Jajaja, tengo miedo

Cecilia Barja
Jul 27, 2017 · 3 min read

El hombre calvo y cincuentón pateó a un perro callejero. Él tenía una chompa demasiado roja y lo único que adornaba su cara, eran unos lentes. No había rastro de cabello, ni de piedad. Alguien grabó su abuso y lo circuló en Facebook. Cuando vi el video me asombró la violencia. No del calvo, sino de la multitud virtual que lo amenazaba con golpiza justiciera y una hilera de insultos sobre su fealdad. La multitud anónima y virtual, se convirtió en turba de miles y miles que pasó, de manifestar violencia contra el que ejerce violencia, a deleitarse con su propia imagen de dioses. Jajaja, qué miedo.

Tengo miedo a las distintas versiones de carcajada de chat: jajaja o jijiji. Cuando tus dedos lo escriben, tu lengua golpea el paladar y escuchas su eco en tu cabeza: ja ja ja. Cuando lo lees, solo es ruido estático, un canal con mala sintonía, un video trucho. En toda risa, suena el miedo dice Zygmunt Bauman.

Miedo a que se rían de ti; a que no rían contigo; a no reír suficiente; a reír con el paladar y no con el abdomen; reír para no opinar a favor o en contra. Reír, ja ja ja, para ser parte de la manada, del banco de peces, de la tribuna.

El problema del internet es que premia los extremos, dice Evan Williams, el fundador de Twitter, Blogger y Medium. “Si un carro choca, todos quieren ver el accidente y el trafico va hacia el accidente” [1]. Una cuarta parte de la población mundial usa redes sociales, que pasaron de fortalecer relaciones humanas y libertad de expresión, a crear “comunidades burbujas” que caen en dos procesos odiosos: o todos somos iguales y pensamos lo mismo (ja ja ja) o somos multitud anónima que insulta, amenaza, exalta (miedo).

Doxóforos, diría Platón, a aquellos cuyas palabras van más rápido que sus pensamientos. La ciudadanía virtual suele ser light, con mucha opinión y pocos argumentos. El diluvio de opiniones cae ante cada evento prosaico o histórico de la humanidad, en cada rincón del mundo: sí versus no, nosotros versus ellos, intervencionismo versus humanitarismo.

¿Cómo evitar la impunidad emocional de la multitud anónima en redes sociales? Se preguntaría hoy el etólogo Konrad Lorenz. ¿Cómo hacemos que cada opinión, argumento, emoticón o risa, no sea solo un clic o tecleado doxóforo? En el manifiesto de febrero de este año Zuckerberg propone crear comunidades globales basadas en la solidaridad, la inclusión y la participación local-física-presencial-institucional. Tal vez, el propio Bauman sugiere a Lorenz un atisbo de respuesta aún más fundamental sobre la impunidad emocional: ¨la risa hace tolerable al miedo, el miedo le pone límites a la risa¨.

Estoy feliz. Estoy aquí. Tengo hambre. Alguien pateo un perro. El tirano reprime al pueblo. El loco volvió a twittear. Jajaja, qué miedo. Y el eco de tres mil millones de personas es boca abierta que deglute y ríe y deglute y teme.

[1] STREITFELD, David. The Internet is Broken. New York Times. https://www.nytimes.com/2017/05/20/technology/evan-williams-medium-twitter-internet.html

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