Misceláneas #9

Celestineia
Sep 15 · 8 min read

1. Pollo rabioso.

Ayer a la tarde fui a comprar unas cosas al diminuto centro de mi amado Hilversum, la ciudad donde vivo acá en Holanda.
Eran como las 4 de la tarde y no había almorzado, así que le pregunté a mi novio si quería ir a comer nuestro sandwich de pollo favorito. En menos de 5 minutos estaba sentada en el café, esperando que nos trajeran la comida mientras tomaba un jugo de naranja.

Estábamos hablando de cualquier cosa, cuando mi novio se pone blanco como las hojas de las impresoras y se lleva una mano a la boca, horrorizado. Le pregunto qué pasa y no me contesta, solo me dice, pará.

Me doy vuelta instantáneamente. Atrás nuestro estaba la cocina del lugar, no veo nada.

Vuelvo a mirarlo, sigue petrificado. No entiendo nada.

Veo que las dos chicas que están en la caja también miran para la cocina, una deja todo lo que está haciendo y va trotando para allá.

Miro de nuevo a mi novio y le pregunto otra vez qué está pasando, y me dice, entre dientes, haciendo un esfuerzo por no desvanecerse, “se cortó”.

Me doy vuelta otra vez. Ahora veo a un pibe con un delantal blanco y a otro más alto, vestido de negro. El pibe de blanco está inquieto. El pibe de negro se mueve incómodo y ahí es cuando le veo toda la mano roja.

Otra vez lo miro a mi novio con cara de “bueh, se cortó la mano, tampoco es que se quedó sin dedos”. De hecho, quiero decirle que no es para tanto, pero en cuanto empiezo a hablar me interrumpe y me dice “hay mucha sangre en todos lados”. Desde donde estoy yo no se ve nada, lo miro algo incrédula y me pregunto si así se sienten los padres cuando de chiquitos nosotros exagerábamos el dolor de panza.
La chica que había ido a la cocina, asumo para asistir al herido, sale de ahí con el pibe agarrado de un brazo y salen del local.

Mi novio sigue mirando hacia la cocina con las manos en la boca y realmente no entiendo por qué carajo está haciendo tanto escándalo por alguien que se cortó la mano. Me mira y suelta unas palabras un poco torpes que tardo en entender: “estoy chequeando que no preparen nuestra comida con el mismo cuchillo del accidente”.
Me parece tan asqueroso y ridículo pensar que alguien haría algo así, que me cuesta seguirle la corriente. Revoleo los ojos y solamente digo ok. Vuelvo a tomar mi juguito y a prestarle atención al teléfono.

Pasaron dos o tres minutos y mi novio sigue mirando hacia la cocina, parece un gato que está a punto de cazar un ratón, concentración impenetrable.
Le pregunto si quiere irse, a esta altura ya perdí el interés en el sandwich. No me contesta, no sabe qué responder.

Un minuto más tarde, me dice, “vamos al otro lugar que te gusta, pago yo, no me importa”. Está más alterado que antes, ¿quién se cortó la mano ahora? Me pregunto. Y me responde, “usó la tabla manchada, sólo que la dió vuelta, nos vamos”.
Le digo que no puede ser, “celeste, hay sangre por todos lados, nos vamos, nos vamos”, me dice, a punto de caerse al piso del asco.

“Ni vamos a pedir que nos devuelvan la plata?”, yo siempre pensando en los detalles importantes. “No, nos vamos, no me importa la plata”.

Agarramos nuestras cosas y casi que corrimos hacia el otro lugar, donde pedí una tarta de manzana con un café, claramente no quiero saber nada con ningún sandwich por lo que queda del día. Mientras estamos caminando le digo que nunca más vamos a volver ahí y que arruinaron nuestro sandwich de pollo preferido.

Me da un poco de pena, no me gusta que me arruinen cosas, no me gusta perder. También me pregunto si esto sería el comienzo de una buena peli de terror. ¿Habrá pasado algo más en la cocina que nosotros no vimos? Mejor dicho, ¿habrá pasado algo más que yo no llegué a ver?

2. No es tan difícil.

A la noche fui al cine sola a ver Hustlers. Qué diosa que es J-Lo, quiero que sea mi mamá o mi tía o que estemos relacionadas de alguna forma.

No había asientos que me gusten, así que elegí un asiento en la fila VIP (2 filas de asientos más cómodos y acolchonaditos). La entrada me quedaba en 2.50 Euros porque estoy asociada al cine y pago una suscripción mensual, de lo contrario me iba a salir 5 Euros, no era negocio.

Pasé el chequeo del ticket y fui a comprarme un café y unos M&M’s.
Si, ahora me acostumbré a tomar café cada vez que voy al cine, no pido más Coca-Cola zero porque después me dan muchas ganas de hacer pis en el medio de la peli y tengo que dividir mi concentración en aguantarme las ganas de ir al baño y ver la peli. La gente que se levanta en el medio de una película cuando va al cine me parece algo rara. Prefiero mearme encima antes de perderme 5 minutos de película. Por suerte estoy re bien entrenada, y siempre aguanté bien.

Entro feliz a la sala del cine con mi café y mis golosinas, cuando ya lo veo desde lejos: hay alguien sentado en mi asiento.

Ya de movida pedirle a alguien que lea bien lo que compró, me molesta, pero hacerlo en inglés a alguien que solamente habla holandés, me molesta aún más.

