Misceláneas #6

Celestineia
Aug 27 · 7 min read
"Notification Icons" by Burnt Toast Creative (CC BY-NC-ND 4.0)

1. Anti

Esta semana una compañera de trabajo que renunció y me invitó a su despedida. Me preparé mentalmente para ir durante Lunes y Martes. Cuando llegó el día, el Miércoles, a las 6 de la tarde estaba lista para salir de la oficina y… Buen, no fui.

Me dio miedo ir y no saber con quién hablar, o hablar con alguien y que nadie entienda lo que digo, que me encuentren aburrida, poco interesante.

Desde que llegué a Holanda me cuesta socializar con gente fuera de la oficina. Y es lo que más prefiero, porque si no tengo la sensación de que estoy todo el tiempo trabajando o cerca del trabajo y me ahoga esa sensación.

A la vez, esto me llevó a pensar en otras cosas…

2. Me gusta estar sola

Trabajo con mucha gente alrededor del mundo con la que tengo que hablar constantemente. No es que soy diseñadora o desarrolladora y me puedo sentar a programar/diseñar y aislarme completamente de todos en la oficina por varias horas. Tengo que estar constantemente preguntando y revisando cosas, contestando preguntas, estar en reuniones, etc.

Entonces llega el fin de semana y en lo único que pienso es en todo el tiempo que tengo para estar sola: Leer, mirar la tele, jugar jueguitos, estar con mis gatos, escribir, etc.

Los momentos que tengo para mí misma son momentos de oro, los aprecio mucho y, en general, creo que no tengo suficientes.

A la vez, también me pasa que me pone mal querer estar sola, porque pienso que tengo algo roto y me debería gustar salir todos los fines de semana y que se yo.

Creo que vivo con esta contradicción porque gustar de estar sola/o está mal visto en general, pero es algo que hay que normalizar. Puede ser muy abrumador al principio, pero cuando cruzas esa barrera, vienen todas las cosas buenas, autoconocimiento, reflexión, nuevas ideas, etc.

3. ¿A vos te pasa igual?

Esta semana también estuve pensando que me reconforta mucho el hecho de saber que todas las cosas que me pasan y me hacen sentir mal, también le pasan a otros. De hecho lo hablé un poco con Sebastián a raíz de la despedida de mi compañera y me quedé maquinando sobre esto.

No me alegra que otros sufran las mismas cosas que yo, claro. Me alegra saber que no soy la única y que el malestar es compartido. Tengo la teoría de que cuando se comparten estos males, no solo duelen menos si no también se les quita peso.

Como a veces creemos que las cosas nos pasan a nosotros solos, las hacemos más grandes de lo que son, pero darse cuenta que otros también sienten como nosotros hace que las cosas se hagan más chiquititas y por ende menos pesadas. También cuenta para nuestros gustos y costumbres más raras.

Una vez vi un cómic sobre esto… no lo guardé y nunca lo pude volver a encontrar.

4. Toda la gente sin redes sociales

Puedo estar mucho tiempo hablando de cómo es que las redes sociales arruinaron internet y nuestra salud mental en general. Creo que antes internet era un mundo más colaborativo y para curiosos, quizás con el mismo nivel de trolls, pero creo que se sentía menos. Después llegaron las redes sociales, Facebook, Twitter, Instagram, y si bien nos ayudaron a conectar con mucha gente, me parece que con eso vino un nivel de competencia y superficialidad que realmente detesto.

No sé si es casual, pero desde que me mudé a Holanda uso muchísimo menos las redes sociales. Me cuesta mucho postear cosas en Instagram y mi nivel de tweets diarios bajó un montón. Pero en algún punto siento que me estoy perdiendo de algo constantemente (hola FoMo). Todavía no sé si me importa perderme eso importante o no. Hay días en los que pienso que es mejor que me lo pierda, querer estar al tanto de todo en una época donde sobra información de muchas cosas, se me hace muy abrumador.

Conectado a esto, esta toda la gente que habla sobre la adicción al celular, Axel escribió una nota; en el libro La Fábrica de Tiempo de Martina Rua y Pablo Fernández; los entrevistados del final, hablan que lo que más les cuesta es despegarse del celular. También hay millones de apps para reducir el uso del mismo. Ayer volví a instalarme Moment. Realmente me asombra cómo es que nos hicimos adictos a esto y ni nos dimos cuenta, no sé decir cuándo pasó y eso me parece una brujería tecnológica.

Me pongo a pensar muchas veces cómo es la vida de gente que no tiene contacto con redes sociales, que no sabe lo que es un influencer o una historia en Instagram. ¿Viven más tranquilos? ¿Son más productivos? ¿Duermen mejor? ¿Tienen más o menos crisis existenciales? ¿Se aburren más o menos?

