La formación ciudadana y la construcción de memorias a través de la fotografía y los relatos, desde un enfoque de derechos

Catalina Villalobos Poveda

El museo de la memoria construye su relato en gran medida a partir de registros audiovisuales y fotografías. Fueron estos dos tipos de registro, los más valiosos en mi experiencia al recorrer el museo, puesto que me permitieron reconstruir la historia sobre lo que pasó desde dos lenguajes distintos, desde emociones y encuentros diferentes.

Los registros audiovisuales me permitieron vivenciar lo ocurrido desde la exposición de momentos claves del golpe de estado por ejemplo, así como también del encuentro y desencuentro de distintos puntos de vista, invitándome a sentir empatía a partir de los relatos de aquellos que sufrieron de la vulneración de sus derechos durante el periodo. Esto mismo es lo que me ocurre con otros elementos tangibles exhibidos en el museo, como cartas y testimonios de detenidos desaparecidos, o de sus hijos.

Por otro lado, la fotografía me invita a observar e interpretar la realidad, interpretar este “momento privilegiado convertido en un objeto delgado que se puede guardar y volver a mirar” (p. 35), como lo denomina Sontag (2004). Así, permite mantener la memoria y re-significarla con mayor libertad que los registros audiovisuales, a partir de lo cual es posible comprender la realidad desde no tan solo la fortificación de la conciencia ni la compasión, como es el caso de lo audiovisual, sino que también invita a corromper estos sentimientos, puesto que “las imágenes pasman. Las imágenes anestesian. Un acontecimiento conocido mediante fotografías sin duda adquiere más realidad que si jamás se hubieran visto” (Sontag, 2004, p. 38).

En este sentido, al igual que relacioné los registros audiovisuales con los relatos presentes en cartas y testimonios, creo que la fotografía se puede ver muy vinculada con los dibujos de los niños y niñas. Esto, puesto que los dibujos también invitan a una interpretación a partir de lo observado. Los dibujos, al igual que las fotografías, no sólo evidencian lo que sucede, sino lo que la persona ve, no constituyen entonces sólo un registro, sino que más bien una evaluación del mundo (Sontag, 2004).

Así, en un comienzo, este ensayo se remitiría a la formación ciudadana y la construcción de memorias con un enfoque de derechos, desde la fotografía y los relatos. Ahora, tras lo reflexionado en los párrafos anteriores, me gustaría añadir también el dibujo, el dibujo de los niños y niñas, y su poder como lenguaje propio de la infancia.

Al hablar de formación ciudadana, se entiende como una necesidad ante la convivencia con otro (Riquelme, 2016), formando a los niños a convivir con los cercanos (Dimensión civil) y más importante aún con los que consideramos distantes (dimensión cívica), de modo de tributar un bien común. Así, como Riquelme (2016) plantea, se lograría una ciudadanía compleja, donde se vive en sociedad con el distante, articulando la diversidad, y desarrollando valores cívicos como la justicia social, diversidad, democracia, derechos humanos, bien común, pluralismo, cohesión social, entre otros, los que se relacionan directamente con nuestro tarea de interrumpir la desventaja en la educación.

En este marco, la construcción o resignificación de memorias, se hace una tarea urgente al hablar de formación de ciudadanos críticos y socioculturalmente comprometidos (Cuenca, 2013), puesto que necesitamos la memoria histórica, entendida como “la facultad que se tiene para conservar los acontecimientos, los fenómenos, los sentimientos, los ideales, las normas, acostumbres y los valores autóctonos, genuinos que caracterizan a una nación” (Reyes, 1999, en Reyes, Arteaga y Jevey, 2003, p. 137) , para la formación de la identidad del ciudadano, pudiendo trasladar así estos aspectos al plano de la conciencia histórica.

Es en este punto, cuando hablamos de memoria y conciencia histórica en el contexto nacional, donde no podemos dejar a un lado la vulneración de los derechos humanos. No es posible pensar en formación ciudadana, dejando en el olvido lo que todo un pueblo sufrió, ni tampoco podemos dejar de relacionarlo con muchas realidades de hoy en día que siguen siendo vulneradas. Así, me gustaría afirmar que para formar ciudadanos críticos, con conciencia histórica, es necesario educar con un enfoque de derechos, considerando siempre que la conciencia histórica necesita de la experiencia para su formación (Reyes, Arteaga y Javey, 2003), y esta experiencia debe ir de la mano con el conocimiento de los derechos humanos y de los niños y niñas y el respeto hacia cada uno de ellos.

