Veteranas y nuevos medios

(Nota: Cuando critico un comportamiento en este artículo, lo hago a nivel global. No me estoy refiriendo a ningún medio en concreto, y mucho menos a personas concretas, sino a una actitud generalizada en el sector. No creo que haga falta especificarlo, pero por si acaso, aquí lo dejo.)

La polémica de estos días viene dada por un artículo publicado en Todas Gamers. El texto aprovecha la proximidad del aniversario de nuestro medio de referencia favorito para reflexionar sobre su existencia y lanzar una queja más que necesaria. Como ha ocurrido en no pocas ocasiones (el enfoque de género sigue “picando”, prueba de que sigue siendo necesario), la publicación ha enfadado a mucha gente. La lluvia de críticas se ha debido en este caso a la interpretación literal de esta frase:

Cuando yo fundé esto no había mujeres que escribieran sobre videojuegos. No. No las había. Era algo que no paraba de oír como un mantra.

La reacción ha sido inmediata. Enseguida había un montón de gente reivindicando nombres de chicas cuya andadura en la prensa de videojuegos había comenzado anteriormente a la fundación de Todas Gamers. A estas voces (la mayoría, masculinas) se sumaron las de algunas redactoras y periodistas veteranas, que se habían sentido invisibilizadas por el artículo al considerar que su trabajo no se había tenido en cuenta.

A raíz de que mi nombre fuera mencionado, decidí reflexionar y, por qué no, escribir sobre el tema.

No me considero una veterana en esto (ya que no empecé hace tantísimo tiempo, y mi ritmo de publicación siempre ha sido muy irregular), pero sí afortunada. Hace unos cuantos años tuve diversas ocasiones para colaborar con un par de medios como redactora de videojuegos. De mi experiencia personal en ellos no tengo crítica ninguna, ya que me sentí acogida, valorada y respaldada. No era la única mujer en ninguno de ellos, ni tampoco sentí que el trato hacia mí fuera diferente. Sin embargo, sí que puedo decir que las mujeres que escribíamos sobre videojuegos (ya no en los medios con los que yo colaboraba, sino en general, en el mundillo) éramos minoría, mucho más que ahora.

Cuando leí el artículo, en ningún momento me paré a pensar que ese “no las había” fuera literal, sino que lo interpreté como que había una gran escasez de redactoras. Sí que puedo entender que haya otras redactoras que empezaran antes que yo a las que les ha molestado esa afirmación. Que se reconozca a estas redactoras es muy positivo. Han abierto el camino, sin su trabajo muchas mujeres no estarían escribiendo ahora mismo. Pero me ha dado la impresión de que, en este caso, se les ha reconocido principalmente para dejar en evidencia a Todas Gamers.

Por supuesto, esto no ha sido culpa de estas redactoras. En absoluto. Considero que si alguien tiene derecho a molestarse por esa frase del artículo, son ellas. Pero me incomoda que se utilicen los méritos de unas como arma arrojadiza contra otras, cuando la realidad es que tanto unas como las otras son igual de necesarias. Este cambio que estamos viviendo (lento todavía, pero ya se aprecia un avance) no habría sido posible sin aquellas primeras redactoras que comenzaron a abrirse camino en un mundillo en el que eran minoría. Ni sin los primeros enfoques de género que empezaron a verse en el periodismo de videojuegos. Tampoco sin la creación de una web especializada que ha servido como espacio seguro y animado a muchísimas chicas a aportar su visión sobre el tema. Y, por supuesto, sin los (espero que muchos) medios que seguirán su estela. Que cada vez más mujeres jugamos y queremos escribir sobre el tema es una realidad que se ha ido haciendo más y más evidente a lo largo de los años. Que al principio eran muy pocas es igualmente incuestionable. Esa es la idea con la que, al menos yo, me quiero quedar de lo que se transmite en ese párrafo del artículo en cuestión.

Así que, sí, me siento halagada de que mi nombre haya sonado como redactora de videojuegos, y muy contenta de haber podido formar parte de aquello desde entonces. Le tengo muchísimo cariño a esa época, a la gente a la que conocí y a todo lo que aprendí. Pero no quiero que ese nombre se utilice para pisotear a otras compañeras. Para un momento en el que se reconoce y se está dando voz al trabajo y la opinión de algunas chicas, no me gusta ver en él la intención de silenciar a otras.