ANOHNI: la música en tiempos de vigilancia total

Recupero esta reseña sobre el primer disco de ANOHNI, publicada en 2016 en Horizontal. Aquí está la publicación original: http://horizontal.mx/anohni-la-musica-en-tiempos-de-vigilancia-total/

Las revelaciones de Edward Snowden hechas en junio de 2013 no solo pusieron en crisis a la democracia estadounidense: pusieron en la superficie la relación actual que existe entre el cuerpo y la tecnología. Además de los ejercicios políticos del ciudadano –el voto, la opinión pública, etcétera–, los hechos cotidianos, se reveló, también se han vuelto objeto del aparato de vigilancia cibernético. Las filtraciones de Snowden rebasaron ciertas prácticas surgidas, exclusivamente, de organismos gubernamentales. Google y Facebook, más allá de representar avatares y servicios de comunicación, transformaron las identidades de sus usuarios en información capitalizable: los órganos estatales y los privados buscan controlar lo mismo. Como señala Manuel Castells en La era de la información (1996–1998), el cuerpo y la identidad bajo este contexto tecnológico adquieren la misma consistencia que las ondas radiofónicas: se vuelve una transmisión. Castells admite las potencialidades subversivas de esta “identidad global”, pero, a 15 años de sus estudios en torno a las sociedades de información, ¿se podría decir que la vigilancia contemporánea, tanto corporativa como gubernamental, agotan la idea de ciudadano?

En Hopelessness, su álbum debut, ANOHNI (1971) problematiza las aristas de lo que implica “pronunciarse” en torno a las consecuencias de todo esto que acontece, y lo aborda desde la vocalización. En la carrera de ANOHNI, la voz fue y ha sido la característica más señalada. Comparada con Nina Simone y Diamanda Galás por la manera en la que ha hecho del canto algo dúctil, y aclamada por otros compositores como Bjork, ANOHNI ciertamente encarna uno de los timbres más característicos de la música popular estadounidense. Pero el primer álbum que firma como ANOHNI es una transición entre Antony Hegarty y su persona actual, además de un alejamiento de sus primeras posibilidades vocales. En ANOHNI, más allá de una condición transexual, sucedió un cambio entre estéticas. En el ensamble Antony and The Johnsons la voz siempre mantuvo una impronta autoral, además de rasgos estilísticos que resultan ineludibles: Nueva York y la homosexualidad urbana; la música que buscó retratar lo que subyace bajo los barrios tranquilos y las viviendas normativas, a la manera de Lou Reed.

Resulta peculiar que ANOHNI ahora emita en primera persona el deseo por ser espiado y destruido. Incluso, en el corte “4 Degrees” celebra, aparentemente, el calentamiento global. Podríamos considerar que las canciones del álbum están pronunciadas desde el “yo” estético y personal de la artista. Aunque, en su totalidad, HOPELESSNESS habla sobre las ansiedades y ambivalencias que el capitalismo contemporáneo provoca en la identidad. Si bien las políticas de identidad comenzaban a ser esbozadas todavía bajo el nombre de Antony desde The Crying Light (2009), la contundencia de HOPELESSNESS se encuentra al margen del mensaje que se pueda encontrar en el trabajo lírico. La compositora anula su presencia de sujeto parlante: en el primer concierto de presentación del disco, cubrió su cuerpo mientras se proyectaban rostros de mujeres que “ejecutaban” las canciones. No se trató de un lypsinc sino de ocupar otros cuerpos.

A su vez, HOPELESSNESS no solo aborda las pulsiones más nocivas de nuestro contexto político. La voz se desentiende del cuerpo –limitante del transexual– y se vuelve móvil, ingresa en el flujo anónimo de la información y de los deseos, adquiriendo el recipiente del consumista rampante, del ciudadano que piensa que el gobierno sí proveerá seguridad, de aquél que siente nostalgia por un pasado más orgánico y simple, como se escucha en “Why Did You Separate Me From Earth?”, además del votante que descubre su propia ingenuidad democrática, como en el tema “Obama”:

Now the news is you are spying

Executing without trial

Betraying virtues

Scarring closed the sky

Punishing the whistle blowers

Those who tell the truth.

HOPELESSNESS, en sus diversos registros, no busca construir un mosaico optimista que aglutine “el espíritu de una generación”. Las enunciaciones que aparecen a lo largo del disco más bien dejan en claro su propio desgaste. Además, ANOHNI aborda esta tensión entre lo particular y lo general, entre los perfiles de las redes sociales y la guerra a distancia. Declara en la canción inicial:

Drone bomb me

Blow me from the mountains and into the sea

Blow me from the side of the mountain

Blow my head off

Explode my crystal guts

Lay my purple on the grass

Let me be the first

I’m not so innocent

Let me be the one, the one that you choose from above

After all, I’m partly to blame

Y más tarde, en el tema “Watch Me”, desde otra tónica, describe la vigilancia:

Watch me in my hotel room.

Watch my iris as I move from city to city.

Watch me watching pornography.

Watch my medical history.

I know you love me, ’cause you’re always watching me.

Estas consignas ¿ironizan la presencia casi teológica del gobierno y la tecnología o funcionan como un lamento distópico sobre la civilización? Por un lado, no podríamos decir que la obra de ANOHNI tenga intenciones humorísticas, mientras que la distopía implica una visualización del futuro, la traducción de preocupaciones actuales a terrenos que podrían llegar a suceder. Contrariamente a estas estrategias, HOPELESNESS se enmarca en el presente. Ni la tecnología ni el gobierno tienen las bondades prometidas y el activismo es un tanto risible ante las catástrofes irreversibles descritas por ANOHNI. Más que señalar la obviedad de que todos somos responsables de esta virulencia, la conclusión de HOPELESSNESS es que nosotros somos la corrosión. Bajo este panorama, “hacer algo al respecto”, posicionarse “yo como homosexual”, “yo como mujer”, “yo como ecologista”, seguir pensando que el sujeto parlante se acerca a la solución resulta una expresión más de la hipocresía y el narcisismo de la civilización contemporánea. Aunque la respuesta de ANOHNI ante esta circunstancia es más radical que el cinismo. En HOPELESSNESS se asume la imposibilidad de una voz líder y politizada –como lo fue, en su momento, Bob Dylan. Al contrario, la obra plantea como posible vía una suerte de ciudadanía móvil. Nos invita a no estar según los términos del posicionamiento político, sino a poner entre paréntesis las funciones de la identidad para pensar en otra clase de relaciones, menos unívocas, entre la humanidad y el planeta.