Fuzzilactic: el talento de ver la belleza de la vida

Francisca Urra (27), alias Fuzzilactic, ve la belleza donde otros no la ven. Aquella que está a simple vista, pero parece escondida para muchos. Tiene más de 5000 seguidores en Instagram, plataforma en la cual expone su trabajo. Disfruta lo que hace. Sus seguidores disfrutan lo que hace. Y cada vez gana más renombre.

Por Catalina Martínez Sandoval.

Enigmas en Nuevas Galaxias, ese era el nombre del festival organizado por Cohete Lunar. Era domingo 21 de octubre a las 12:00 hrs. Francisca Urra, también conocida como Fuzzilactic, había llegado al Hub Providencia, ubicado cerca del metro Manuel Montt, junto a un amigo, quien era igualmente ilustrador. Compartirían una mesa en el evento para exponer sus trabajos. Pusieron todo el material sobre el stand, y a las 13:00 hrs comenzó a llegar la gente.

Fuzzilactic era una joven de baja estatura, 1,55m tal vez. Tenía cabello liso y medianamente largo, de color castaño oscuro. Aunque durante el evento usaba una peluca celeste con tonos rosados, y unas orejas con lunares, era parte de su personaje como artista. Ojos café oscuro, y una mirada cálida que hacía juego con su rostro delgado.

Fue un día agitado. Las personas iban y venían. Daban un par de vueltas por los puestos, hasta que decidían que comprar. El aire era fresco, hacía más soportable el calor que generaba el tumulto de personas. De repente, una niña de al rededor de 13 años, acompañada de su mamá, se acercó al puesto de Fuzzilactic. La joven hizo unas cuantas preguntas, y luego le regaló un pin hecho a mano a la artista. Era una inspiración para ella. La ilustradora le dio un par de cosas a la niña por el gesto. Estaba enternecida y feliz. Ya antes le había pasado. Le alegraba que su trabajo tocara de esa forma a las personas.

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Francisca Urra tenía 12 años cuando comenzó a dibujar. Miraba a sus amigas mientras dibujaban, y asistía a talleres de arte, aunque le enseñaban a usar los materiales más que a dibujar. Ella aprendió observando. Formó parte de la generación que creció viendo animé en la televisión, como Sakura Card Captor, Dragon Ball y Dragon Ball Z, los Súper Campeones y Pokémon. Los colores, las formas, y la animación de tales caricaturas llamaban mucho su atención, y comenzó tratando de imitarlas. Copiaba las láminas de álbumes, dibujaba personajes y escenas que le gustaban. “No podría decir que era talentosa, la verdad es que dibujaba pésimo”, dice mientras ríe. La práctica hace al maestro, y Francisca es la prueba de ello: su cuarto siempre estuvo lleno de croqueras con cientos de dibujos. Ensayo y error.

No toda la inspiración de Francisca provino del animé. Con la aparición de Fotolog, sitio de blogs fotográficos, fundado en el año 2002, descubrió a muchos ilustradores chilenos. De fotolog pasó DeviantArt, creado en el año 2000 como un espacio virtual para mostrar arte, y que para el año 2007 agrupaba a más de 4.5 millones de artistas de todo el mundo. En dicha plataforma, Fuzzilactic descubrió a Parororo (Maximiliano Cabrera), un ilustrador chileno (con más de 61.000 seguidores en Instagram actualmente), conocido en ese entonces como Pyromaniac, a quién Francisca recuerda con mucho cariño. El estilo de Parororo y las temáticas que ilustraba hacían que, como adolescente de la época, se sintiera identificada. Además, para Francisca, el artista representaba el que el arte no necesita de materiales costosos para realizar una buena obra, o ser un mejor artista, pues Parororo dibujaba con materiales accesibles para cualquiera.

