El artista y el carpintero
Hace unos días me topé con una discusión muy interesante en uno de los grupos de informáticos en los que participo. Esta discusión giraba en torno a quejas de webmasters sobre colegas suyos que en lugar de desarrollar sitios web from-the-scratch sólo compraban templates y entregaban sus proyectos a precios difíciles de competir. El asunto fue planteado como un deshonor a la profesión.
En un punto determinado de nuestra carrera, a cada profesional (en especial los que nos orientamos a tecnología), nos puede llegar a frustrar ver como nuestro producto o capacidad de producción son desestimados y devaluados al entrar en escena nuevos actores que logran resultados que desde el punto de vista técnico no son mejores que los que nosotros podemos alcanzar, pero desde el punto de vista comercial se convierten en productos que cumplen con las expectativas del cliente y/o el consumidor.
Con el tiempo y grandes fracasos aprendí un concepto importantísimo, que aunque le robe completamente el glamour a la profesión, siendo pragmáticos, es un concepto valioso. Se trata de la diferencia entre el artista y el profesional.
Verán, si a un artista y a un carpintero les pido que me construyan cada uno una silla, aunque tomen caminos distintos según su know how, su instinto o su experiencia, ambos terminarán entregándome una silla. La del artista es casi seguro que será la más original y quizá la más bella, mientras que el carpintero va a lograr una silla como las que encuentro en cualquier mueblería. Al artista podría tomarle semanas lograr la silla que le pedí, y podría terminar constándome mucho más de lo que tenía presupuestado. En cambio, el carpintero podría entregarme la silla esa misma tarde, y a un costo acorde al mercado. Si buscara una silla para el comedor de mi casa, con cuál me quedo? La diferencia primera entre el artista y el profesional es que el artista no necesita ajustarse a un presupuesto, el profesional sí.
Tenemos que dejar de construir productos a partir de la tecnología y construirlos a partir de la necesidad y del escenario en que va a implementarse, a partir de las personas.
Los profesionales, en más ocasiones de las que quisiéramos aceptar, tendemos a calificar cada producto bajo un único criterio: la tecnología en la que nos hemos especializado. Es obvio, es nuestro criterio más robusto. Pero si lo que buscamos es lograr productos que el cliente compre, y que el consumidor use, tenemos que dejar de enfocarnos en la tecnología y en su lugar en los casos de uso. Tenemos que dejar de construir productos a partir de la tecnología y construirlos a partir de la necesidad y del escenario en que va a implementarse, a partir de las personas; y en función de éstos determinar la tecnología. Lo más fácil es ir al revés, lo sé. Cuando nos volvemos diestros en una tecnología determinada queremos aplicarla en cada cosa que hacemos, pero no siempre será la adecuada; como no lo es una silla de artista en la mesa de mi comedor de clase media.