5. Todos los famosos

Al mismo tiempo, pienso en cómo es la vida de los influencers. Me puedo imaginar que está re bueno que te manden cosas gratis, te inviten a todos lados, la gente te reconozcan en la calle, pero me parece que esa es solo la capa divertida.

Me pregunto si muchas veces sienten el peso de todo esto y les cae todo junto, quizás es porque intento ponerme en ese lugar y siento que me caería a pedazos.

Siempre vi famosos o influencers como una par de personas más, no entiendo bien que tienen de especial, es más, casi que me irrita que todo el tiempo veamos su lado más feliz y tengan ciertos privilegios: con invitaciones a todos lados, siempre impecables, siempre con lo mejor. A veces cuando estoy aburrida de su perfección me los imagino tirándose pedos, comiéndose los mocos, vomitando porque comieron algo podrido, llorando porque se pelearon con sus parejas, llorando porque no tienen pareja y se sientes solos.
Pocas cosas me causan tanta gracia y tranquilidad a la vez, como imaginarme a Beyoncé tirándose pedos, o imaginarme que Kim Kardashian se saca los mocos con las uñas postizas y después se los come.

Es por eso que casi no me gusta seguir famosos/influencer en redes sociales y solo consumo el contenido que generan (en youtube, en películas, en canciones). Los que sigo intento que sean lo más común posible. Y con común me refiero a que dejan ver que no están hechos de likes…

6. Ser común

Siempre quise una vida extraordinaria, vivir aventuras, morirme sabiendo que puedo mirar para atrás y decir “wow, hice todo esto“.

En una época el “wow hice todo esto“, lo relacionaba con hacer cosas grandes que tengan mucha repercusión: escribir el mejor blog y tener muchas visitas, tener una mega idea y que la vea todo el mundo, dar charlas sobre mi blog y mis ideas. Y siempre vi a quienes hacen esto con un poquitito de admiración y quizás algo de envidia sana.

Hasta que en algún momento eso cambió y empecé a relacionar mi “wow hice todo esto“ con cosas más comunes y cotidianas, que quizás no tienen gran impacto en el mundo exterior, pero sí tienen impacto en mi propio mundo interior. Por ejemplo, aprender a andar en bicicleta y hacer 50 kilómetros hasta Ámsterdam, para mi es extraordinario, entra perfecto en mi caja de “wows“.

Hay una magia escondida en no aspirar a tenerlo todo que últimamente me atrapa. Hoy parece que todos tenemos que ser famosos, perfectos, un 110 en todo, o si no, fallamos o estamos rotos. Además de que esto genera una presión insoportable, creo que también le quita la magia a muchas cosas, porque si todos somos especiales, entonces nadie es especial, y no ser especial está bien.
Quizás vivimos tan preocupados por ser los mejores, por tener atención y resaltar, que en el camino nos olvidamos que lo común muchas veces esconde algo genial y extraordinario, sólo hay que aprender a apreciar un poco más las cosas de todos los días.

Disparadores

Me di cuenta que muchas de las cosas que escribí y pensé esta semana, fueron disparadas o complementadas por diferentes lecturas, podcasts, etc.

En vez de linkearlas por separado, creo que sería mejor si las linkeo todas acá abajo:

THE PHONE CASE MODELS USE TO SUBVERT INSTAGRAM
The Verge publicó un artículo sobre unas fundas para celulares con mensajes que advierten los problemas que traen las redes sociales. Casualmente estas fundas cobraron visibilidad gracias a los posteos de muchos influencers.
Mi quote favorita de esta nota: “Our social media appearance is not our real personality.”

WHY DO PEOPLE CARE ABOUT BEING VERIFIED?
El último episodio del podcast de The Verge “Why’d you push that button?” sobre cultura de internet, me pareció fantástico porque hablan de por qué estamos tan obsesionados con la verificación en Twitter/Instagram.

Además me hizo conocer al artista Joseph Grazi y su movimiento anti-influencers.

IN DEFENSE OF BEING AVERAGE
Escrito por Mark Manson, el autor de uno de los mejores libros que leí este año “The Subtle Art of Not Giving a F*ck”, en donde defiende la idea de que ser común está bien, que no todos vamos a ser extraordinarios y que eso no tiene nada de malo. Al contrario, tenemos que apreciar más las cosas comunes, porque quizás son las cosas que importan.

“You will have a growing appreciation for life’s basic experiences. You will learn to measure yourself through a new, healthier means: the pleasures of simple friendship, creating something, helping a person in need, reading a good book, laughing with someone you care about.”


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Celestineia

Written by

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd

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