Misceláneas #8

Celestineia
Sep 8 · 6 min read

1. ¿Quién quiere saberlo todo?

Esta semana estuve escuchando mucho Idea Millonaria, el podcast de Valentín y Axel. En el último episodio “El robo del siglo”, Valentín cuenta que estuvo reunido con Rafael Yuste, un científico español.

No voy a spoilear todo el episodio, pero a raíz de la reunión de Valentín, en un momento hablan de conectar tu cerebro a Google y/o a Wikipedia y desde entonces no pude dejar de pensar en otra cosa.

Lo mismo me pasó cuando se estrenó la peli “Transcendence”, que se mete un poco con el tema de subir tu consciencia a -vamos a decir la nube- para que sigas vivo, de alguna forma, luego de que tu cuerpo muera. Es malísima la peli.

Confieso que me gustaría ser una persona inteligente, muy inteligente. Y para mi la inteligencia está asociada con saber mucho sobre muchos temas (y yo no sé nada). No sé si es tan así en realidad, ya que hay muchos tipos de inteligencia, pero se me plantó esta definición en la cabeza y es algo que me cuesta mucho cambiar.

La cuestión es que estuve toda la semana pensando en cómo sería tener un chip insertado en el cerebro que me permita estar conectada a Google todo el tiempo, ¿me convertiría en una extensión de Google?

Si lo pienso muy rápido, esta idea se me hace muy atractiva. Pienso que me voy a convertir en un ratón de Internet. Cada vez que hay algo que no sé, con tan solo pensar en eso, voy a poder googlearlo y digerir una cantidad de información en cuestión de segundos. Wow, genial.

Lo pienso un poco más en detalle y me voy dando cuenta que esto sería de esas cosas increíbles que, a largo plazo, me harían extremadamente infeliz.
Estar en una discusión conmigo sobre algún tema en particular, se tornaría increíblemente insoportable. Digamos que estamos en el almuerzo del trabajo discutiendo sobre Chernobyl y alguien tira un dato incorrecto, inmediatamente ya me imagino corrigiendo a esa persona, diciéndole algo como “uhm, no, lo que paso fue bla bla bla bla *recita un artículo entero de Wikipedia*.
Todas mis interacciones serían muy parecidas imagino, porque al fin y al cabo, lo sabría todo y no pienso dejar que alguien vaya recitando información incorrecta por la vida. En resumen, sería insoportablemente arrogante.

No imaginemos el escenario en donde discuto con otra persona que tiene el mismo chip, no se si sería super aburrido, extremadamente molesto, o una combinación de ambas, porque si estamos discutiendo sobe Chernobyl, vamos a llegar al mismo artículo en Wikipedia y vamos a concluir lo mismo, sin espacio para preguntas o objeciones de nada.

Me hago algunas preguntas fundamentales:
¿En Google o, mejor dicho, en Internet está todo? Me gusta mucho Internet porque tengo esa idea de que es un océano de conocimiento colectivo, en el que puedo nadar por horas e ir saltando de cosa en cosa, aprender algo nuevo, confirmar cosas que ya sabía, corregir conceptos erronéos, y todo esto considerando que solamente puedo recorrer el 1% de todas esas aguas en toda mi vida… pero ¿hay algo que no esté en internet? Esta idea me emociona por el sólo hecho de que es una pregunta que jamás voy a poder contestar. Mi conocimiento, sobre las cosas que sé un montón y sobre las que casi no se nada, es tan limitado, que sirve como motivador para querer saber más y seguir explorando…

Pero si tuviese acceso a todo el océano ¿entonces qué? Creo que sería muy miserable porque moriría de aburrimiento. Pero no sólo eso… creo que me volvería menos humana.