Así, dentro de este museo, hablar de memoria, ciudadanía y derechos, se hace posible y torna sentido a partir de los distintos recursos que conforman el relato del espacio museal, tomando fuerza y carácter con el gran mural de fotografías de detenidos desaparecidos. Un mural, que nos permite reflexionar, nos permite observar a la alteridad; al igual, y al diferente, y sentir algo. Es un mural que nos conmueve, que nos ocasiona un conflicto, lo cual es propio de convivir. Propio y necesario al ejercer la ciudadanía (Riquelme, 2016).

La fotografía nos acerca a lo inimaginable, como plantea Didi-Huberman & Miracles (2004), lo que abre un mundo nuevo de conocimiento y entrega unos lentes nuevos para observar nuestro mundo, nuestro pasado, nuestra historia, nuestra memoria. La fotografía, nos da herramientas para construir nuestra identidad individual y colectiva, más aún cuando la persona no está muy habituada a la lectura (Sontag, 2004), como es el caso de la primera infancia.

En este sentido, los niños y niñas tienen en la fotografía un mundo de posibilidades a partir del cual pueden construir conocimientos, identidad y cultura. Asimismo, la fotografía en el marco del museo de la memoria y los derechos humanos, permite crear conciencia sobre nuestros derechos como personas, como niños. Permite formar niños y niñas, ciudadanos y ciudadanas, con pensamiento crítico a partir de la memoria colectiva, a partir de la re-significación del patrimonio cultural impreso en estas imágenes, a partir también de los dibujos de otros niños y niñas, lo que junto a las fotografías de los detenidos desaparecidos, les permitiría sentir empatía, comprendiendo que todas esas personas, y todos esos niños, vivieron situaciones que vulneraron sus derechos. Nos invita a hacer un paralelo con el presente… ¿Cómo se respetan tus derechos hoy?

Por otro lado, los relatos presentes en los recursos audiovisuales del museo contienen emociones a partir de recuerdos y olvidos. Estos permiten e invitan a conmoverse, pues la naturaleza del ser humano está diseñada para sentir dolor cuando observamos dolor. Es lo que llamamos empatía, ese momento en que nuestros cerebros entran en la misma sintonía que aquel que observamos sufrir (Gilman & De Lestrade, 2016), es el momento en que se activa la misma área del cerebro que aquel que sufrió hace tantos años atrás.

Los relatos dentro del museo de la memoria, nos permiten revivir el dolor y la agonía, y sentirnos por un día como si fuésemos parte de ese gran momento histórico. Así, construimos sentido de pertenencia, basándonos en la alteridad sin importar si es alguien cercano o distante, alguien igual o diferente. Esto, es lo que se necesita para la formación de ciudadanía, una ciudadanía crítica que se conmueve con el dolor ajeno, puesto que convive con otros diferentes, en un plano tanto cívico como civil, como nos plantea Riquelme (2016).

Sin embargo, si bien la naturaleza humana está diseñada para sentir empatía, es también un impedimento cuando la persona que sufre es considerada radicalmente opuesta a uno. Los mecanismos que guían el sentir empático no funcionan igual cuando existe un rechazo ante las personas que no forman parte del grupo con el cual nos identificamos (Gilman & De Lestrade, 2016). Coincido en este punto con el profesor Riquelme (2016), al hablar de que no existe política sin pluralidad, sin confrontación de sentires. Por lo tanto, todos debemos perder algo para alcanzar el bien común, ya que buscamos un con-censo.

Esto, no constituye más que una razón más, para acercar a los niños y niñas a memorias de este tipo. Se hace más que necesario que desde pequeños sean capaces de formar cierta opinión crítica, basándose en el respeto hacia el otro diferente, y no desde el rechazo que les podría causar su opinión política, su status quo. Así, el estar juntos en sociedad no se plantea tan difícil como lo vemos los adultos, sino que en los niños y niñas se ve como una posibilidad de cambio social, donde finalmente, a pesar de nuestras ideologías y la cultura que construyamos a medida que nos formemos, tendremos esta base de empatía que nos permite e invita a conmovernos con el otro cercano y distante.

Por último, me gustaría remitirme al enfoque de derechos al cual he hecho alusión durante este escrito, y la relación que guarda con la formación ciudadana y nuestra memoria individual y colectiva.

