El Presentimiento

Hoy salí de mi casa con una sensación extraña, mi casa demandaba mi estadía, como si al cruzar el umbral de la puerta principal no fuese a regresar. Decidí posponer mi responsabilidad un poco porque me dejé llevar por la paranoia, pero al final me advoqué a mi labor, pues ya iba muy tarde a trabajar.

Me encaminé a la oficina y realmente observaba que todo estaba bien, no entendía el porqué de mi estado mental. Mi día fue como cualquier otro, entre cubículo y cubículo repartiendo encomiendas, mensajes, trabajos, emergencias, en fin, puro papeleo.

Se hicieron las 5 de la tarde y con esa hora culmino mi día de trabajo, nada me sucedió, volvería a mi casa sano y salvo, mis alarmas resultaron ser completamente falsas. Salgo del estacionamiento de la oficina en La Florida y decido agarrar la Av. Libertador para un regreso digno. Craso error. Al llegar a la esquina, me obliga a detenerme una cola bestial.

Dos horas después, sigo en la misma esquina y lleno de desesperación. Enciendo la radio para buscar alguna explicación al respecto en los medios, pero todos se encuentran en horario regular, ni siquiera las emisoras de tráfico comentan sobre el embotellamiento tan asqueroso en el que me encuentro. Como los medios no coinciden con la realidad y una vez más son incompetentes, decido acceder a mis propios recursos y averiguar de una vez por todas qué es lo que sucede.

Mi cuerpo desesperado no podía contenerse más en ese pequeño carro y tuve que aventurarme a buscar la fuente de todo este caos. Los sujetos en los otros carros comenzaron a tocar sus cornetas, pues ellos también estaban tan desesperados como yo, pero no me pude detener, me sumergí en un trance citacino y su origen me llamaba.

Me acerqué con pasos acelerados a Plaza Venezuela y observé cómo saqueaban todo tipo de comercios, se llevaban desde televisores y neveras hasta ganados enteros, al ver todo esto, la temperatura de mi cuerpo cambió y mis ojos se dilataron, mis instintos carnales se apoderaron de mi ser y ya no me encontraba en mis cabales.

En cuanto más me adentraba en mi objetivo, menos racional estaba siendo. Decidí entrar en la carnicería del hombre que detesto, a llevarme esas reses que todos llevan en los hombros, mi situación actual, la nueva concepción de mi cuerpo, tan sediento de sangre y carne, me hace sentir invencible.

La euforia se apoderó de mi y por unos momentos quería llevármelo todo, así que entre señas salvajes me entendí con otro para abarrotar el lugar, y comenzamos a saquear el lugar entre los dos agarrando lo mejor. A medida que progresábamos, nos volvíamos más agresivos uno con el otro, hasta que le arranqué la oreja por estarse agarrando la última pieza, me entró el egoísmo, sentía mi victoria acrecentarse.

Mi colega salvaje se encontraba sorprendido y defensivo, pero su reacción fue muy tardía, porque entró una oleada de salvajes y arrasó con ambos hasta el depósito, sin nuestras carnes. La cantidad de personas creó un movimiento brusco que nos encerró a todos en el congelador.

Poco a poco, la adrenalina y la sed de sangre de todos se va desvaneciendo con el frío, a medida que me congelo estoy consciente de no estar siendo buscado por nadie, mientras mi carro está estacionado en el medio de la Libertador, mientras mis carnes robadas que están siendo llevadas por otros animales. Mientras yo me congelo por no haberle parado bolas a mi presentimiento y haber salido de mi casa.

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