Misceláneas #5

Celestineia
Aug 27 · 5 min read
Expats Newsletter The Daily Telegraph” by Céline Katze Massucco (CC BY-NC-ND 4.0)

1. Cara de orto

Hay un antes y un después en mi vida en relación a cómo manejo el enojo después de haber escuchado algo que me contó mi tío. No me acuerdo cómo es que empezamos a hablar sobre este tema ni por qué, pero me contó de un día que, después de una reunión de trabajo, su jefe lo llamó y le dijo (no recuerdo en qué contexto): “vos siempre acordate que el que se enoja pierde”.

Yo cuando escuché esto:

Fue de esas conversaciones que se escribieron con tinta indeleble y no se borran más. Muy simple el mensaje, pero efectivo. Me quedó resonando tanto en la cabeza que durante un tiempo, cada vez que me enojaba por algo cerraba los ojos y me autorepetía la frase.

Me sirvió mucho durante un tiempo muy largo, se la escribía a mis compañera de trabajo, la escribí en mi heladera con letras imantadas, se había convertido en algo que tenía mucho valor. Además mi tío es de esas personas que procesan las emociones de una forma muy diferente a mi, y siempre lo quise copiar… sin éxito, claro. Así que viniendo de él tenía mucha más fuerza.

Puedo ser muy efusiva, expresiva, quizás algo ruidosa, hablo mucho con las manos, me muevo. Se me hace muy difícil ocultar mis emociones.
Pero a mi tío no. Mi tío está enojado y te manda a freír churros con una paz interna que te congela los huesos. Mi tío está triste y en la cara se le nota muy poco.

Mi tío es casi como este meme:

Siempre admiré eso de él, hasta el punto de que a veces lo envidio un poquitito. Sobretodo porque parece que levanta una pared muy resistente entre lo que le pasa internamente y lo que exterioriza, lo que me lleva a pensar que tiene mucho control sobre sus emociones… cosa que a mi me cuesta horrores.

De todas las emociones que me cuesta controlar, el enojo y la frustración son las más rebeldes. Quizás la frustración se me hace más fácil de combatir, saco el escudo de la perseverancia combinada con otro par de cosas y no me tira abajo tan fácilmente, quizás me voltea, pero siempre me vuelvo a levantar.
Ahora el enojo me atrapa y no me deja ir. No solo eso, sino que además arruina todo lo que toco. Es venenoso.

¿Te dás cuenta porque el que se enoja pierde?

El viernes me fui a dormir enojada. Muy enojada. Por nada serio, por pavadas. Pero a la mañana siguiente me levanté con un gusto amargo.

Ahí me di cuenta que en algún momento me olvidé de aquella gran lección y pegué un post-it en la heladera con esa frase, para seguir la costumbre.

2. Asumiendo cosas sobre los expats

Quizás fueron las elecciones, casi seguro que si, pero esta semana el tema de emigrar, no emigrar, etc, estuvo re presente en twitter.
Este tweet de Florencia es muy real:

Quiero volver a escribir de nuevo acá porque es un tema que no me canso de debatir y pensar. No te sorprendas si en más de un newsletter vuelvo a hablar de esto.

Economía expat: Ay si, hablemos de esto primero que es medio un taboo. Como regla general, asumir cosas sobre la economía ajena es una práctica horrible, pero asumir cosas sobre la economía de alguien que gana en moneda extranjera, es peor.
A menos que conozcas los costos de vida de todos los países fuera de Argentina, luego lo cruces con el sueldo de tu hermana, amigo o prima lejana y su estilo de vida, no podés omitir opinión de nada. E incluso, si tuvieses todos esos datos, tampoco podés.
Mirá tu bolsillo, es más sano.
Por último, la plata no es todo.

Al expat le chupa un huevo su país. Mi consumo de noticias sobre Argentina aumentó desde que me fui. No te chupa un huevo, te preocupa el doble.
Tampoco vale decirle que no puede opinar sobre su país porque no vive más allá. Uff, me parece horrible decirle al otro sobre lo que sí puede y no puede hablar, pero más allá de eso, ok, no estaremos en el día a día y seguro todo cambia, pero no es desconocemos por completo el tema. Además, ¿no creen que el debate con alguien que lo vive desde afuera puede ser muy interesante?

El expat no la pasa mal. El expat debería viajar, disfrutar, está en Europa, o en EEUU o en la playa, no pasa nada. Esto es lo que más me molesta, asumir que el estado emocional de una persona que se va del país es igual al estado en el que estamos cuando nos vamos de vacaciones: relajados, sin preocupaciones.

Irse a vivir a otro país implica eso, vivir en otro país. Lidiar con problemas de trabajo, con impuestos, con cosas que se rompen en la casa, con vecinos, con extrañar a tus amigos y familia, con sentirse solo, aislado, con querer pedir una milanesa a la napolitana a las 10.30 de la noche y no poder porque eso no existe.

Lean sobre la depresión expat, no sabía existía hasta que me mude. Tampoco sabía que mudarse iba a ser difícil, pensé que iba a ser tan fácil como poner todo en una valija y olvidarse de todo lo que se deja atrás apenas te subís al avión. Pero no.
Todos vivimos situaciones difíciles en cualquier lugar del mundo, reconocer eso ya es mucho.

3. Desktop Limpio.
¿Hay algo tan hermoso como formatear una computadora e instalar y configurar todo de nuevo? Vale también para los teléfonos.
¿Hay algo tan calma-ansiedades como renombrar archivos en tu compu para que todos se ordenen como corresponde y sigan una única estructura?
No lo creo.
Ayer hice esto durante casi todo el día y fue mi equivalente a hacer yoga y meditar.


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Celestineia

Written by

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd

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