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Cuando el hobbie de Francisca pasó a ser su vocación, la carrera de Ilustración no existía aun en Chile. Entonces optó por estudiar Diseño Gráfico. Francisca cuenta que en ese entonces, la carrera era mal vista por el reducido campo laboral y el mal sueldo. Actualmente, según la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), los recién egresados de dicha carrera cuentan con un 63,8% de empleabilidad, y un sueldo de $619.448 al primer año de trabajo. Cuando le comentó a su familia sobre la decisión de estudiar Diseño, la noticia no fue muy bien recibida. Sobre todo por su mamá. No quería que su hija estudiara Diseño Gráfico, la consideraba una ocupación de poco peso. Prefería que estudiara Arquitectura, una carrera más consolidada y con mejor sueldo. “Aunque si le hubiera dicho que quería estudiar Ilustración, probablemente me hubiera dicho que prefería que estudiara Diseño”, dice. Finalmente su familia vio que estaba a gusto en la carrera, le iba bien y le apasionaba. Lo terminaron aceptando.

El Tercer Ojo

Fuzzilactic busca representar en su arte la alegría de las emociones, de la vida y de los colores. A veces siente que la gente no aprovecha estos últimos como podrían hacerlo. Cada artista tiene su rasgo personal, y el de ella son los colores que utiliza: intensos, cálidos y fríos, pero con mucha vida. Se ha hecho con una gama cromática de colores muy característica de su trabajo. Adora las expresiones exageradas, que se note bien el sentimiento del personaje que está ilustrando. A pesar de que ella define su estilo entre lo “kawai” y el animé cartoon, siempre trata de mantener rasgos que se caracterizan dentro de lo tierno, lo bonito y lo redondito.

Su amor por la vida la llevó a crear el personaje que llamó “El tercer ojo”. Una chica de cabello largo y ondulado de color celeste y toques rosados, tres ojos de color violeta, y orejas celestes con lunares negros. A través de este personaje ella se caracteriza, utiliza una peluca y orejas, las personas la reconocen así. Para Francisca, su personaje va más allá de las creencias místicas y trascendentes del concepto del tercer ojo. Para ella representa la magia y el misterio. A través del tercer ojo puede ver lo bello de las personas y de la vida. Las situaciones fantásticas que surgen de lo cotidiano. Ver cosas que escapan de la realidad, en un mundo fantástico y onírico. Ver la magia en lo simple. Así es como decidió retratar el mundo que la rodea.

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Vivir de lo que amas no siempre es sencillo. Cuando se graduó, Fuzzilactic decidió experimentar la vida freelance. Trabajar independientemente. Descubrió de primera mano lo difícil que puede resultar. Trabajar por su propia cuenta, costear los materiales y buscar a los clientes no tuvo gran éxito al principio. Actualmente, trabaja en la empresa de educación online, ECLASS, en el área de marketing. Se siente resentida por la experiencia del trabajo independiente, pero no le gusta estar encerrada en una oficina. A penas le deja tiempo para dibujar. Es frustrante el no poder hacerlo. Lo siente como una especie de catarsis, como un modo de expresión. Siempre lleva una libreta con ella, y en los descansos en su trabajo, aprovecha de dibujar situaciones o emociones, lo que se le venga a la mente.

El hacer trabajos por su cuenta tiene ciertas complicaciones de costo. La joven ilustradora realiza talleres de técnica y acuarelas en Santiago. A estas instancias han llegado personas de Temuco, Valdivia, de la Quinta Región, y muchos de Santiago. Todo lo organiza por su cuenta. Poner el lugar para el taller, comprar los materiales, y llamar a la gente. Aunque generalmente la asistencia es bastante buena, significa un gran esfuerzo.

También suele asistir a eventos de ilustración como Cohete Lunar, el Asían Festival y la Animé Expo. Son buenas oportunidades de mostrar su trabajo y a ella como ilustradora. Son eventos que atraen mucho público, y las personas acuden especialmente a comprar cosas a los ilustradores. Cuando participa en eventos, la gente le pide consejos, tips e información de la carrera. “Ella acerca a las personas a lo que es la carrera de ilustración, pero también es honesta y les dice que es una carrera en donde se sufre”. Dice Jonathan Céspedes, diseñador gráfico, y pareja de Francisca.

Fuzzilactic, diseñadora gráfica de profesión, e ilustradora de vocación, conoce las dificultades de hacer lo que ama. El lado duro, agotador, y muchas veces mal retribuido, de un trabajo que es hermoso y llamativo. Pero a pesar de todo nunca lo dejó… porque es lo que le apasiona. Porque sabe importante que el ser un simple adorno. No es solo un complemento. Y está dispuesta demostrarlo.