Pongo mi mejor cara de niña buena y le digo a la mujer que estaba sentada en mi asiento, que por favor se mueva pues me tengo que sentar. Y ahí se desataron los 5 minutos más ridículos que viví en un cine.

La señora no me entendía y me miraba con cara de no sé de qué me estás hablando, ¿acaso eres de otro planeta?. En un momento saca el celular y mira la entrada “FILA 5, ASIENTO 5” (yo tenía el asiento 6). La miro y le señalo que está en el asiento 6. No me cree.

Había alguien en el asiento 7, un tipo con su pareja, quien interrumpe en inglés y me pregunta qué asiento tengo. “FILA 5, ASIENTO 6”, le respondo.

El tipo le dice algo a la mujer, y la mujer le dice algo a su hija que estaba sentada al lado de ella, y la hija le dice algo al padre. Se mueven todos un asiento hacia la derecha para hacer lugar y me siento.

Pongo mi café en apoyabrazos y el tipo del asiento 7 me dice con el dedito, “no no, es del otro… ah no, está bien”. Y dejo mi café dónde estaba…

Pensé que habíamos resuelto el malentendido de las ubicaciones, pero se levantó el padre y me miró, y lo miró al tipo del asiento 7, y se empezó a quejar, en holandés claro.

Me señala a mi, la señala a la señora, la señora empieza a señalar los asientos… y la novia del tipo del asiento 7 se para, y empieza a contar los asientos: 12, 11, 10, 9, 8 (se señala a ella misma), 7 (lo señala al novio), 6 (me señala a mi), 5 (señala a la señora).
El padre se sienta.

La señora dice NEE (no en holandés) y empieza a contar de nuevo, pero desde su lado. 1, 2, 3, 4 (el padre), 5 (la hija), 6 (la señora).

El holandés no es un lenguaje muy ameno de escuchar, es todo tan con Hs, Rs y Gs, que se me hace muy difícil darme cuenta cuándo un holandés está enojado y cuando no, porque a menos que griten, no hay diferencia en la entonación de las palabras, ¿me explico? A mi me da la impresión de que suenan algo enojados casi todo el tiempo. Además, les gusta discutir.

Entonces claro, estaba en el medio de esta gente contando asientos en una lengua que no entiendo y en algún momento empecé a preocuparme un poco, ¿quién discute tanto por un asiento de mierda?
Quizás estaban planeando asesinarme a la salida porque me senté en el medio de la familia y la pareja y quizás forman parte de la misma sociedad secreta y esto era parte de un ritual que estaba interrumpiendo, no sé.
Así que le pregunté al tipo que hablaba inglés si realmente estaba sentada en el asiento correcto (qué pelotuda que soy igual, si yo ya sabía que estaba en mi lugar, para qué dudo), y me responde: yo creo que sí, pero ellos creen que no.

Hay stickers en los asientos indicándote cuál es el número del mismo, no hay lugar para creer nada, sólo hay que saber leer.

La pareja en un momento perdió la fe y dejó de intentar hacerle entender a la señora que estaba contando mal los asientos, así que la señora empezó a hablar con la hija. Algo le hizo click en la cabeza, porque después de 5 minutos de contar asientos una y otra vez, la señora le dijo algo al tipo y se rió. El tipo ni bola. Las luces se apagaron y empezó la peli.

Por unos minutos dejé de prestarle atención a los trailers y me entretuve pensando si toda esta discusión sin sentido estaba relacionada de alguna forma con el accidente del cocinero y sandwich de pollo.

Creo que de chica miré mucho Eriee Indiana y desde ese momento no puedo dejar de pensar que todo lugar es un poco extraño.


Hace unos años atrás, cuando vivía en Buenos Aires, me acuerdo que hubo una época en la que, casi todos los días, me pasaban cosas raras. Me cruzaba con algún loco en el colectivo, veía una situación algo extraña volviendo del trabajo.
No recuerdo particularmente cada situación, pero sí recuerdo que esas cosas me pasaban porque, o las contaba en twitter o las hablaba con mi mamá y mi hermana.
Mi mamá siempre me devolvía la misma respuesta: “ay hija, a vos te pasa todo lo raro, tenés un imán”.
Era algo que me emocionaba, me daban motivos para salir a la calle, “uy a ver qué me va a pasar hoy”, era la pregunta más motivadora para salir de la cama. Me sentía como una exploradora y cazadora de cosas raras, quizás para los otros no eran gran cosa, pero eso a quién le importa. Las definiciones de qué es raro y qué no, son mías.

En los últimos años que estuve en Buenos Aires y en el tiempo que estuve acá en Holanda, sentí que había perdido ese imán. Todo lo que me pasaba era igual, digno del día de la marmota, cosas que se repiten una y otra vez.
Me empecé a preguntar si es que perdí el imán o directamente dejé de darle bola y ya no lo saco más a pasear conmigo. Quizás ya no estoy tan atenta y salgo a explorar el mundo en busca de cosas raras. Eso, no estoy tan atenta.
Es claro que no necesito mucho para armarme una historia extraordinaria en mi cabeza y amo las historias, si son raras, mejor. Quizás este fin de semana afile la mirada.


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Celestineia

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Project manager 👩🏻‍💻 • Internet kid • Feminist • Made in Ushuaia, living in The Netherlands • Escribo un newsletter sobre misceláneas http://bit.ly/2SICqcd

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