lo percibes ni recuerdas. Vaya, ni siquiera creo que recuerdes cómo lograste financiar tus diplomados de género de donde sacas los conceptos con los que ahora me etiquetas. Podría hacer una enorme lista de todo lo que te di desde que te conocí hasta la semana pasada, pero no tiene caso, no lo verás, no lo reconocerás. Tú interpretas, condenas y listo. Está bien, es tu manera de salir adelante. ¿Pero sabes algo? Me duele mucho y me duele más haberte dado tanto. Cuando una persona es mal agradecida simplemente no merece nada. Me arrepiento, en verdad te lo digo. Y te lo digo clara y honestamente, aunque en este momento ya me estés crucificando como violento.

Lo digo porque necesito sacarlo no porque intente que lo reconozcas, así es que puedes clasificarme como desees. Yo no te deseo mal ni tampoco bien, que te vaya como te tenga que ir. No intento hacerte daño, aunque por dentro tenga ganas -he de confesarlo-, lo único que quiero es sacarme todo esto que traigo por dentro para poder terminar con este capítulo. Me diste momentos tiernos, y los agradezco, aunque sé que muchos de ellos fueron falsos.

Hay un tipo de personalidad que se llama “explotadora”. Eso eres tú, así eres tú. Y cuando una persona es así, muchas de las cosas que hace son para beneficiarse, por lo tanto no son genuinas. Por eso es que un día te vas porque no sientes nada hacia mí, en todo caso rencor, pero unos días antes dejas que te ayude. Te aprovechaste de mí. Y fueron muchas veces. Es más: si tu dignidad y rencor fuera reales, devolverías todo lo que te di, pero como te sirven las conservas. Sólo conservas lo que te sirve, lo que te es útil,. Lo que no te provee sino te exige, lo desechas, como al Wash o a un bipolar. Ni siquiera fuiste capaz de ayudar alguna vez a tu propio perro.

Estoy seguro que con el tiempo te perdonaré y también estoy seguro de que con el tiempo te agradeceré que te hayas ido. Porque no quiero para mí ni para Wash una persona explotadora e indolente, que sólo busca su beneficio personal, aunque sea inconscientemente, pues -como tú dices- el daño es el mismo, es real.

Cuídate. Estas son las últimas palabras que te escribo y lo último que sabes de nosotros. Que la vida te de todo lo que tú das.