Artaud

Por un lado, los códigos de la canción de protesta latinoamericana: fórmulas que, si bien fueron relevantes, con el paso del tiempo terminan reducidas a los colores de una sola época. “Todas las voces, todas/ todas las manos, todas”, cantaban Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en Argentina, eran los ochenta, la trova aún le cantaba a ese posible colectivo latinoamericano que podía transformarse a través del panfleto que significó la canción popular (y en otras esferas, el que también se escribió desde cierta novela folclorista aparecida durante los años del Boom latinoamericano). Por otro lado, la convulsión desde la forma y de la imaginación: la música que pensó tiempos convulsos desde la imaginación y el experimentalismo.

1973: Mercedes Sosa sacaba “Traigo al pueblo en mi voz” ( también, el ya mencionado Pablo Milanés entregó “Versos sencillos de José Martí”). En Argentina, se ponía en marcha el Plan Cóndor, una acción impulsada por Estados Unidos y que buscó consolidar dictaduras militares en Latinoamérica. En ese mismo año, salía “Artaud” de Pescado Rabioso, una de las firmas del argentino Luis Alberto Spinetta.

Desmarcado de las ideas de la trova, de esa representación costumbrista de Latinoamérica, “Artaud” se propone hablar de la violencia a partir de distintos frentes. En un primer momento, la música. Spinetta no buscó retomar los matices del folclor argentino, produciendo un rock limpio, totalmente hispánico y no por ello menos arriesgado. “Artaud” también representó un manifiesto sobre el rock: tomando la figura del dramaturgo Antonin Artuad, el compositor teorizó en torno a los excesos que destruían a los músicos populares y cómo éstos se volvían partícipes de una violencia mucho mayor, una violencia sistémica. Finalmente, las letras. A lo largo de “Artaud” jamás se menciona Latinoamérica ni el “somos pueblo” enunciado en la “Canción con todos” con la que finalizaron Pablo y Silvio su concierto en Argentina. Spinetta construyó una poética que mezcló las artes visuales, las ideas de Artaud sobre el cuerpo y la locura, la mitología y la psicología que giraba alrededor de un momento convulso en la historia latinoamericana, pero que nunca buscó reproducirla. “Ensucien sus manos como siempre/ relojes se pudren en sus mentes”, se escucha en “Cantata de los puentes amarillos”. “Altas mareas del sol/ llenen sus bocas con él/ el idiota/ ya nada puedo hacer con él” dice “A Starosta, El Idiota”, uno de los temas centrales de “Artaud”.

A la manera de Juan José Saer, otro argentino, en su novela “Nadie nunca nada”; a la manera de Diego Maquieira en “La Tirana”, Luis Alberto Spinetta imaginó la dictadura, no la denunció. Operó desde los códigos del arte y no de la protesta. Silvio y Pablo se quedaron atrás y “Artuad” es un disco que mantiene resonancias para esta convulsión latinoamericana que no concluye.