Al hablar de enfoque de derechos, hago referencia a la importancia de los derechos humanos y de los niños y niñas en especial. El formar desde un enfoque de derechos, hace alusión a valorar y garantizar los derechos como tal y no como necesidades. Así, se releva el Derecho a la Educación desde el nacimiento, por ejemplo, lo que se define, según Blanco (2012), como aquella educación que, en primera instancia, promueve el desarrollo integral de las personas y cuya calidad no se valora tan solo por los resultados, sino también por la calidad de los procesos educativos y los insumos necesarios para alcanzarlos. Mencionando como señales de calidad la relevancia, la pertinencia, la equidad, la eficacia y la eficiencia, todo esto fundamentado en el respeto de los derechos humanos.

Es en este punto que me hace sentido, y vuelvo a relevar la fotografía como un recurso pedagógico valioso e indispensable, pero ya no tan solo desde lo que podemos rememorar a partir del pasado más lejano sino que también las memorias más cercanas de los niños y niñas. Las memorias en torno a sus aprendizajes dentro de la escuela, de la formación de una comunidad de aprendizaje. La fotografía aparece aquí como un potencial recurso que refleja lo que el niño y la niña construyen, aprenden, junto a los demás, en este espacio bajo un enfoque de derechos, y no de necesidades.

Así, se entiende que la documentación pedagógica, va más allá del “documentar” del que habla Sontag (2004) en su libro. La documentación pedagógica, como Oken-Wright (2001) plantea, también permite descubrir la belleza; la belleza de los procesos de aprendizaje, plasmada en las miradas de los niños y niñas al interactuar con los demás o con el material, lo que invita a interpretar, rememorar y re-significar una y otra vez el aprendizaje a partir de este momento capturado.

Las fotografías, junto con los dibujos o trabajos de los niños y niñas, tienen mucho para decir sobre el patrimonio personal de cada uno. Les permiten sentirse identificados con la comunidad de aprendizaje (Fontal, Gómez & Pérez, 2015), a partir del sentido de pertenencia que tiene para ellos su sala, donde encuentran las documentaciones de lo que ellos hacen y piensan, llenas de fotografías y dibujos que les recuerdan e invitan a compartir con los demás sus memorias. Así, la fotografía se configura como un espacio de intercambio ideal para rememorarnos.

En conclusión, al hablar ya sea de fotografía, dibujo, de registros audiovisuales o de relatos, estamos hablando de recursos portadores de patrimonio, de memoria, y por tanto formadores de identidad y ciudadanía. En este sentido, se hace necesario de abordar la valoración de los derechos humanos, ya sea desde la vulneración de ellos y la formación de empatía, o desde la garantización de ellos a través de una educación basada en un enfoque de derechos. Es en ambos casos donde la fotografía adquiere un especial valor, al invitarnos a reinterpretar la realidad, compartir nuestras memorias, y construir cultura.

Referencias bibliográficas

Blanco, R. (2012). Una atención y educación de calidad en la primera infancia puede hacer la diferencia. Revista Docencia n° 48, 4–17.

Cuenca, J.M. (2013). El papel del patrimonio en los centros educativos: hacia la socialización patrimonial. Tejuelo. Didáctica de la Lengua y la Literatura. 19. Pp. 76–96.

Didi-Huberman, G., & Miracle, M. (2004). Imágenes pese a todo: memoria visual del Holocausto. Barcelona: Paidós.

Fontal, O., Gómez, C. & Pérez, S. (2015). Un modelo posible. En Didáctica de las artes visuales en la infancia Colección: Didáctica y Desarrollo. pp 139–183.

Gilman, S. & De Lestrade, T. (Director/Productor/Guionista). (2016). The altruism Revolution. [Video]. Francia: Via Decouvertes production.

Oken-Wright, P. (2001). Documentation: Both mirror and light. Innovations in Early Education: The international Reggio exchange, 8(4), 5–15.

Reyes, J., Arteaga, F. & Javey, K. (2003). La enseñanza de los valores patrimoniales en la enseñanza primaria en Cuba, en E. Ballesteros (2003) El Patrimonio y la Didáctica de las Ciencias Sociales, pp. 135 a 141.

Riquelme, S. (2016). Prioridades de currículos escolares post-autoritarios de ciudadanía y su relevancia para el desarrollo democrático y la cohesión social: los casos de Chile y Argentina (1990s-2000s). Ponencia a ser presentada en: XV Congreso Nacional de Educación Comparada, Ciudadanía Mundial y Educación para el Desarrollo. Una Mirada Internacional. Sevilla (España).

Sontag, S. (2004). Sobre la fotografía. Madrid, España: Penguin Random House.

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