Un alma que corre (Zorba el griego)

Todos tenemos en la cabeza la imagen de Anthony Quinn bailando el sirtaki, con la camisa arremangada, la corbata floja en una playa del Mediterráneo, sin embargo desconocía la existencia de la novela de Nikos Kazantzakis. La historia es sencilla, un escritor viaja a Creta para explotar una mina y en esta loca expedición se enrola el misterioso y vital Zorba.

Zorba es todo lo que el escritor no es, Zorba es la frescura, la inocencia, la naturaleza, el disfrute, la lujuria, la gula del mundo y, por encima de todo, un ser libre.

Su alma avanza más rápido que el mundo.

El corazón de la novela es el aprendizaje de vivir sin miedo, comiéndose el mundo en cada momento, aprender a mirar devolviendo la virginidad a aquello que se mira: viento, mar, fuego, mujer, pan. Con la inocencia de un nido, el hambre de un joven y la sabiduría del que acumula cicatrices.

Mientras la vida en Creta avanza, el devenir d ella mina, el loco proyecto de un teleférico, el atraso del pueblo, la pobreza, la incultura y la soterrada violencia. Y en ese paisaje sobresale Zorba, el hombre libre, feliz, mujeriego, músico, cuenta cuentos, que impregna cada página con su fuerza. El escritor se contagia, ríe, se baña en el mar, aprende a bailar y a amar (¡esa viuda!), aunque como en todas las fiestas hay un momento en que la música se acaba y la sombra de la muerte cruza sus días.

El escritor nunca volverá a ser el mismo, será una versión mejor que nunca olvidará las enseñanzas y canciones de Zorba.

Si una cosa has decidido, sigue valiente tu sueño;elige ser joven siempre y no cedas en tu empeño.

El mundo iría mejor con más Zorbas ven él, aunque siempre nos queda el consuelo de habernos contagiado un poco de su espíritu.