Volviendo a la pregunta que hice, ¿hay algo que no esté en internet? Sí, las cosas que no están en internet están relacionadas a la inteligencia emocional y la interacción entre humanos. Seguro, en Reddit hay muchos consejos sobre cómo cambiar de carrera, consejos para problemas con nuestras parejas. En Twitter se lee mucho sobre el concepto de responsabilidad afectiva, ghosting, etc. Pero todo esas cosas están basadas en experiencias humanas, que son increíblemente difíciles de traducir en recetas o guías para tratar con gente.
Hay muchas recetas sobre cómo hacer budín de banana en internet, con alguna que otra variación si las seguís al pie de la letra, probablemente disfrutes de una buena merienda, pero no hay recetas para curar el corazón roto, para superar el dolor de la muerte de un hijo, un padre, un abuelo, una mascota. Consejos e ideas que le funcionaron a otros, definitivamente no garantizan que sea funcionales para vos.

Casi como un acto reflejo, hoy no sabemos algo y lo googleamos, desde cómo cambiar una lamparita rota, hasta consejos para llevar un matrimonio feliz, y en general, nos volvimos tan eficientes en el juego de googlear cosas, que hasta casi casi que ya sabemos distinguir entre información falsa e información verdadera.

Me atrevo a decir que quizás las cosas más emocionales, no sólo son más difíciles de googlear, si no que encontrar una respuesta definitiva que sirva es muy difícil. No hay guías para saber cuándo y en qué momento hay que darle un beso a la persona que te gusta.

Si tuviese a Google en la cabeza, el acceso a tanta información me generaría la falsa idea de que este cerebro colectivo no puede estar equivocado y es una fuente inagotable de información para resolver cualquier problema, excepto para saber qué hacer cuando mi problema no tiene una solución googleable.
🤯

2. ¿Cuántos corazones tenés?

No estaba en mis planes escribir sobre esto, pero es que me parece fascinante. Me crucé con una nota sobre la cuasi-desesperación de los influencers en aquellos países en donde Instagram ya no muestra el número de likes.

“A Canadian influencer known for matching family outfits, said it’s been a “bummer” to post a picture and not be flooded with the droves of likes and comments she’s used to receiving. It’s affected how she’s able to evaluate her audience’s interest in a post, which she uses to figure out what content she should keep posting or move away from.”

Lo interesante es ver cómo el número de likes definen el contenido de una cuenta… de una persona.

Voy a repetirlo: De una persona. Porque lo entiendo de una corporación o marca, pero de una persona, no.

A mi siempre me pareció al revés, una persona postea cosas que le gustan y, si a mi también me gustan, la sigo, entonces entiendo que no todo siempre va a ser genial y no todo siempre me va a gustar… pero realmente no entiendo por qué alguien dejaría de postear algo solo porque a su audiencia no le gusta.

“She’s found it a harder to put as much effort into the content when she can’t get a good idea of what her fans even want.”

Es obvio que digo esto porque no gano ni un centavo con mis redes sociales, probablemente si para mi fuese un trabajo, mi visión sería muy diferente…

Pero quizás esto define una era en donde el contenido empieza a valorarse desde otra óptica, en vez de dejarse definir por la cantidad de corazoncitos que tiene.

Instead of likes, influencer marketers say they care more about “authenticity.”

Ah, una pregunta muy importante: ¿cómo sería la vida de un influencer conectado a Google?


Disparadores

Me di cuenta que muchas de las cosas que escribí y pensé esta semana, fueron disparadas o complementadas por diferentes lecturas, podcasts, etc.
En vez de linkearlas por separado, creo que sería mejor si las linkeo acá abajo:

El ROBO DEL SIGLO
El anteúltimo episodio de Idea Millonaria, el podcast de Axel y Valentín.
Todos los episodios son buenos, así que si arrancan por es este, recomiendo que se escuchen de un tirón todo el resto de las temporadas.

INFLUENCERS ARE FIGHTING FOR ATTENTION AS INSTAGRAM TESTS REMOVING LIKES FROM ITS PLATFORM: ‘THERE’S NO AUDIENCE APPLAUSE AT THE END OF A PERFORMANCE’
La nota de Business Insider sobre el miedo al fin del número de likes.


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Celestineia

Written by

Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd

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