Carta a un amor inesperado

Sin esperarlo, te esperé desde el primer día, incluso antes. En el fondo, siempre quise que llegaras a mi vida. Te deseé aun sin saber de tu existencia. Lo hiciste de forma inesperada. El amor nació desde que te supe y no ha hecho más que crecer con el paso de los años.

Mañana, 26 de julio de 2017, se cumplen siete años de que llegaste a mí. Desde entonces te miro y me inundas de amor. Haces que desde el infinito brote en mí una energía que nunca pensé sentir. Eres alegría, paz, vida, sostén.

En este andar ha pasado de todo. Hemos tocado fondo, cada uno a su manera, pero siempre encontramos la manera de seguir. Y aquí estamos uno para el otro, como tengo la certeza de que estaremos siempre; es un amor que nació en la eternidad y que no terminará con la muerte.

Desde tu inocencia no alcanzas a imaginar lo que me has sostenido ni cuántas veces lo has hecho; no dimensionas lo que tu amor me ha embravecido, lo que me has hecho crecer, lo que me ha ayudado a superar. Cuando percibo el amor que por ti surge desde mi alma me siento como Dios por el amor que tiene por nosotros, sus creaturas.

Hoy solo puedo dar gracias por ti, por tu existencia, por tu presencia en mi vida. Por el don tan grande, el orgullo y la alegría que significa ser tu padre. Eres lo mejor que he hecho, pequeña maestra de vida. Bendigo el día en que naciste, así como lo que me enseñas todos los días. Gracias por tu amor, gracias por tu confianza, gracias por ser motor. Gracias, pequeña mía.

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