No quería dejar de escribir sobre lo que pasó ayer en Plaza de Mayo, pero debo admitir que sí prefería dejar que transcurran las horas desde que regresé a casa hasta hoy. Por lo menos, necesitaba tomarme un día para contar mis sensaciones. Y he aquí, pasaron más de 24 horas desde que comenzó la marcha.

Fui porque lo sentí. Sentí que debía estar. No sabemos porque sentimos lo que sentimos. ¿Por qué amamos a alguien? ¿Por qué somos de un equipo de fútbol? ¿Por qué tomamos ciertas decisiones? La mayor respuesta a estas preguntas se encuentran en esta justificación: porque lo sentimos.

Soy hijo de la democracia. Una democracia que en mi país fue bombardeada, golpeada, acuartelada y siteada. Pero que al fin y al cabo desde 1983 se estableció de manera ininterrumpida (aunque haya muchos que aún la quieren lastimar).

Decía que ayer fui por mí y porque lo sentí. Pero también fui por ellos, los 30 mil, por los 90 periodistas desaparecidos (que hacían lo que trato hacer desde mi humilde lugar: informar las cosas como son), por los que ya no están y honraban la memoria y por los que están, pero no pudieron y viven lejos. Por las madres y abuelas, que ayer estuvieron rodeadas de todos nosotros, pero que cuando era la hora de la verdad estaban en la misma Plaza, pero solas y a la espalda de todos; sin embargo nunca tuvieron odio ni rencor, solo pregonaron los tres pilares fundamentales sobre los que construyeron su historia: Memoria, Verdad y Justicia.

Foto de Edgardo Gómez (https://www.facebook.com/edgardo.gomez.712)

Fui a la Plaza pero no llegué. Escuché el acto desde Diagonal Norte porque más allá el mar de gente impedía que avancemos. Fue una alegría no poder llegar a la Plaza, porque significó que la convocatoria fue un éxito.

Las ideas políticas se hicieron todas a un lado y se decidió que los límites no podían traspasarse y es por ello que todos (quienes no militamos y quienes si lo hacen) llegamos al acuerdo de que el 2x1 a los genocidas era un nuevo ataque que estaba sufriendo nuestra democracia.

Ayer sentí que todos somos hermanos y que queremos que en nuestro país no haya más injusticias. Y les demostramos a aquellos que quieren desestabilizar, que el esfuerzo que las madres y abuelas hicieron durante estos 41 años no fue en vano, y que la sociedad argentina, de una vez por todas, decidió como política popular que no haya más genocidas caminando entre nosotros .

Les demostramos a las abuelas y madres que vamos a seguir por su camino de lucha pacífica cuando ya no estén, y que año tras año seguiremos en la incansable búsqueda de quienes no conocen su verdadera identidad.

Ayer sentí que por más fuerte que sea la tormenta, en algún momento va a parar y siempre habrá un dejo de esperanza. Porque así lo decidimos como sociedad luego de que se hayan dictado las leyes de obediencia debida y punto final. Porque así lo decidimos como sociedad luego de que hace una semana se haya abierto la posibilidad del 2x1 a los genocidas.

Ayer sentí que aprendimos que “un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro, y está condenado a repetir su historia”. Es por ello que ayer volvimos a decir “Nunca más. Ningún genocida suelto.” Y es por ello también que buscaremos siempre “Memoria, verdad y justicia”.

Gracias Madres y Abuelas de Plaza de Mayo por enseñarnos a luchar sin odio ni rencores, solo con justicia.

foto: AFP
One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.