Educación, presupuesto y una renuncia anunciada con flores

Me valgo de este post bastante desafortunado de Pedro Fadul para expresar algunas reflexiones personales sobre la crisis actual que enfrenta a estudiantes y Ministerio de Educación en Paraguay. Copio abajo el post original.

“Aumento presupuestario a Educacion. Advertí mi temor al inicio de la sentata y las protestas estudiantiles. Mi temor era, y hoy ya es casi una certeza, que como gran cosa lo que terminará exigiéndose, y consiguiendose, es un aumento presupuestario.
Suena lindo. Pero eso ya vivimos. Y es una tristeza que hoy se tengan que repetir los errores que cometimos nosotros ayer.
El problema no es presupuestario. El problema es cultural y gerencial.
Ya aumentamos 500 y 1.000 x ciento los presupuestos y no se mejoró ni uno por ciento.
Se le dio de comer a consultores, burócratas y desde luego, cuando no, atrás del aumento se mudo la politiqueria. Desde que subieron los presupuestos de ahí salieron primero Nicanor y luego Blanca…Además de miles de políticos de menor relevancia.
Me cuesta entender por qué nuestras inteligencias sociales son tan mediocres. Si en tu vida personal le dieses 1.000.000 a alguien para un trabajo, y no lo hace, o lo hace mal, luego le das 2.000.000, y se lo morfa, luego le das 3, y 4 y 5 y así durante 10 años, y no ves resultados
…¿Cómo es que algunos pueden creer que hay que seguir aumentando?
Quizás lo que hay que hacer es BAJAR el presupuesto para dejar de atraer a la politiqueria y que se vayan a otro lado..
Siento que no vamos a poder evitarlo, pero que tristeza será ver la imagen de miles de jóvenes celebrando el éxito obtenido, sabiendo que detrás de las cortinas se están frotando las manos los plagas vividores del sistema perverso en el cual las víctimas dan de comer a sus verdugos”

Me parece una tremenda equivocación simplificar, de la manera que Fadul lo hace, el problema de un sistema socio-cultural tan intrincado y complejo, como lo es el de la Educación (y sus instituciones) en Paraguay, equiparándolo con un simple ejemplo unidimensional de la relación entre un empleador y su empleado (algo que aparentemente le encanta a la élite económica paraguaya, que cree que todo tiene que ser una “empresa”). Las parábolas sirven para las fábulas, y ahí deberían quedarse. Cuando se habla de políticas públicas, sin embargo, es fundamental que nuestro discurso intente, por lo menos, ser más científico, sistemático, basado en evidencias y no en comparaciones banales. Semejantes simplificaciones le llevan a uno, como a Fadul, a sugerir cosas que podrían ser fatales, como por ejemplo que tal vez tengamos que probar reducir (aún más) el presupuesto público para Educación, que en el 2014 no superó el 4% de nuestro PIB (datos del PGN 2015).

Tiene razón cuando dice que el problema de fondo es cultural: reducir los niveles de corrupción en las élites políticas, económicas y en la sociedad general nos tomará generaciones. Reducir nuestra inversión en educación solo aumentaría el número de generaciones que ese proceso llevaría.

Se va a seguir robando en el MEC? Por supuesto que si, así como se seguirá robando en la administración pública (y privada) por muchos años más simplemente porque la corrupción es un fenómeno social presente en casi todas nuestras instituciones. La corrupción no tiene una salida simple, barata y aplicable en el corto plazo. Por mucho que nos quieran vender la idea de que todo lo que necesitamos es una especie de buen “CEO” para sacar adelante al país, transformar la realidad socio-cultural de la nación seguirá siendo una tarea mucho más compleja que administrar una empresa, y lo único que realmente puede tener un impacto real es el crecimiento de la sociedad civil organizada, acompañado por un incremento serio en la inversión en investigación, ciencia e innovación. Tenemos que profundizar nuestro entendimiento de la problemática, primero, antes que abstraernos con simples metáforas vacías que ni siquiera sirven como modelo aproximado de la misma.

Personalmente, creo que deberíamos apuntar, por lo menos, a retornar al 5% que invertimos en el 2011 (según CEPAL) y si se puede llegar al 7% en los próximos 5 años, para mantenerlo entre 6% y 7% (el porcentaje que le asignó, por ejemplo, Costa Rica en el 2014). Así y todo, estaríamos invirtiendo apenas unos ~$350 por persona por año en educación, cuando países como Chile por ejemplo invierten alrededor de $700 por persona (y eso que Chile destinó solo 5% de su PIB según el World Bank en 2011). Lo cual me hace pensar que, aunque usar el porcentaje del PIB puede ser una métrica útil, verlo en términos absolutos lo es más: porque no apuntar a alcanzar una inversión de más de $1000 por cabeza en los próximos 10 años? (Finlandia, por ejemplo, invirtió 2300 EUR/persona en 2011)

Finalmente, permítanme expresar mi opinión personal sobre la última movilización de los estudiantes, la cual me llena de esperanzas para el futuro de nuestro país y del fortalecimiento de su sociedad civil. Leí que algunos dicen que los estudiantes están manipulados por intereses políticos, que buscaban tumbar a Lafuente porque estaba, en realidad, haciendo bien las cosas. Tal vez algunos de esos “intereses” encendió la mecha de la última protesta, pero el incendio que le siguió tiene una sola explicación: la incapacidad de la ministra de encarar un diálogo inclusivo, que luego pudiera evolucionar hacia un proceso de reflexión y redefinición a largo plazo de la Educación en Paraguay, en el que se incluya a intelectuales, políticos y estudiantes. Si así hubiera sido, la reacción de los últimos días hubiera sido contenida, no se hubiera llegado a la intransigencia a la que se llegó.

Y cuando hablo de diálogo, no me refiero a esta movilización, sino la original, la del año pasado, la que tuvo como respuesta apenas un ramo de flores. Los que hablan de “intereses políticos” olvidan que el reclamo estudiantil empezó ahí, y que la Lafuente simplemente trató de apagar el reclamo en lugar de tomarlo en serio, como debería haberlo hecho. Si Lafuente, con todos sus méritos técnicos, hubiera tenido un poco de empatía, hubiera entendido entonces la necesidad de un proceso nacional, inclusivo, para empezar a transformar la educación paraguaya y sus instituciones. Si hubiera elegido entonces aliarse de lleno al movimiento estudiantil, en lugar de menospreciarlo como lo hizo, hoy serían esos estudiantes sus defensores frente a los supuestos intereses políticos que sus defensores indican son los instigadores de la actual crisis. Cómo si fuera que los intereses políticos nefastos no forman parte del día a día en la política paraguaya y no instigan crisis a cada hora.

El error de la ministra no fueron los casos de corrupción, sino su incapacidad de diálogo y construcción participativa de alternativas para el futuro de la educación. Incapacidad manifestada, no esta semana, sino el año pasado, con un ramo de flores.

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